El monitoreo satelital colocó a Kolkata entre las ciudades deltaicas más vulnerables al avance del mar y al hundimiento gradual del suelo, un fenómeno que amplifica los riesgos de inundaciones, salinización y presión sobre la infraestructura urbana en una de las regiones históricamente más importantes de la India.
Kolkata, capital de Bengala Occidental y antigua sede del poder británico en la India, entró en el grupo de ciudades deltaicas observadas con creciente atención por especialistas debido a la combinación entre la subsidencia del suelo, el avance relativo del nivel del mar, las inundaciones recurrentes y la intrusión salina.
Según análisis asociados a la NASA, las metrópolis construidas sobre deltas enfrentan una presión silenciosa y continua, ya que el terreno se hunde gradualmente mientras el agua avanza sobre áreas urbanas históricamente vulnerables.
La subsidencia en Kolkata preocupa a los especialistas
El problema no está ligado a un único episodio extremo, sino a un proceso gradual que modifica lentamente la relación entre la ciudad, los ríos y la franja costera que sustenta la ocupación urbana.
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En regiones sedimentarias como Kolkata, el suelo tiende a ceder debido a la compactación natural, la intensa extracción de agua subterránea y también al peso acumulado de la urbanización, un escenario que amplifica los impactos sobre el drenaje, los cimientos y la infraestructura básica.
En material de la NASA sobre proyecciones futuras del nivel del mar, el investigador Manoochehr Shirzaei afirmó que la combinación entre la subsidencia causada por la acción humana y el avance del mar representa una «alerta máxima» para varias ciudades de delta.

Entre los ejemplos citados se encuentran Kolkata, Yangon, Bangkok, Ho Chi Minh City, Jakarta y New Orleans.
La situación de Kolkata llama la atención porque la ciudad creció en una región moldeada por la dinámica hídrica del delta del Ganges-Brahmaputra-Meghna y por sistemas fluviales ligados al río Hooghly.
Esta base territorial favoreció la ocupación histórica, pero también hizo que la metrópolis estuviera más expuesta a inundaciones, erosión, salinización y pérdida de capacidad de drenaje.
El avance del nivel del mar amplifica el riesgo urbano
Además de la elevación natural de los océanos, el propio hundimiento del terreno altera la dimensión del problema climático que enfrentan las ciudades construidas en áreas bajas y densamente ocupadas.
A medida que el suelo pierde altura, el nivel del mar parece más elevado en relación con la ciudad, incluso cuando el aumento oceánico, de forma aislada, no explica todos los impactos registrados en las regiones costeras.
Con ello, crece la llamada elevación relativa del nivel del mar, un indicador considerado decisivo por los especialistas para medir el grado de vulnerabilidad urbana ante inundaciones y erosión.
Estudios recientes sobre deltas refuerzan esta preocupación.
Una investigación publicada en la revista Nature en 2026 señaló que la subsidencia amenaza los deltas en todo el mundo al aumentar los riesgos de inundación, pérdida de tierras y salinización, especialmente en regiones densamente pobladas y económicamente importantes.
En Kolkata, el peligro aparece menos como una escena repentina y más como una presión acumulada sobre la infraestructura.
Canales, calles bajas, redes subterráneas, sistemas de drenaje y áreas cercanas a ríos pueden sufrir efectos graduales durante años, hasta que las inundaciones recurrentes y las fallas urbanas hagan el proceso más visible.
Intrusión salina e impactos en la infraestructura
Entre los efectos más preocupantes de este proceso se encuentra la intrusión salina, un fenómeno que altera el equilibrio hídrico de las regiones costeras y dificulta la preservación de recursos naturales esenciales.
A medida que el agua salada avanza sobre ríos, canales, acuíferos y áreas húmedas cercanas a los deltas, aumentan los riesgos para el abastecimiento urbano, para la agricultura periurbana y para la calidad del agua disponible para la población.
La NASA destaca que el análisis de ciudades costeras debe considerar no solo el mar que sube, sino también la tierra que se hunde.
Sin esa consideración, las proyecciones de riesgo pueden subestimar la vulnerabilidad de barrios bajos, rutas de transporte, hospitales, viviendas y redes esenciales instaladas sobre terrenos inestables.
El monitoreo por satélite ha hecho este fenómeno más medible.
Las técnicas de radar permiten detectar desplazamientos verticales del suelo a escala de centímetros o milímetros, lo que ayuda a investigadores y gestores a identificar áreas más críticas antes de que los daños se generalicen.
Satélites ayudan a medir el hundimiento del suelo
Fenómenos similares también se han observado en otras grandes metrópolis repartidas por regiones sedimentarias y densamente urbanizadas alrededor del planeta.
En abril de 2026, por ejemplo, la NASA divulgó datos de la misión NISAR, desarrollada en colaboración con la agencia espacial india, indicando subsidencia extrema en la Ciudad de México, donde el hundimiento también está asociado a la extracción de agua subterránea y a la compactación de sedimentos.
Aunque Calcuta tiene características propias, el caso se enmarca en un patrón observado en grandes centros urbanos construidos sobre suelos jóvenes, húmedos y densamente ocupados.
En estas áreas, el crecimiento poblacional, la presión sobre los acuíferos y la expansión de la infraestructura pueden acelerar un proceso que ya ocurre naturalmente en muchos deltas.
La antigua capital colonial india, reconocida por su relevancia cultural, histórica y económica, pasa a simbolizar una amenaza urbana que no siempre es evidente a primera vista.
El suelo que parece estable puede estar cediendo gradualmente, mientras que las inundaciones y la salinización avanzan como señales externas de una transformación subterránea.
Para los especialistas, incluir la subsidencia en la planificación urbana ha dejado de ser un detalle técnico.
En ciudades deltaicas, este dato puede alterar las prioridades de drenaje, protección costera, gestión de agua subterránea, expansión inmobiliaria y adaptación climática, principalmente donde millones de personas viven en áreas bajas y sujetas a inundaciones.

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