El permafrost del Ártico almacena más carbono que la atmósfera y ya se ha convertido en fuente de gases de efecto invernadero, creando un ciclo de calentamiento difícil de detener.
En octubre de 2024, análisis divulgados por la NASA, basados en estudios internacionales que incluyen investigadores de la Universidad de Estocolmo, confirmaron un cambio crítico en el equilibrio climático del planeta: el permafrost del Ártico está dejando de actuar como reservorio de carbono y ya comienza a funcionar como fuente líquida de gases de efecto invernadero. El dato central que sostiene esta preocupación es la escala del carbono almacenado. Estimaciones científicas indican que el permafrost contiene alrededor de 1,4 a 1,6 billones de toneladas de carbono, más del doble del carbono presente actualmente en la atmósfera terrestre.
Este carbono ha estado congelado durante miles de años en suelos ricos en materia orgánica. Sin embargo, con el aumento de las temperaturas, este “cofre climático” está comenzando a abrirse, liberando dióxido de carbono (CO₂) y metano (CH₄), dos de los principales gases responsables del calentamiento global.
Qué es el permafrost y por qué funciona como una “bomba de carbono congelada”
El permafrost se define como suelo que permanece congelado durante al menos dos años consecutivos, pero en la práctica puede permanecer congelado durante miles o incluso cientos de miles de años.
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A lo largo de ese tiempo, plantas, animales y materia orgánica se han acumulado en estas capas congeladas sin descomponerse completamente. Esto creó un gigantesco stock de carbono que permaneció estable mientras las temperaturas se mantenían bajas.
El problema comienza cuando el hielo se derrite. Al descongelarse, microorganismos comienzan a descomponer esta materia orgánica, liberando gases en la atmósfera. Dependiendo de las condiciones del suelo, el carbono puede ser liberado como:
- Dióxido de carbono, en ambientes con oxígeno
- Metano, en ambientes sin oxígeno
Y es precisamente el metano lo que hace que el escenario sea aún más preocupante.
Metano liberado por el Ártico intensifica el calentamiento en un ciclo de retroalimentación
El metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO₂ a corto plazo. Estudios indican que puede ser decenas de veces más eficaz en retener calor en la atmósfera, acelerando el calentamiento global.
Esto crea un fenómeno conocido como retroalimentación climática positiva, donde:
- El calentamiento global derrite el permafrost
- El permafrost libera gases
- Estos gases aumentan aún más la temperatura
- El ciclo se intensifica continuamente
Este mecanismo transforma el permafrost en un sistema que se autoacelera, haciendo que el control del calentamiento global sea aún más difícil.
Regiones del Ártico ya emitiendo más carbono de lo que absorben
Estudios recientes publicados en revistas científicas como Nature Climate Change demuestran que esta transformación ya no es teórica.
Investigaciones indican que más del 30% de las áreas del Ártico ya se han convertido en fuentes líquidas de carbono, pudiendo llegar a 40% cuando se incluyen las emisiones de incendios forestales.
Esto representa una inversión histórica. Durante miles de años, estas regiones actuaron como sumideros de carbono, ayudando a estabilizar el clima global. Ahora, estas mismas áreas están contribuyendo al aumento de las emisiones.
Además, el Ártico se está calentando entre dos y cuatro veces más rápido que la media global, lo que acelera aún más este proceso.
Crateras en Siberia y liberación de metano refuerzan señales físicas del fenómeno
Uno de los signos más visibles de este proceso ocurre en Siberia, donde han comenzado a surgir enormes cráteres en los últimos años. Estas formaciones están asociadas a la liberación de metano acumulado bajo el permafrost, que puede generar suficiente presión para provocar explosiones en el suelo congelado.
Además de los cráteres, los científicos también han documentado la formación de lagos y áreas inundadas donde el metano escapa directamente a la atmósfera, a menudo en forma de burbujas visibles en la superficie. Estos fenómenos refuerzan que el proceso ya está en curso y no es solo una proyección futura.
Incendios en el Ártico y aumento de las emisiones amplían el problema
Otro factor que intensifica la liberación de carbono en el Ártico son los incendios forestales. Con el aumento de las temperaturas, incendios más frecuentes e intensos están liberando grandes cantidades de carbono directamente a la atmósfera, además de acelerar el descongelamiento del suelo.
Los datos indican que las emisiones asociadas al permafrost ya son comparables a las de grandes países emisores, pudiendo alcanzar cientos de millones de toneladas por año.
Este efecto combinado — incendios + descongelamiento — crea un escenario en el que el Ártico deja de ser un regulador climático y pasa a actuar como amplificador del calentamiento global.
Por qué el carbono del permafrost representa un riesgo difícil de controlar
A diferencia de las emisiones industriales, que pueden ser reducidas por políticas públicas y tecnología, el carbono del permafrost presenta un desafío adicional: una vez liberado, no puede ser “recongelado” fácilmente.
Aunque las emisiones humanas sean reducidas, el carbono ya almacenado en el permafrost puede seguir siendo liberado durante décadas o siglos.

Las proyecciones indican que el descongelamiento puede liberar entre 55 y 232 mil millones de toneladas de carbono hasta 2100, dependiendo del escenario climático.
Esto significa que el permafrost puede seguir contribuyendo al calentamiento global incluso en escenarios de mitigación.
El impacto global va más allá del Ártico y afecta todo el sistema climático
Aunque el fenómeno está concentrado en el Ártico, sus consecuencias son globales. El aumento de las emisiones de CO₂ y metano afecta directamente:
- Temperatura media global
- Eventos climáticos extremos
- Nivel del mar
- Estabilidad de ecosistemas
Lo que sucede en el permafrost no se queda en el Ártico — influye en el clima de todo el planeta. Además, los cambios en el Ártico también tienen implicaciones geopolíticas, económicas y ambientales, incluyendo nuevas rutas marítimas, explotación de recursos e impactos en comunidades locales.
¿Alguna vez imaginaste que un suelo congelado desde hace miles de años puede acelerar el calentamiento global?
El caso del permafrost revela una de las caras más complejas del cambio climático: no todas las amenazas provienen directamente de la actividad humana actual — algunas están almacenadas en el propio sistema natural del planeta.
Lo que antes funcionaba como un mecanismo de estabilidad se está transformando en una fuente de inestabilidad. Y esto plantea una cuestión central:
¿hasta qué punto el planeta puede seguir absorbiendo impactos sin activar procesos que escapan al control humano.
El deshielo del permafrost no es solo otro efecto del cambio climático — puede ser uno de los elementos que hacen que este proceso sea más rápido, más intenso y más difícil

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