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Nuevo hallazgo cambia todo lo que sabíamos sobre los «hobbits» prehistóricos y revela que podrían haber sobrevivido gracias a los restos dejados por dragones de Komodo

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Escrito por Jefferson Augusto Publicado el 06/07/2026 a las 10:31 Actualizado el 06/07/2026 a las 10:33
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Estudio revela comportamiento inesperado del Homo floresiensis y apunta que esta especie puede nunca haber dominado la caza de grandes animales ni utilizado el fuego como los científicos creían durante décadas, abriendo una nueva perspectiva sobre la evolución humana.

Durante décadas, la imagen del Homo floresiensis, popularmente conocido como “hobbit”, estuvo asociada a la idea de un pequeño cazador capaz de fabricar herramientas, abatir grandes presas y utilizar el fuego para cocinar alimentos. Sin embargo, una nueva investigación internacional publicada en la revista científica Science Advances, el 4 de julio de 2025, desafía directamente esta interpretación y propone una explicación completamente diferente para la supervivencia de esta especie prehistórica.

La información fue divulgada por la CNN, con base en el estudio científico publicado en la Science Advances, desarrollado por investigadores de la Smithsonian Institution, del sitio arqueológico de Liang Bua y de otras instituciones internacionales especializadas en paleoantropología. Los resultados indican que el Homo floresiensis probablemente aprovechaba restos de animales dejados por dragones de Komodo, en lugar de cazarlos directamente.

Además, los investigadores encontraron evidencias que ponen en duda otra teoría ampliamente aceptada: la de que los “hobbits” dominaban el uso del fuego. Si esta hipótesis se confirma con nuevas investigaciones, será necesario revisar una parte importante del conocimiento actual sobre la evolución humana.

¿Quiénes eran los “hobbits” que vivieron en Indonesia?

La historia del Homo floresiensis comenzó a cambiar en 2003, cuando arqueólogos encontraron fósiles en la famosa cueva de Liang Bua, ubicada en la isla de Flores, en Indonesia.

Los investigadores identificaron un homínido extremadamente pequeño. Su cráneo tenía aproximadamente el tamaño de una toronja y su altura probablemente llegaba a solo 1 metro.

A pesar del cerebro ligeramente más grande que el de un chimpancé, la especie despertó enorme interés científico porque presentaba características únicas.

Próximo a los fósiles, los arqueólogos también encontraron miles de herramientas de piedra y varios huesos de Stegodon florensis insularis, un pariente extinto de los elefantes modernos.

Este animal tenía dimensiones similares a las de un bisonte y representaba el mayor herbívoro de la isla en ese período.

Como consecuencia de estos descubrimientos, muchos especialistas concluyeron que el Homo floresiensis fabricaba herramientas para cazar grandes animales.

Además, algunos huesos quemados encontrados en las excavaciones llevaron a parte de la comunidad científica a creer que esta pequeña especie también utilizaba el fuego para preparar alimentos.

Durante años, esta interpretación acercó a los “hobbits” a especies mucho más avanzadas, como el Homo erectus, los neandertales y el Homo sapiens.

Estos grupos desarrollaron cerebros más grandes y presentaron comportamientos considerados más sofisticados a lo largo de la evolución humana.

Nueva investigación cuestiona antiguas teorías sobre la especie

La paleoantropóloga Elizabeth Grace Veatch, especialista en la evolución de la alimentación humana, decidió investigar nuevamente el modo de vida del Homo floresiensis.

Su principal objetivo era descubrir cómo esta población logró sobrevivir en una isla aislada entre aproximadamente 190.000 y 50.000 años atrás.

Para ello, Veatch y su equipo realizaron un análisis detallado de los huesos de Stegodon encontrados en la isla de Flores.

Los investigadores buscaron identificar exactamente qué marcas habían sido producidas por herramientas de piedra y cuáles podrían haber sido dejadas por depredadores naturales.

Según la científica, era necesario verificar si realmente existían evidencias suficientes para afirmar que los “hobbits” cazaban grandes mamíferos.

El estudio recibió la colaboración del Programa de Orígenes Humanos del Museo Nacional de Historia Natural de la Smithsonian Institution y utilizó diferentes técnicas de investigación para reconstruir el comportamiento alimentario de la especie.

Los primeros resultados ya indicaban que la interpretación tradicional tal vez estuviera equivocada.

Por eso, los científicos decidieron ampliar los experimentos para comparar directamente las marcas dejadas en los huesos por herramientas humanas y por grandes depredadores.

Experimento con dragón de Komodo trajo respuestas sorprendentes

Para probar esta hipótesis, el equipo realizó un experimento inusual en el Zoológico de Atlanta, en los Estados Unidos.

Los investigadores siguieron a un dragón de Komodo llamado Rinca mientras se alimentaba del cadáver de una cabra.

Después de la comida, los científicos utilizaron equipos de digitalización 3D para registrar todas las marcas dejadas por los dientes del animal.

A continuación, compararon esta información con los huesos de Stegodon encontrados en la cueva de Liang Bua.

Los resultados sorprendieron al equipo.

Según Elizabeth Grace Veatch, la mayoría de las marcas presentes en los fósiles presentaban gran similitud con aquellas producidas por los dragones de Komodo.

Mientras tanto, las marcas dejadas por las herramientas de piedra aparecían principalmente en regiones donde quedaba poca carne.

Este detalle llamó bastante la atención.

En lugar de indicar una caza organizada, las evidencias sugieren que el Homo floresiensis llegaba solo después de que los grandes lagartos terminaban su alimentación.

De esta forma, los “hobbits” aprovechaban solo los restos disponibles utilizando sus herramientas de piedra para retirar pequeños pedazos de carne aún adheridos a los huesos.

Esta interpretación modifica profundamente la forma en que los científicos ven el comportamiento de esta especie.

Además, refuerza la hipótesis de que los dragones de Komodo desempeñaban un papel central en la cadena alimentaria de la isla durante ese período.

Estudio también pone en duda el uso del fuego por el Homo floresiensis

Además de presentar una nueva hipótesis sobre la alimentación de los “hobbits”, la investigación trajo otro resultado que puede alterar profundamente el entendimiento sobre esta especie: la posible ausencia del dominio del fuego.

Durante muchos años, diversos investigadores defendieron que el Homo floresiensis utilizaba fogatas para cocinar alimentos. Esta interpretación surgió tras el descubrimiento de algunos huesos quemados durante las excavaciones en la cueva de Liang Bua.

Sin embargo, la nueva investigación encontró evidencias que apuntan a una conclusión diferente.

Para aclarar esta cuestión, los científicos analizaron aproximadamente 4.500 huesos de pequeños roedores encontrados en diferentes capas sedimentarias de la cueva. Estos restos fueron depositados naturalmente a lo largo de miles de años por búhos que utilizaban el lugar como refugio.

Según los investigadores, si los “hobbits” utilizaban fogatas con frecuencia, los huesos presentes en las capas inferiores presentarían señales claras de carbonización.

Sin embargo, esto no ocurrió.

Ninguno de los 4.500 huesos examinados mostró evidencias compatibles con exposición continua al fuego.

Además, ningún hueso de Stegodon presentó marcas de quemadura relacionadas a la cocción de la carne.

Por otro lado, algunos pocos fragmentos carbonizados aparecieron solo en capas arqueológicas mucho más recientes.

Por eso, el equipo cree que estos vestigios están ligados a la llegada del Homo sapiens a la isla de Flores, hace aproximadamente 46.000 años, período posterior a la desaparición tanto del Stegodon como del Homo floresiensis.

Otro detalle importante también llamó la atención de los investigadores.

Según el estudio, el veneno del dragón de Komodo probablemente no representaba riesgo para los “hobbits”. Esto porque las proteínas presentes en el veneno serían degradadas naturalmente por las enzimas del sistema digestivo, permitiendo el consumo seguro de la carne dejada por los grandes reptiles.

Así, la hipótesis de que el Homo floresiensis actuaba como carroñero gana aún más fuerza.

Descubrimiento puede cambiar el árbol evolutivo de los primeros humanos

Las conclusiones del estudio van mucho más allá de la alimentación.

Según los autores, un comportamiento más simple puede indicar que el Homo floresiensis pertenece a una línea mucho más antigua de lo que se imaginaba.

Durante décadas, parte de la comunidad científica creyó que los “hobbits” descendían del Homo erectus. Esta hipótesis surgió principalmente porque ambos utilizaban herramientas de piedra y, supuestamente, dominaban el fuego.

Ahora, sin embargo, la nueva investigación debilita esta interpretación.

Si el Homo floresiensis realmente no cazaba grandes animales ni utilizaba fuego, puede representar una ramificación mucho más primitiva de la evolución humana.

Entre las posibilidades planteadas por los investigadores aparecen especies como el Homo habilis o incluso representantes del género Australopithecus.

Estos ancestros poseían cerebros más pequeños y presentaban un repertorio comportamental considerado más simple.

Según el estudio, una población ancestral puede haber llegado a la isla de Flores hace más de 1 millón de años. A partir de este aislamiento geográfico, esta línea habría seguido un camino evolutivo propio durante cientos de miles de años.

El investigador Chris Stringer, especialista en paleoantropología del Museo de Historia Natural de Londres, afirmó que los nuevos resultados refuerzan una hipótesis antigua según la cual el Homo floresiensis tal vez ni siquiera pertenezca al género Homo.

Aunque él no participó directamente en la investigación, Stringer considera que las nuevas evidencias fortalecen esta posibilidad.

Al mismo tiempo, él resalta que un eventual cambio de clasificación dependerá del descubrimiento de nuevos fósiles y de información adicional sobre la ancestralidad de la especie.

Mientras tanto, el arqueólogo Thomas Sutikna, responsable de las investigaciones en Liang Bua desde 2001 e integrante del equipo que encontró los primeros fósiles en 2003, destacó que cada nueva excavación modifica significativamente el conocimiento sobre estos antiguos habitantes de la isla.

De la misma manera, Elizabeth Grace Veatch pretende ampliar las investigaciones para investigar si el Homo floresiensis también consumía otros animales presentes en el ecosistema local.

Según la científica, comprender toda la dieta de esta población permitirá reconstruir su verdadero papel ecológico dentro de la isla de Flores.

Por último, el estudio publicado en la revista Science Advances demuestra que la evolución humana probablemente fue mucho más compleja de lo que los científicos imaginaban hasta ahora.

En lugar de pequeños cazadores altamente especializados, los “hobbits” pueden haber sobrevivido gracias a la capacidad de aprovechar recursos disponibles en el ambiente, incluyendo carroñas dejadas por dragones de Komodo.

Si futuras investigaciones confirman esta hipótesis, será necesario revisar importantes capítulos de la historia de la evolución humana y reevaluar cómo diferentes especies desarrollaron estrategias distintas para sobrevivir a lo largo de cientos de miles de años.

¿Cree usted que nuevos descubrimientos arqueológicos aún pueden cambiar completamente la historia de la evolución humana? Comparta su opinión en los comentarios.

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