China acelera plantas de carbón incluso con avances en energía renovable. Entiende cómo la demanda eléctrica redefinió la transición y la seguridad energética
Después de invertir más de una década en energía renovable, China volvió a ampliar el uso del carbón en solo un año, revelando cómo la explosión de la demanda eléctrica y de la industria cambió el rumbo de la mayor transición energética del planeta.
Datos oficiales del Departamento Nacional de Estadísticas de China muestran que, entre enero y mayo de 2026, la generación de electricidad a partir de carbón y gas aumentó un 3,4% en comparación con el año anterior, alcanzando 2,53 billones de kWh.
Según el portal Xataka Brasil el 14 de julio de 2026, este giro repentino se debe a factores climáticos severos, tensiones logísticas globales y la activación de nuevas plantas de carbón, puestas en marcha para garantizar la seguridad energética nacional frente al consumo industrial.
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El impacto del crecimiento industrial en la transición energética de China
Aunque Pekín lidera la expansión de fuentes limpias y ha superado la meta de 1.200 GW de capacidad eólica y solar con años de anticipación, los límites de la red de transmisión y la intermitencia del clima expusieron la dependencia de fuentes térmicas. Consultorías como S&P Global Energy y Wood Mackenzie estiman que la generación termoeléctrica creció entre un 1,5% y un 2% en el período. Este retroceso temporal enciende una alerta internacional, ya que el país es el mayor emisor de dióxido de carbono del mundo y sus decisiones impactan directamente el cumplimiento del Acuerdo de París.
El reciente avance del consumo de combustibles fósiles en China enciende debates prácticos sobre los desafíos de una matriz limpia. Históricamente, las inversiones masivas en energía renovable venían reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles, que llegó a representar el 51,4% de la matriz eléctrica en 2025 según el think tank Agora Energiewende. Este declive fue facilitado por una desaceleración en el ritmo de crecimiento de la demanda de electricidad, que cayó del 7% en 2024 al 5% en 2025.
Sin embargo, la rápida reanudación del uso intensivo de termoeléctricas en 2026 rompió esta tendencia a la baja. Estimaciones de la consultora Kpler muestran que el consumo de carbón por el sector eléctrico aumentó cerca de un 3%, alcanzando la impresionante marca de 2,7 mil millones de toneladas. Este comportamiento muestra que, a pesar del fuerte alineamiento con la agenda verde global, la prioridad del gobierno chino sigue siendo evitar apagones que paralicen sus industrias y la cadena logística regional.
Clima, crisis de gasoductos y la búsqueda de seguridad energética
La explicación para la activación de emergencia de plantas térmicas involucra una combinación de factores climáticos extremos e inestabilidades en la geopolítica internacional. Tres eventos principales presionaron el sistema eléctrico nacional de forma simultánea:
- Sequías provocadas por El Niño: El fenómeno redujo drásticamente las lluvias en el suroeste del país, vaciando reservorios de grandes plantas hidroeléctricas y limitando su operación.
- Logística de gas comprometida: Tensiones en el Estrecho de Ormuz encarecieron y dificultaron el acceso al gas natural licuado (GNL), forzando el uso de alternativas internas.
- Vientos débiles en Asia: Según datos de la CREA, el país enfrentó el peor desempeño de generación eólica en una década, limitando la entrega de los nuevos parques instalados.
Para evitar colapsos en las provincias industriales, China activó su reserva de combustibles sólidos y aprovechó acuerdos comerciales preexistentes con Rusia. Con esto, el país aseguró su seguridad energética en un momento en que la generación de electricidad limpia no logró seguir el ritmo de expansión de las industrias locales.
¿Por qué la expansión de plantas de carbón desafía las metas globales?
El comportamiento del sector energético chino genera repercusiones profundas en el escenario ambiental. De acuerdo con la organización Carbon Brief, India y China solas responden por más del 90% del aumento de las emisiones globales de contaminantes registradas entre los años de 2015 y 2024.
Esta reciente oscilación al alza en el uso de combustibles fósiles amenaza el cumplimiento de la promesa de Pekín de alcanzar el pico de sus emisiones de dióxido de carbono antes de 2030. Si las nuevas térmicas continúan quemando carbón mineral a capacidad máxima, la desaceleración del calentamiento global se verá perjudicada, exigiendo recortes aún más severos de emisiones de otras naciones para compensar las toneladas liberadas por la industria asiática.
Ventajas institucionales y barreras para la energía renovable
Además de las anomalías climáticas, barreras estructurales explican el resurgimiento de los combustibles tradicionales. De acuerdo con análisis realizados por la especialista Qi Qin, que trabaja en el Center for Research on Energy and Clean Air (CREA), la construcción acelerada de nuevas térmicas a partir de 2024 generó una competencia interna desfavorable para las fuentes alternativas.
La analista explica que estas nuevas plantas operan bajo acuerdos comerciales rígidos de mediano y largo plazo, que garantizan cuotas mínimas de compra de electricidad por parte del gobierno. Este modelo de negocio crea una barrera de mercado:
- Prioridad de inyección en la red: Las plantas térmicas operan continuamente para cumplir con los contratos de suministro mínimo estipulados por ley.
- Desperdicio de energía limpia: Parques eólicos y solares terminan teniendo su generación desperdiciada cuando la red de transmisión se sobrecarga, por no poseer las mismas garantías políticas que las termoeléctricas.
- Sobrecarga tributaria: El aumento de impuestos especiales sobre nuevas instalaciones de matrices limpias desalentó al mercado privado a mantener el fuerte ritmo de inversiones visto en el año 2025.
Los caminos para equilibrar la matriz eléctrica china en el futuro
El aumento de consumo registrado no representa un abandono definitivo de las políticas ecológicas del país, sino un plan de contingencia para crisis simultáneas. La infraestructura verde instalada en el territorio chino sigue siendo la mayor y más robusta del planeta, habiendo superado la capacidad instalada de fuentes fósiles aún a mediados de 2023. El retorno temporal del carbón sirve como una alerta práctica de que la sustitución de combustibles fósiles es un proceso de adaptación a largo plazo.
Para mantener el liderazgo en la descarbonización sin comprometer su producción industrial, los esfuerzos regulatorios del país ahora necesitan enfocarse más allá de la simple instalación de paneles fotovoltaicos y turbinas eólicas. El verdadero desafío hacia la neutralidad de emisiones consistirá en modernizar la red de distribución, invertir en sistemas de almacenamiento en baterías de gran escala y flexibilizar las reglas del mercado eléctrico, reduciendo las ventajas contractuales que las térmicas convencionales aún poseen.

