Descubra una cadena montañosa sumergida tan grande como un país, con minerales raros, ecosistemas únicos y una historia geológica milenaria que revela secretos fascinantes del fondo del Atlántico aún poco explorados por la ciencia y la industria.
En el corazón del Océano Atlántico, a cerca de 1.300 kilómetros de Porto Alegre, se encuentra la Elevación del Río Grande, una inmensa cadena montañosa sumergida con extensión equivalente a tres veces el área del estado de Río de Janeiro, es decir, cerca de 150 mil km².
Esta formación geológica, que ya fue un archipiélago hace cerca de 40 millones de años, guarda un ecosistema frágil y riquezas minerales raras, despertando interés científico y económico internacional.
De acuerdo con una expedición realizada en 2018 por el Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo (IO-USP), la Elevación del Río Grande fue mapeada con un detallamiento inédito gracias al barco de investigación Alpha Crucis.
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Fueron identificados techos aplanados, terrazas marinas en escalones, canales uviales, dunas, cavernas y hasta restos de manglares, que indican la presencia de un ambiente que ya estuvo por encima del nivel del mar.
La expedición también recolectó muestras valiosas de rocas volcánicas, corales y esponjas que viven en las paredes de una falla central, revelando la complejidad de la vida marina en el lugar.

Importancia Estratégica y Riqueza Mineral
La Elevación del Río Grande ha sido objeto de intensa investigación desde que, en 2015, la Autoridad Internacional del Fondo Marino (ISA) autorizó a la Compañía de Investigación de Recursos Minerales (CPRM) a explorar económicamente los costras ricas en hierro y manganeso.
Estas costras contienen minerales raros como cobalto, níquel, molibdeno, niobio, platino, titanio y telurio — elementos esenciales para la industria tecnológica.
En 2018, el gobierno brasileño solicitó a la ONU la ampliación de la plataforma continental para incluir la elevación, reforzando su importancia estratégica para el país.
Según el geólogo Roberto Ventura Santos, exdirector de la CPRM, la recolección de datos técnicos fue crucial para esta reivindicación territorial.
Estudios realizados por instituciones brasileñas y extranjeras, como el Servicio Geológico de los Estados Unidos y la Universidad de Kingston, en el Reino Unido, revelan que esta cadena montañosa sumergida forma parte de una antigua conexión entre América del Sur y África.
Historia Geológica de la Elevación del Río Grande
En el pasado remoto, hace unos 146 a 100 millones de años, la Elevación del Río Grande formaba parte del supercontinente Gondwana.
La separación gradual de Gondwana, impulsada por movimientos tectónicos y calor interno de la Tierra, llevó a la formación del Atlántico Sur, separando América del Sur de África.
Hasta hace unos 80 millones de años, la Elevación del Río Grande estaba unida o muy cerca de la cadena Walvis, una enorme formación montañosa submarina ubicada a 600 km de Namibia, en África.
Investigaciones lideradas por la geofísica Michelle Graça, de la CPRM, demuestran que hace 50 millones de años ambas elevaciones ya estaban separadas, adquiriendo características distintas: mientras la Walvis mantiene forma de cadena montañosa, la Elevación del Río Grande se presenta como un plató de techo aplanado.
La actividad volcánica cesó en la Elevación del Río Grande entre 44 y 40 millones de años atrás, época en que la cadena comenzó a sumergirse, posiblemente debido al peso del volcán y al movimiento de las placas tectónicas.

Descubrimientos Geológicos Sorprendentes
Curiosamente, las rocas que componen la Elevación del Río Grande tienen edad y composición similares a las encontradas en el continente africano.
Según Michelle Graça y Roberto Santos, las muestras recogidas indican que esta región sumergida perteneció al lado africano de Gondwana, contradiciendo la idea anterior de que se trataba únicamente de una formación volcánica del fondo oceánico.
Este descubrimiento sorprendente trajo una nueva comprensión geológica sobre el fondo del Atlántico Sur y abrió puertas para futuras investigaciones sobre la evolución de los continentes.
Biodiversidad Única y Fragilidad Ecológica
Además de los aspectos geológicos, la Elevación del Río Grande alberga un ecosistema único y vulnerable.
El biólogo Paulo Sumida, del IO-USP, destaca el descubrimiento de la asociación simbiótica entre la esponja Sarostegia oculata y la anémona Thoracactis topsenti, una de las primeras ocurrencias de este tipo en el Atlántico Sur.
Esta relación biológica compleja crea estructuras similares a corales, demostrando la riqueza y singularidad de la vida marina en esta región sumergida.
La biodiversidad local, aún poco conocida, está siendo detallada por investigadores como Paulo Corrêa, que ya identificó probables nuevas especies en el área.
Sin embargo, la renovación de este ambiente es muy lenta, lo que hace que la región sea especialmente susceptible a impactos ambientales.
Vivian Pellizari, bióloga del IO-USP, explica que las costras de hierro y manganeso albergan comunidades microbianas exclusivas, que dependen de bacterias capaces de producir oxígeno a partir de amoníaco y sulfato para sobrevivir.

Desafíos para la Preservación y Exploración Sostenible
Esta delicadeza ecológica preocupa a los científicos ante el avance de proyectos de minería submarina, aunque las tecnologías para extracción a profundidades superiores a 700 metros están en fase inicial.
Frederico Brandini, del IO-USP, recuerda que estos organismos existen desde hace millones de años, sobreviviendo en condiciones extremas y bajas concentraciones de nutrientes. Cualquier intervención podría amenazar a la extinción de estas formas de vida antiguas y frágiles.
El proyecto «Depositos de ferromanganeso marinos: Un recurso importante de elementos E-tech», coordinado por Brandini y financiado con casi 9 millones de reales, tiene como objetivo entender mejor la composición biológica y química de la Elevación del Río Grande para orientar políticas ambientales y económicas futuras.
En resumen, la Elevación del Río Grande es un verdadero tesoro escondido bajo el Atlántico, combinando una historia geológica fascinante, minerales valiosos y un ecosistema raro y delicado que aún necesita ser protegido y mejor comprendido.
Ante estos hechos, queda una pregunta importante: ¿cómo equilibrar la explotación económica de los recursos del fondo marino con la preservación ambiental de un ecosistema tan único y frágil?


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