La NASA prepara una operación de rescate orbital para intentar impedir la caída del Neil Gehrels Swift Observatory, telescopio espacial lanzado en 2004 y utilizado en el estudio de explosiones de rayos gamma, fenómenos entre los más energéticos conocidos en el Universo.
Bautizada como Swift Boost, la misión prevé el envío de la nave espacial robótica LINK, desarrollada por Katalyst Space, para elevar la órbita del observatorio e intentar prolongar su vida científica por algunos años más.
El lanzamiento de la LINK está previsto para el 27 de junio de 2026, a bordo de un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman, que será llevado por el avión Stargazer hasta la región del Atolón de Kwajalein, en las Islas Marshall.
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Antes de esta etapa, la NASA informó que el cohete fue acoplado a la aeronave el 12 de junio de 2026, en el Wallops Flight Facility, en Virginia, como parte de la preparación para el intento de rescate.
Carrera para salvar el telescopio Swift
En órbita baja de la Tierra, el Swift ha perdido altitud a lo largo de los años debido al arrastre atmosférico, efecto que afecta a los satélites en esta franja orbital, especialmente cuando no tienen sistema de propulsión para compensar el descenso.
Según la NASA, un período de mayor actividad solar amplió este arrastre y aceleró la pérdida de altitud del observatorio, haciendo la situación más urgente de lo que las proyecciones anteriores indicaban.
En el lanzamiento, el telescopio operaba a cerca de 600 kilómetros de altitud, nivel mucho superior al actual y suficiente para mantener la misión científica activa por un período mucho más largo.
Con la caída gradual de la órbita, sin embargo, el observatorio se aproxima a una franja en la que la captura y la elevación orbital se vuelven más difíciles, especialmente para una nave espacial enviada en una misión inédita.
El Space.com informó que la altitud crítica está cerca de 300 kilómetros, nivel por debajo del cual la LINK tal vez no pueda alcanzar el Swift con seguridad para realizar la maniobra de rescate.
La presión sobre el equipo aumentó cuando los responsables de la misión se dieron cuenta de que el telescopio descendía más rápido de lo esperado, reduciendo el margen de tiempo para cualquier intento de intervención.
Sin la operación de rescate, el observatorio podría reingresar en la atmósfera aún en 2026, poniendo fin a una misión que superó con creces la expectativa inicial de funcionamiento y sigue siendo relevante para la astronomía de alta energía.
Explosiones de rayos gamma y valor científico
Creado para localizar y seguir explosiones de rayos gamma, el Neil Gehrels Swift Observatory observa destellos breves de radiación extremadamente energética asociados a algunos de los eventos más violentos conocidos en el cosmos.
La NASA describe el satélite como una misión dedicada al estudio de estos fenómenos y de otros objetos astrofísicos de alta energía, con capacidad de respuesta rápida para apuntar a objetivos transitorios.
A lo largo de más de dos décadas, el observatorio ha detectado más de 2 mil explosiones de rayos gamma, según Brad Cenko, investigador principal de la misión Swift, en una entrevista citada por Space.com.
El científico afirmó que estos eventos pueden liberar, en pocos segundos, más energía de la que el Sol emitirá durante toda su existencia, lo que explica la relevancia científica de estas observaciones.
Además de las explosiones de rayos gamma, las mediciones del Swift han ayudado a los investigadores a avanzar en la comprensión del origen de elementos pesados, como el oro y el platino, asociados a eventos explosivos en el espacio profundo.
Parte de ese valor científico proviene de la rapidez del observatorio, diseñado para cambiar su orientación y seguir fenómenos transitorios poco después de la detección inicial por instrumentos en órbita.
Al intentar preservar esta capacidad, la misión Swift Boost busca mantener activa una estructura científica que sigue siendo útil, incluso después de más de 20 años de operación en el entorno espacial.
De acuerdo con la NASA, la LINK fue desarrollada para acercarse al Swift, conectarse al observatorio y elevar su altitud, en una operación que combina navegación precisa y contacto físico en órbita.
Cómo debe actuar la nave espacial LINK
Tras el lanzamiento, la LINK debe pasar por una fase de pruebas en órbita antes de iniciar las maniobras de aproximación, etapa necesaria para verificar sistemas de navegación, propulsión y control.
Space.com informó que el vehículo posee tres brazos robóticos, tres propulsores principales Hall y otros sistemas necesarios para la verificación, la aproximación y la captura del observatorio.
Como el Swift no fue diseñado para recibir mantenimiento, acoplamiento o cualquier tipo de remolque orbital, la aproximación requiere cuidado adicional para evitar contacto inadecuado o daños estructurales.
También pesan en la operación el envejecimiento del telescopio, el riesgo de fallas en componentes antiguos y la necesidad de mantener estabilidad durante el encuentro entre dos naves espaciales en órbita baja.
Kieran Wilson, investigador principal de LINK en Katalyst Space, dijo a Space.com que la misión pasó de una hoja en blanco a una nave espacial integrada a un cohete en aproximadamente nueve meses.
En su evaluación, el cronograma de desarrollo fue sin precedentes para este tipo de programa, especialmente por el grado de complejidad involucrado en una misión de rescate orbital.
Si la captura ocurre como planeado, LINK deberá elevar gradualmente la órbita del Swift a lo largo de varios meses, en lugar de realizar una corrección brusca de altitud.
La expectativa divulgada por Space.com es que, en caso de éxito, el observatorio gane al menos cinco años más de operación científica, mientras que LINK sea luego retirada de órbita de forma controlada.
Riesgos de la operación en órbita baja
Toda la misión depende de una secuencia precisa de etapas, desde el lanzamiento hasta la navegación autónoma, la aproximación y el contacto con un satélite que ya lleva más de 20 años en el espacio.
Además de los desafíos mecánicos, la actividad solar sigue como amenaza porque nuevas tormentas pueden aumentar el arrastre atmosférico y acelerar nuevamente la pérdida de altitud del observatorio.
Shawn Domagal-Goldman, director de la División de Astrofísica de la NASA, afirmó a reporteros el 17 de junio de 2026 que nadie imaginaba que la operación llegaría tan lejos.
La declaración dimensiona la dificultad de una misión que intenta abrir camino para servicios de extensión de vida útil en satélites antiguos, incluso cuando nunca fueron preparados para recibir este tipo de ayuda.
