Autovelox instalados en pequeñas ciudades italianas mueven cifras millonarias, mientras Roma, Milán y otros grandes centros registran caída en la recaudación
Un estudio sobre multas de tráfico en Italia reveló una distorsión que llamó la atención en el país. Pequeños municipios italianos comenzaron a recaudar valores millonarios con radares de velocidad, conocidos localmente como autovelox, incluso teniendo poblaciones muy reducidas.
El caso más expresivo ocurrió en Colle Santa Lucia, un pueblo con poco más de 300 habitantes, ubicado en los Dolomitas, en la región del Véneto. Entre 2021 y 2025, un único radar instalado en el municipio rindió más de 2 millones de euros, según datos del Codacons, asociación de consumidores italiana.
La cantidad equivale a un promedio de 5.989 euros por habitante. El número colocó a la pequeña localidad en el centro de una discusión nacional sobre fiscalización, multas y recaudación pública.
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Estudio muestra el peso de los radares en ciudades pequeñas
El análisis del Codacons se realizó con base en datos enviados al Ministerio del Interior de Italia. Según el estudio, localidades pequeñas logran recaudar sumas elevadas porque los radares están instalados en tramos de gran circulación.
El resultado financiero depende menos del tamaño de la población y más de la intensidad del tráfico en cada carretera monitoreada. La crítica, sin embargo, no surgió ahora.
El periódico Corriere della Sera recuerda que los autovelox son acusados desde hace años de funcionar como una especie de cajero automático para administraciones locales. Esta percepción ganó fuerza porque algunos municipios pequeños comenzaron a registrar ingresos superiores a los de ciudades mucho más grandes.
Galatina y otras ciudades también acumulan millones
El caso de Colle Santa Lucia no es aislado. En Galatina, municipio con cerca de 26 mil habitantes en la provincia de Lecce, en el sur de Italia, los radares garantizaron cerca de 5,3 millones de euros en 2025.
Este valor superó la recaudación registrada por varias grandes ciudades italianas. Cuando se suman los ingresos de Trepuzzi, Cavallino, Lecce y de la provincia, el total llegó a 9,3 millones de euros.
Otro punto citado por el estudio fue la carretera estatal Telesina, que conecta las regiones de Campania y Molise. A lo largo de esta vía, cinco municipios con radares recaudaron juntos más de 2,8 millones de euros.
Grandes centros caminan en la dirección opuesta
Las principales ciudades italianas registraron caída en el mismo período. En 2025, las mayores ciudades recaudaron 56,5 millones de euros con radares electrónicos.
El valor representó un descenso de 8,9% en comparación con el año anterior. Entre los grandes centros, Florencia lideró la recaudación, con 19,7 millones de euros.
En la secuencia, aparecieron Bolonia, con 9,2 millones de euros, y Milán, con 6,9 millones de euros. Roma tuvo la mayor retracción entre las grandes ciudades.
La capital italiana vio los ingresos caer de 4,8 millones a 2,3 millones de euros, una reducción de 52%.
Reglas más estrictas cambian el escenario de las multas
Según el Codacons, la caída en las grandes ciudades tuvo relación con reglas más estrictas adoptadas en 2025. Decisiones de la Corte de Casación también anularon multas aplicadas por equipos aprobados, pero no homologados.
Estos casos, sin embargo, son decisiones concretas y no forman jurisprudencia vinculante. Aun así, aumentaron el debate sobre la validez de los cobros hechos por radares electrónicos.
El punto central de la discusión está en la homologación de los aparatos. Un decreto del Ministerio de Infraestructuras y Transportes prevé que radares instalados después de 2017 sean considerados homologados automáticamente.
El texto, sin embargo, aún no ha sido publicado en la Gazzetta Ufficiale, el diario oficial italiano.
Asociaciones alertan sobre nueva ola de recursos
La asociación Assoutenti afirma que juristas cuestionan la validez de esta regla. Por eso, el número de recursos contra multas puede crecer en vísperas del éxodo de verano.
Este escenario aumenta la presión sobre ayuntamientos, conductores y autoridades de tránsito. Al mismo tiempo, refuerza la discusión sobre el límite entre fiscalización necesaria y recaudación excesiva.
Para los municipios pequeños, los radares se han convertido en una fuente relevante de ingresos. Para los conductores, sin embargo, los autovelox se han convertido en símbolo de un cobro cada vez más cuestionado.
Ahora, Italia necesita decidir cómo equilibrar seguridad vial, legalidad de los equipos y transparencia en la recaudación pública. Al fin y al cabo, ¿los radares de velocidad deben ser vistos como una herramienta de seguridad en el tráfico o como una fuente millonaria de ingresos para pequeñas ciudades?

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