Un estudio del Instituto Weizmann publicado en la revista Science reveló que la genética puede ser responsable por cerca del 50% de la variación en la expectativa de vida humana, al menos el doble de los 20 a 25% estimados por décadas, tras análisis de bancos de datos de gemelos de Suecia y Dinamarca incluyendo gemelos criados separadamente.
Durante muchos años, la ciencia trató la genética como un factor secundario en la determinación de cuánto tiempo vive cada persona. Estimaciones anteriores sugerían que los factores hereditarios explicaban entre el 20% y el 25% de las diferencias en la expectativa de vida, y algunos estudios de gran envergadura llegaron a señalar menos del 10%. Pero un estudio publicado en la revista Science en abril de 2026 por investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel, desafía esta visión y revela que la genética puede ser responsable por aproximadamente la mitad de la variación en la longevidad humana, lo que representa al menos el doble de lo que se creía hasta ahora.
Según ScienceDaily, el descubrimiento cambia la forma en que científicos, médicos y la población en general piensan sobre el envejecimiento. «Durante muchos años, la expectativa de vida fue atribuida principalmente a factores no genéticos, alimentando el escepticismo respecto a los determinantes hereditarios de la longevidad», explicó Ben Shenhar, investigador del laboratorio del profesor Uri Alon en el Instituto Weizmann. Si la genética pesa tanto como el estilo de vida en la ecuación de la longevidad, la búsqueda de genes específicos que influyen en el tiempo de vida adquiere una urgencia que no tenía cuando se creía que el ADN era secundario.
Por qué la ciencia subestimó el papel de la genética en la expectativa de vida por décadas

El error de las estimaciones anteriores no fue de incompetencia, sino de limitación metodológica. Los estudios más antiguos sobre genética y longevidad no podían separar las influencias hereditarias de un factor que los científicos llaman mortalidad extrínseca: accidentes, infecciones y eventos ambientales que acortan la vida independientemente de los genes.
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Como los bancos de datos utilizados no incluían causas detalladas de fallecimiento, todo se mezclaba en el mismo análisis, diluyendo la señal de la genética.
El resultado era una estimación artificialmente baja porque incluía personas cuyo tiempo de vida fue acortado por causas que nada tenían que ver con la herencia genética.
Si una persona con genes para vivir 95 años fallece a los 40 por un accidente de tráfico, ese dato entra en el análisis como si la genética «hubiera fallado» en prever la longevidad, cuando en realidad el factor determinante fue completamente externo. Filtrar estas distorsiones era el desafío que nadie había resuelto hasta ahora.
Cómo el Instituto Weizmann descubrió que la genética pesa mucho más de lo que se pensaba

El equipo liderado por Ben Shenhar analizó tres extensas bases de datos de gemelos de Suecia y Dinamarca. Por primera vez en este tipo de investigación, los científicos incluyeron datos de gemelos que fueron criados por separado, lo que permitió separar con más precisión las influencias de la genética de las influencias del ambiente compartido.
Los gemelos idénticos criados en familias diferentes comparten los mismos genes pero no el mismo ambiente, lo que hace que sus datos sean extremadamente valiosos para este tipo de análisis.
Para resolver el problema de la mortalidad extrínseca, el equipo creó un enfoque analítico inédito. Usaron modelos matemáticos combinados con simulaciones de gemelos virtuales para distinguir fallecimientos causados por el envejecimiento biológico de aquellos provocados por factores externos.
Al filtrar estas influencias, la señal de la genética emergió con fuerza: alrededor del 50% de la variación en la expectativa de vida está determinada por el ADN, un número consistente con lo que se observa en otras características humanas complejas y en estudios con animales de laboratorio.
Lo que los números revelan sobre genética, envejecimiento y riesgo de enfermedades
El descubrimiento no se limita a un número general del 50%. El estudio identificó que hasta los 80 años, el riesgo de fallecimiento por demencia presenta una heredabilidad de alrededor del 70%, muy superior a la del cáncer o de enfermedades cardíacas.
Esto significa que la genética tiene un peso especialmente grande en condiciones neurodegenerativas, donde el historial familiar puede ser un predictor más poderoso que el estilo de vida.
Para el cáncer y las enfermedades cardíacas, la genética también pesa más de lo que las estimaciones anteriores sugerían, pero en proporción menor que para la demencia.
Estos datos refuerzan la idea de que diferentes enfermedades del envejecimiento tienen grados diferentes de determinación genética, y que un enfoque personalizado de prevención necesitaría tener en cuenta el perfil genético individual de cada persona. El estilo de vida sigue importando, pero la genética no es el coadyuvante que la ciencia describió durante décadas.
Qué cambia en la medicina y en la investigación sobre el envejecimiento con esta nueva visión de la genética
Si la genética determina la mitad de la variación en la longevidad, la búsqueda de variantes genéticas específicas que prolongan la vida gana una justificación científica mucho más fuerte.
«Si la heredabilidad es alta, como demostramos, esto crea un incentivo para buscar variantes que prolonguen la vida, con el fin de comprender la biología del envejecimiento y potencialmente abordarlo terapéuticamente», afirmó Shenhar. La idea de que el envejecimiento puede ser tratado como un problema genético, y no solo como consecuencia del estilo de vida, gana respaldo con este estudio.
Para la medicina personalizada, el descubrimiento significa que las pruebas genéticas podrían, en el futuro, ofrecer predicciones más precisas sobre riesgos de longevidad y de enfermedades del envejecimiento.
Saber que la genética pesa alrededor del 50% cambia el cálculo para los investigadores que antes dudaban en invertir en la búsqueda de genes de longevidad porque las estimaciones del 20-25% hacían que el retorno fuera incierto. Con la nueva estimación, la genética del envejecimiento se convierte en un campo con potencial terapéutico real y no solo académico.
Lo que el estudio no dice y lo que el estilo de vida sigue determinando
El descubrimiento de que la genética pesa un 50% no significa que el estilo de vida sea irrelevante. Los otros 50% siguen siendo influenciados por la alimentación, el ejercicio, el ambiente, el acceso a la salud y las elecciones cotidianas, lo que significa que la mitad del destino de la longevidad aún está en manos de cada persona.
Quien tiene genes favorables pero vive de manera negligente puede desperdiciar la ventaja genética. Quien tiene predisposición genética desfavorable puede compensar parcialmente con hábitos saludables.
El estudio también no identifica qué genes específicos influyen en la longevidad, solo demuestra que el peso total de la genética es mucho mayor de lo que se estimaba. La próxima etapa de la investigación será mapear las variantes genéticas responsables de esta influencia, un trabajo que puede llevar años pero que ahora tiene una base estadística sólida para avanzar.
La genética y el estilo de vida no compiten entre sí. Operan juntos, y entender el peso real de cada uno es el primer paso para estrategias de longevidad basadas en evidencia.
¿Qué te sorprende más: descubrir que la genética pesa 50% en la expectativa de vida o que la ciencia subestimó este número durante décadas? ¿Crees que conocer tu perfil genético cambiaría tus elecciones de estilo de vida? Cuéntanos en los comentarios. Estudios que cambian lo que la ciencia creía durante generaciones enteras merecen debate, y este toca en algo que interesa a todo el mundo: cuánto tiempo vamos a vivir.

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