El Sistema de Certificados en Singapur Convierte Conducir en un Privilegio Costoso, Mientras que Inversiones en Transporte Público Garantizan Movilidad Asequible y Menos Coches en las Calles
En Singapur, poseer un coche significa mucho más que poder pagar por un vehículo. El verdadero obstáculo está en el sistema de autorización, que transforma el simple acto de conducir en un privilegio de alto costo.
El gobierno creó este mecanismo en 1990 como forma de controlar congestiones y reducir la polución.
Desde entonces, quienes desean registrar un automóvil deben, antes que nada, conseguir un certificado.
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COE: Pagar para Conducir
El Certificado de Autorización, conocido como COE, es obligatorio y tiene una validez de solo diez años. Para obtenerlo, es necesario ganar una subasta.
Estas subastas ocurren dos veces al mes y atraen a cientos de interesados. Pero, dado que la demanda siempre es mayor que la oferta, el precio se dispara.
Hoy, cada certificado ya supera los € 70.000, alrededor de R$ 437.775.
Esto significa que, incluso después de gastar una fortuna para conseguir el COE, aún hay que comprar el coche.
El resultado es sencillo: un modelo popular puede costar más de € 100.000, aproximadamente R$ 625.394.
Ejemplos de Quienes Se Arriesgaron
El corredor de seguros Andre Lee ilustra bien esta realidad. En 2020, desembolsó US$ 24.000 —casi R$ 127.604— por un Kia Forte 2010. Este valor equivale a cinco veces el precio del mismo coche en Estados Unidos.
Lee admitió que la compra tenía más valor simbólico que práctico. “Es como usar un Rolex”, dijo. Sin embargo, después de tres años, terminó vendiendo el vehículo.
Entre combustible, estacionamiento y mantenimiento, los costos se volvieron insostenibles, incluso con un buen salario.
Otra experiencia es la de Su-Sanne Ching, propietaria de una empresa, quien invirtió US$ 150.000 —casi R$ 797.527— en un Mercedes-Benz.
De ese total, US$ 60.000 se gastaron solo en el COE. Para ella, pagar por este lujo vale la pena por la conveniencia del coche en el día a día.
Transporte Público Como Salida
Singapur, con 5,9 millones de habitantes y un territorio más pequeño que Nueva York, no tendría condiciones de soportar una flota mucho mayor. Por ello, la política de limitación funciona.
Hoy, la ciudad-estado registra solo 11 vehículos por cada 100 personas. Para comparar, en la Unión Europea este índice llega a 56 o 57, mientras que en Estados Unidos supera los 80.
Con menos coches, las calles se vuelven más limpias, silenciosas y seguras. Los servicios de emergencia circulan con mayor agilidad y los peatones ganan espacio.
Este escenario solo es viable porque el transporte público es confiable. En Singapur, un viaje largo en metro cuesta menos de R$ 10.
Además, plataformas como Grab ofrecen transporte por aplicación con rapidez y precios accesibles.
Inversión Pesada en Movilidad
En los últimos diez años, el gobierno ha destinado cantidades significativas para ampliar la red. Se inauguraron nuevas líneas de metro, se compraron mil autobuses y se añadieron 200 trenes al sistema.
Hoy, el 80% de las familias viven a menos de diez minutos de una estación, lo que facilita la rutina y reduce la necesidad de coches particulares.
¿Es Posible Exportar el Modelo?
Diversas ciudades buscan formas de reducir el tráfico, pero pocas se acercan al sistema de Singapur.
México limita el uso del coche por la placa, Londres y Estocolmo aplican peajes urbanos y Nueva York ha comenzado a adoptar la medida este año.
No obstante, ninguna de estas alternativas es tan restrictiva. El alto costo del COE convierte al automóvil en un artículo de lujo reservado a quienes pueden gastar mucho.
Por lo tanto, replicar este modelo requiere dos condiciones: gran inversión en transporte público y disposición política para enfrentar resistencias.
En muchas regiones, hacer que el coche sea inaccesible para la mayoría puede ser inviable o indeseable.
Con información de Xataka.

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