En uno de los ambientes más extremos del planeta, una nueva generación de observación espacial surge para captar señales invisibles y revelar fenómenos cósmicos nunca antes accesibles por la ciencia moderna
A más de 5.600 metros sobre el nivel del mar, en el corazón del Desierto de Atacama, en el norte de Chile, un nuevo capítulo de la astronomía mundial comienza a escribirse. Se trata del Fred Young Submillimeter Telescope (FYST), considerado el telescopio submilimétrico más alto del mundo, que ya está en plena operación y promete revolucionar la forma en que entendemos el universo.
La información fue divulgada por la “Revista OESTE”, que detalló cómo este instrumento de última generación fue instalado en la cima del Cerro Chajnantor, uno de los puntos más elevados y secos del planeta. Este factor, de hecho, no es solo geográfico, sino estratégico: cuanto mayor es la altitud, menor es la interferencia del vapor de agua en la atmósfera — elemento que puede bloquear señales extremadamente sensibles provenientes del espacio profundo.
Además, el ambiente árido del Atacama crea condiciones casi perfectas para observaciones astronómicas, lo que sitúa a Chile entre los principales polos científicos del mundo. De esta forma, el FYST pasa a integrar un selecto grupo de observatorios capaces de investigar el llamado universo frío, una región cósmica marcada por temperaturas extremadamente bajas y señales casi imperceptibles.
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Qué hace del telescopio submilimétrico FYST una herramienta revolucionaria en la astronomía moderna

Antes que nada, es importante entender la diferencia central de este equipo: el FYST es un telescopio submilimétrico, es decir, no observa la luz visible como los telescopios tradicionales. En cambio, capta radiaciones en rangos que van del submilimétrico al milimétrico, permitiendo analizar fenómenos invisibles a los ojos humanos.
Estas frecuencias son emitidas principalmente por gas y polvo extremadamente fríos, que están directamente ligados a procesos fundamentales del universo, como el nacimiento de estrellas, la formación de galaxias e incluso los vestigios del Big Bang.
Con un espejo de aproximadamente seis metros de diámetro y un diseño óptico altamente optimizado, el FYST fue desarrollado para realizar mapeos de grandes áreas del cielo con alta sensibilidad. Esto significa que logra identificar patrones y estructuras cósmicas a gran escala, algo esencial para estudios de cosmología.
Además, su ubicación por encima de la mayor parte del vapor de agua de la atmósfera permite captar señales que simplemente no serían detectadas en altitudes más bajas. Consecuentemente, el telescopio amplía significativamente la capacidad de observación de objetos distantes y fenómenos antiguos del universo.
Cómo el FYST está ayudando a desvelar los misterios del universo frío y de la formación cósmica

A diferencia de los telescopios que se enfocan en objetivos específicos, el FYST actúa como un verdadero “barredor del cielo”, cubriendo áreas extensas e identificando regiones que posteriormente pueden ser estudiadas en detalle por otros observatorios.
En este contexto, el telescopio submilimétrico desempeña un papel esencial al proporcionar datos iniciales que orientan investigaciones más profundas. Entre sus principales objetivos científicos, se destacan:
- Investigar la formación de las primeras estrellas y galaxias, rastreando señales de nubes de gas frío en colapso gravitacional
- Analizar la radiación cósmica de fondo de microondas, que guarda pistas sobre la expansión del universo
- Estudiar la distribución de materia oscura y energía oscura, elementos aún poco comprendidos por la ciencia
- Observar regiones de formación estelar en la Vía Láctea, muchas veces escondidas por densas nubes de polvo
Además, estos estudios permiten probar teorías sobre la evolución del universo basándose en datos observacionales cada vez más precisos. De esta forma, el FYST se posiciona como una pieza clave en la comprensión de la historia cósmica.
La integración con otros observatorios transforma el Atacama en uno de los mayores centros científicos del planeta

Otro punto crucial es la integración del FYST con estructuras ya consolidadas, como el Observatorio ALMA. Mientras que ALMA se especializa en observar detalles extremadamente pequeños con altísima resolución, el FYST destaca por mapear grandes regiones rápidamente.
Esta complementariedad crea un verdadero ecosistema científico, donde diferentes telescopios analizan los mismos objetos en diversas franjas de luz —incluyendo radio, infrarrojo, submilimétrico y visible—.
Como resultado, los científicos consiguen obtener una visión mucho más completa de la composición, temperatura y dinámica de los cuerpos celestes. Además, este enfoque colaborativo potencia campañas internacionales de observación y acelera descubrimientos científicos.
Colaboración internacional e impacto educativo fortalecen la ciencia global y latinoamericana
Detrás de este ambicioso proyecto hay una amplia colaboración internacional que involucra a instituciones de Chile, Alemania, Canadá y Estados Unidos, con liderazgo parcial de la Universidad de Cornell.
Al mismo tiempo, la Universidad de Chile desempeña un papel fundamental en la operación del telescopio y en la formación de nuevos especialistas. Esto incluye capacitación en áreas como instrumentación, análisis de datos y desarrollo de software científico.
Además, el proyecto también impulsa programas educativos y oportunidades para jóvenes investigadores, especialmente en América Latina. De esta manera, el FYST no solo amplía el conocimiento científico, sino que también fortalece la formación de una nueva generación de científicos.
Finalmente, con su operación continua, el telescopio debe generar un volumen masivo de datos, lo que exige equipos multidisciplinares y consolida el Desierto de Atacama como un verdadero laboratorio natural del universo.

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