Estudio de la revista Land (MDPI) muestra que el reflorestamiento en la Amazonía puede desplazar hasta el 12% de la deforestación hacia municipios vecinos, generando un efecto indirecto inesperado.
Durante años, el reflorestamiento fue tratado como una de las soluciones más directas para contener el avance de la deforestación en la Amazonía y mitigar los cambios climáticos. Plantar árboles, recuperar áreas degradadas y restaurar bosques parece, a primera vista, una estrategia ambientalmente inequívoca.
No obstante, un estudio reciente publicado en 2025 en la revista científica Land, de la editorial MDPI, trae una alerta importante: los esfuerzos de reflorestamiento pueden provocar un efecto indirecto conocido como “fuga de deforestación” (leakage effect), desplazando actividades agrícolas y pecuarias hacia municipios vecinos y generando nuevos focos de deforestación.
Lo que dice el estudio científico
El artículo, titulado Efectos de Fuga del Reforestamiento: Estimando el Impacto del Desplazamiento Agrícola para los Mercados de Carbono, fue conducido por los investigadores Daniel S. Silva y Samia Nunes.
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La investigación analizó datos municipales de la Amazonía brasileña en el período de 2000 a 2023, utilizando modelos econométricos espaciales para entender cómo los cambios en el uso de la tierra en un municipio afectan áreas cercanas.

El hallazgo principal fue claro: Cuando áreas son destinadas al reflorestamiento, parte de las actividades productivas —especialmente ganadería y agricultura— no desaparece. En cambio, pueden migrar a municipios vecinos.
Este desplazamiento fue estadísticamente significativo y representó, en promedio, cerca del 12% de la superficie reflorestada convertida en presión adicional de deforestación en regiones cercanas.
Cómo funciona la “fuga de deforestación”
El mecanismo es relativamente simple, pero tiene implicaciones complejas. Cuando un municipio amplía políticas de reflorestamiento o restringe el uso de la tierra para actividades productivas, los productores que dependen de esas áreas pueden buscar nuevas tierras disponibles. En regiones como la Amazonía, donde hay extensas áreas aún susceptibles de conversión, esta migración puede resultar en la apertura de nuevos frentes de deforestación.
El estudio identificó que el efecto de fuga tiende a ocurrir dentro de un radio de aproximadamente 150 kilómetros y generalmente se manifiesta hasta dos años después del inicio del reflorestamiento. Es decir, la política ambiental en un área puede generar impactos indirectos en otra, alterando la dinámica regional de uso de la tierra.
Implicaciones para los mercados de carbono
Uno de los puntos más sensibles del estudio está relacionado con los mercados de carbono. Proyectos de reflorestamiento a menudo generan créditos de carbono basados en la estimación de emisiones evitadas o carbono secuestrado. Sin embargo, si parte de la actividad agrícola simplemente migra a otra área y provoca nueva deforestación, el beneficio climático neto puede ser menor de lo estimado.
Según los autores, sistemas de certificación y programas internacionales —como los utilizados por iniciativas privadas y mecanismos de REDD+— pueden subestimar este efecto espacial si no incorporan modelos que capturen desplazamientos regionales.
Esto significa que, aunque el reflorestamiento continúe siendo una herramienta importante, debe ser acompañado por políticas integradas que eviten la simple transferencia de la presión ambiental a otro territorio.
La complejidad territorial de la Amazonía
La Amazonía brasileña está marcada por una fuerte interconectividad económica y territorial. Cadenas productivas de ganadería, soja y otras actividades agropecuarias operan en escala regional.
En este contexto, cambios en el uso de la tierra en un municipio difícilmente quedan restringidos a sus límites administrativos. El estudio muestra que políticas aisladas pueden generar respuestas adaptativas del mercado, especialmente cuando hay demanda continua por producción agropecuaria.

Esto no significa que el reflorestamiento sea ineficaz. Por el contrario: sigue siendo esencial para restaurar ecosistemas, proteger biodiversidad y secuestrar carbono. El punto central es que la eficacia depende de la integración con un planeamiento territorial más amplio.
El desafío de las políticas ambientales
Los resultados refuerzan una discusión creciente en el campo de la economía ambiental: las políticas locales deben considerar efectos indirectos. Sin coordinación regional o nacional, acciones bien intencionadas pueden tener resultados parciales. La deforestación puede no disminuir en el agregado si solo cambia de lugar. Esto pone de manifiesto la necesidad de:
- Políticas de ordenamiento territorial integradas
- Fiscalización ampliada en regiones adyacentes
- Incentivos económicos sostenibles para productores
- Alineación entre reflorestamiento y cadenas productivas
La investigación sugiere que considerar solo indicadores locales puede llevar a evaluaciones demasiado optimistas sobre los impactos ambientales de proyectos de restauración.
Lo que cambia en el debate ambiental
El estudio publicado en Land no invalida el reflorestamiento, sino que complejiza el debate. Muestra que las soluciones ambientales exigen una visión sistémica. En una región continental como la Amazonía, las decisiones en un municipio pueden reverberar por cientos de kilómetros.
La pregunta que surge es inevitable: ¿se están diseñando políticas ambientales con un alcance territorial suficiente para evitar que el problema solo cambie de dirección?
En un escenario de creciente presión climática global y expansión de los mercados de carbono, comprender estos efectos indirectos puede ser decisivo para transformar buenas intenciones en resultados ambientales efectivos.

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