Científicos de la Universidad de Columbia alertan que el plan de inyectar aerosoles en la estratosfera para reducir la luz solar puede generar desbalances climáticos graves y efectos opuestos a los esperados
Con el avance de la crisis climática y el fracaso de las metas de reducción de emisiones de carbono, los científicos están analizando soluciones alternativas para contener el calentamiento global. Una de ellas es la geoingeniería solar — una propuesta que busca enfriar la Tierra al reflejar parte de la luz del Sol de vuelta al espacio.
No obstante, los especialistas advierten que esta técnica puede generar resultados imprevisibles e incluso agravar el problema que pretende resolver.
La alerta sobre la geoingeniería solar
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Entre ellos, la llamada inyección de aerosoles estratosféricos (SAI, en inglés) ha ganado protagonismo. La técnica consiste en pulverizar partículas en la estratosfera para bloquear parte de la radiación solar.
Pero un equipo de científicos de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, advirtió que la dependencia de la geoingeniería solar puede ser extremadamente arriesgada. Incluso si se aplica correctamente, puede generar un efecto opuesto al deseado.
Según los investigadores, los modelos computacionales que simulan el proceso presentan resultados optimistas, pero no representan fielmente lo que podría ocurrir en el mundo real.
Simulaciones prometedoras, pero llenas de incertidumbres
La investigadora V. Faye McNeill, química atmosférica y científica de aerosoles de la Universidad de Columbia, explicó que el método de la SAI se basa en fenómenos naturales. Las erupciones volcánicas, por ejemplo, arrojan millones de toneladas de dióxido de azufre a la atmósfera, lo que forma aerosoles de sulfato capaces de reflejar la luz solar y reducir la temperatura global durante años.
A pesar de esto, McNeill advirtió que las simulaciones de laboratorio no consideran las innumerables variables presentes en la atmósfera real. “Hay una serie de cosas que pueden suceder si intentas hacer esto – y argumentamos que el rango de resultados posibles es mucho mayor de lo que cualquiera había imaginado hasta ahora”, afirmó.
El equipo resalta que, por más sofisticados que sean los modelos, aún idealizan condiciones imposibles de reproducir en su totalidad.
Estas simulaciones utilizan partículas “perfectas”, lanzadas en cantidades y lugares controlados. En la práctica, sin embargo, factores como dispersión desigual, interferencia climática y limitaciones técnicas pueden alterar completamente el comportamiento de esas partículas.
Obstáculos técnicos y políticos
La investigadora Miranda Hack, también de la Universidad de Columbia, lideró el análisis que señala una serie de limitaciones para la aplicación práctica de la SAI. Los desafíos van desde barreras políticas y diplomáticas hasta dificultades de ingeniería y logística.
Los científicos destacaron que, en un escenario ideal, habría un organismo internacional centralizado para coordinar la operación y monitorear los efectos globales.
No obstante, consideran que este modelo de gobernanza es prácticamente inviable ante la actual fragmentación geopolítica. La falta de consenso entre países y el riesgo de uso unilateral de esta tecnología agravan aún más el problema.
Además de las barreras políticas, los obstáculos técnicos también son considerables. El equipo resaltó que las cadenas de suministros globales podrían verse sobrecargadas incluso para materiales relativamente accesibles, como cal y azufre.
Otras sustancias, como partículas de diamante, han sido sugeridas en investigaciones anteriores por su alta eficiencia reflectante. Sin embargo, las cantidades necesarias para la aplicación a gran escala superarían toda la producción mundial actual.
Otro punto crítico es la propia manipulación de los materiales. Muchos de ellos, al ser triturados en partículas finas, tienden a aglomerarse, perdiendo la capacidad de reflejar la luz solar de manera efectiva. Esto haría que el proceso sea aún más complejo y costoso, además de reducir su eficiencia.
La necesidad de más estudios antes de cualquier aplicación
Ante las incertidumbres, los científicos defienden que la SAI aún está lejos de convertirse en una solución práctica o segura para el control climático. El estudio concluye que es necesario ampliar significativamente el conocimiento sobre las consecuencias físicas, químicas y sociales antes de cualquier intento de implementación.
“Incluso cuando las simulaciones de SAI en modelos climáticos son sofisticadas, necesariamente serán idealizadas”, observó McNeill. Para ella, comparar los resultados de las simulaciones con las condiciones reales demuestra lo frágiles e incompletas que aún son estas previsiones.
El análisis completo del equipo fue publicado en la revista Scientific Reports, reforzando la necesidad de precaución con soluciones de alto riesgo en un escenario ya crítico de cambios climáticos.
Mientras el mundo busca alternativas para contener el calentamiento global, los investigadores enfatizan que la prisa por adoptar tecnologías experimentales puede generar más daños que beneficios.
El equipo publicó su análisis en un artículo en la revista Scientific Reports.

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