Astrónomos identifican señales de que el planeta TRAPPIST-1e, a apenas 40 años-luz, puede tener atmósfera secundaria capaz de mantener agua líquida y vida
Astrónomos anunciaron que un planeta del tamaño de la Tierra, a apenas 40 años-luz de distancia, puede tener condiciones para sustentar vida. El TRAPPIST-1e, como se le llama, orbita su estrella en la llamada Zona de Oros. Esta es la región donde la presencia de agua líquida es posible, condición considerada esencial para la vida.
Los científicos creen que, si el planeta tiene una atmósfera estable, la superficie puede albergar océanos globales. Esta hipótesis ganó fuerza tras nuevas observaciones realizadas por el Telescopio Espacial James Webb.
El papel del James Webb
Los investigadores utilizaron el instrumento NIRSpec del JWST para observar el planeta durante el tránsito, cuando pasa frente a su estrella. En ese momento, la luz atraviesa la posible atmósfera, permitiendo la identificación de gases a través de la absorción de ciertos longitudes de onda.
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Según el Dr. Ryan MacDonald, de la Universidad de St Andrews, hay dos explicaciones posibles. La más prometedora es que el planeta tenga una atmósfera secundaria, rica en gases pesados como el nitrógeno. Esto sería fundamental para garantizar estabilidad térmica y mantener agua en estado líquido.
La estrella TRAPPIST-1
El sistema estelar está compuesto por una enana roja, extremadamente pequeña y fría, clasificada como enana M. Su diámetro es de cerca de 84 mil kilómetros, mucho menor que el del Sol, y su temperatura es inferior a la mitad de la solar.
Entre los tres planetas localizados en la zona habitable de esta estrella, el TRAPPIST-1e es visto como el más prometedor. Con masa equivalente a 0,692 de la Tierra, es ligeramente menor que nuestro planeta.
Otro detalle llama la atención: el TRAPPIST-1e completa su órbita en apenas 6,1 días terrestres, ya que está a una distancia muy corta de su estrella, equivalente a 3% de la distancia entre la Tierra y el Sol.
Posibilidad de océanos
A pesar de la proximidad, la baja temperatura de la estrella aumenta la probabilidad de existir agua líquida y hielo superficial. Por eso, los astrónomos creen que el planeta puede tener grandes océanos, además de regiones congeladas.
La búsqueda de una atmósfera, sin embargo, ha sido desafiante. La profesora Hannah Wakeford, de la Universidad de Bristol, explica que la cantidad de luz que atraviesa una atmósfera parecida a la de la Tierra es extremadamente pequeña. Para detectar, se requieren mediciones muy precisas, que identifican variaciones mínimas en la luz de la estrella.
Obstáculos en la medición
La TRAPPIST-1 presenta actividad intensa, con erupciones solares y manchas creadas por campos magnéticos. Esto interfiere en las observaciones y exige correcciones detalladas. Aun así, tras un año de análisis, los científicos han obtenido resultados prometedores.
Los datos sugieren que el planeta puede, de hecho, tener una atmósfera similar a la terrestre. Esto refuerza la posibilidad de agua líquida en su superficie.
Comparaciones dentro del sistema
El descubrimiento surge poco después de otra observación con el JWST. Usando el mismo método, astrónomos concluyeron que el planeta TRAPPIST-1d no presenta moléculas comunes en la atmósfera terrestre. Esta diferencia aumenta la relevancia de las evidencias encontradas en el TRAPPIST-1e.
Además, si hay atmósfera, difícilmente sería la original. Cuando se forman, los planetas acumulan hidrógeno y helio, pero la intensa actividad de la estrella suele dispersar estos gases rápidamente.
Atmósfera secundaria
Según los investigadores, la hipótesis más probable es que el TRAPPIST-1e haya desarrollado una atmósfera secundaria, compuesta por gases pesados, como el nitrógeno.
Este proceso también ocurrió en la Tierra primitiva, cuando actividades volcánicas e impactos de asteroides liberaron grandes cantidades de este elemento.
Una atmósfera de este tipo podría crear un efecto invernadero capaz de mantener la temperatura estable, incluso con la rotación sincronizada del planeta. En este escenario, un lado estaría siempre orientado hacia la estrella, albergando océanos, mientras que el otro podría tener extensiones de hielo.
Lo que ya fue descartado
Las nuevas observaciones también descartaron la hipótesis de una atmósfera fina y rica en dióxido de carbono, similar a la de Marte o Venus. Esto refuerza la idea de que el planeta no mantuvo su atmósfera primordial, pero aún queda por confirmar si una secundaria realmente se formó.
A pesar del avance, los científicos enfatizan que los datos actuales aún no permiten afirmar si el planeta podría albergar vida. Las evidencias son prometedoras, pero insuficientes para una conclusión definitiva.
Próximos pasos
Hasta ahora, los análisis se basan en apenas cuatro observaciones del JWST. En los próximos meses, los investigadores tendrán acceso a 20 observaciones adicionales. Este volumen debería permitir una distinción clara entre los escenarios posibles: un planeta sin atmósfera o uno con atmósfera secundaria.
El Dr. MacDonald destacó que esta es una nueva era para la astronomía, porque ahora existen herramientas capaces de buscar condiciones habitables fuera del sistema solar. Para él, se trata de uno de los momentos más emocionantes de la investigación espacial moderna.

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