De acuerdo con datos de la Companhia Nacional de Abastecimento (Conab), en 1976 Brasil producía 46,9 millones de toneladas de granos en cerca de 37,32 millones de hectáreas, 1.258 kilos de hectárea. Para la actual cosecha, la previsión es que se recojan alrededor de 310,9 millones de toneladas en cerca de 77 millones de hectáreas, 4.037 kilos por hectárea.
En prácticamente 50 años, el país aumentó casi seis veces la producción y dos veces su área cultivada. Así, el Brasil triplicó su productividad. Todo esto se logró a partir de la ciencia, la investigación, la inversión pública y privada, y con la dedicación de investigadores y colaboradores, liderazgo político y de los productores rurales repartidos por diversas regiones brasileñas.
Recientemente, Eliseu Roberto de Andrade Alves, 92 años, uno de los científicos brasileños más importantes, se jubiló. Anunció su alejamiento después de más de 50 años de servicio a la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (Embrapa).
Estando presente desde la primera directiva ejecutiva, Eliseu Alves se retira y deja como legado el modelo de investigación basado en productos y características de cada región, lo que hizo que Embrapa diversificara su actuación científica, viabilizando todo el desarrollo regional.
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Fue por esta perspectiva que también Alves promovió investigaciones en redes, formando grupos de investigadores de Embrapa con científicos de universidades y órganos de investigación de la región, llegando hasta la base, que es el producto rural. Uno de los mayores desafíos de Embrapa, según lo que él dijo en su discurso de despedida, es garantizar más competitividad a los pequeños productores, que incluso compran insumos más caros y también venden sus productos aún más baratos que los pequeños productores.
A pesar de las dificultades que la organización enfrenta para mantener la investigación en el campo, en todas las regiones de este gran país, Eliseu Alves asegura que la Embrapa es un éxito, ya que logró transformar a un país que hasta entonces era importador de alimentos en una potencia mundial, que ahora abastece a más de 150 países y ahora también tiene en su campo una de las principales actividades económicas.
Así como Eliseu Alves, el Brasil tiene otras personalidades, personas que unieron estudios y trabajo para la innovación y para llevar tecnología al campo, incluso para iniciativas privadas. Ney Bittencourt de Araújo es un gran ejemplo de ello. Fue una de las cabezas pensantes que hicieron la diferencia en el agro. Ney, ingeniero agrónomo y administrador de formación, estuvo al frente del grupo Agroceres entre 1971 y 1996. Fue reconocido por grandes personalidades, como Roberto Rodrigues, quien dedicó un libro a la trayectoria de Bittencourt.
Fue Ney Bittencourt de Araújo, por ejemplo, quien nos trajo el concepto de agronegocio, que abarca desde la producción hasta el retail. Él entendía que la agropecuaria era el enlace que unía y movía la ciencia, la tecnología y la industria. El agro brasileño no debe, en ningún momento, tener su imagen manchada por cualquier actitud de una parte pequeña que no representa a un todo. El agro brasileño es mucho mayor que los partidos políticos, es ciencia, porque tiene investigación como base.
