Mientras Dinamarca entierra casi todos los cables de energía por seguridad y estética, Brasil mantiene redes aéreas por costo y falta de planificación. Entienda los motivos.
La infraestructura urbana de un país no se define solo por lo que se ve. En lugares como Dinamarca, la decisión de enterrar los cables de energía se ha convertido en una política pública consolidada. Sin embargo, en Brasil, la instalación aérea sigue siendo el modelo más común, incluso en grandes centros urbanos. La diferencia entre los dos sistemas no es solo visual —involucra seguridad, confiabilidad, planificación y costo.
La opción de cables enterrados transforma el ambiente urbano, reduce riesgos de interrupciones por fenómenos climáticos y preserva el paisaje. Sin embargo, esta elección requiere altas inversiones, excavaciones complejas y planificación a largo plazo.
Cables enterrados son política nacional en Dinamarca desde 2008
En Dinamarca, la directriz para enterrar los cables de energía de alta tensión fue formalizada en 2008. El país estableció que todas las nuevas líneas de 400 kV deberían ser instaladas en el subsuelo. La medida fue adoptada para preservar paisajes naturales, aumentar la confiabilidad del sistema y disminuir los riesgos de fallas durante tormentas o accidentes.
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Hoy, el sistema eléctrico danés es considerado uno de los más confiables de Europa, con una disponibilidad superior al 99,99%. Este nivel es posible, en parte, porque los cables están protegidos de factores externos, como caídas de árboles, vientos fuertes o vandalismo.
Aparte de la seguridad, el motivo estético también se valora. Áreas costeras, zonas rurales y sitios históricos tienen prioridad en la transición a cables subterráneos, con el fin de preservar el patrimonio visual del país.
Brasil mantiene cables aéreos por costo y dificultades operativas
A diferencia de Dinamarca, Brasil todavía adopta mayoritariamente el sistema de cableado aéreo, visible en postes que atraviesan ciudades enteras. La principal razón es el alto costo de la instalación subterránea. Especialistas estiman que enterrar cables de energía puede costar hasta 10 veces más que mantener redes aéreas.
El proceso requiere excavaciones profundas, alteración del tráfico urbano, remoción de aceras y realocación de otras infraestructuras subterráneas, como agua, alcantarillado y telecomunicaciones. En ciudades densamente pobladas, estas intervenciones causan trastornos que hacen que el modelo subterráneo sea menos viable a corto plazo.
La ausencia de una política nacional integral también es un factor. En Brasil, la implementación de cables enterrados ocurre de forma aislada, generalmente en regiones centrales de las capitales o en barrios con alto estándar de urbanización. Hay experiencias puntuales en São Paulo, Brasilia, Curitiba y Belo Horizonte, pero sin una expansión a gran escala.
Seguridad y mantenimiento también diferencian los modelos
Las redes subterráneas ofrecen más seguridad contra caídas de árboles, inundaciones y cortocircuitos provocados por tormentas. El suministro de energía es más estable y la necesidad de mantenimiento de emergencia es menor.
Sin embargo, cuando ocurren fallas, el mantenimiento de cables enterrados es más complejo. Exige sondeos técnicos, acceso al subsuelo y mayor tiempo de reparación, ya que los defectos no son visibles. En los sistemas aéreos, los técnicos pueden identificar fallas rápidamente y realizar reparaciones con equipos móviles, lo que reduce el tiempo de respuesta en emergencias.
Estética urbana: el cable que atraviesa el paisaje
En términos visuales, las diferencias entre los modelos son evidentes. Las ciudades con cables aéreos enfrentan contaminación visual, con postes sobrecargados de redes de electricidad, telecomunicaciones e iluminación pública. La presencia de estos cables también interfiere en proyectos de arborización, reduciendo la altura de los árboles y afectando la sombra en las aceras.
En Dinamarca, en cambio, la ausencia de cables contribuye a la valorización de las áreas urbanas y turísticas. Calles limpias, sin interferencia visual, hacen el ambiente más agradable y organizado. Este factor, aunque menos medible económicamente, tiene peso en la calidad de vida y en la percepción de la población sobre el espacio urbano.
Costo-beneficio a largo plazo aún es debatido en Brasil
Aunque el costo inicial de enterrar cables es alto, estudios muestran que la durabilidad de los cables enterrados compensa esta inversión a lo largo del tiempo. En promedio, estos cables duran más de 40 años y requieren menos intervenciones.
Por otro lado, la adaptación del modelo danés a Brasil se enfrenta a la falta de planificación urbana integrada, las dificultades de coordinación entre entidades públicas y privadas, y la urgencia de resolver problemas inmediatos de la infraestructura básica.
Comparativa entre los dos países
| Criterio | Dinamarca | Brasil |
|---|---|---|
| Tipo predominante de red | Cables enterrados | Cables aéreos |
| Política pública nacional | Sí, desde 2008 | No existe |
| Costo inicial | Alto, pero planificado | Bajo, preferido en áreas urbanas |
| Estética urbana | Sin contaminación visual | Contaminación visual presente |
| Mantenimiento | Raro, pero complejo | Frecuente, pero rápido |
| Seguridad y confiabilidad | Muy alta | Variable, afectada por intempéries |
La decisión de Dinamarca de enterrar sus cables de energía refleja un modelo de urbanismo planificado, con enfoque en seguridad, estética y eficiencia a largo plazo. En cambio, Brasil opta por mantener los cables visibles debido al costo, la complejidad operativa y la falta de políticas nacionales de infraestructura subterránea.


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