El récord no vino de boya ni de barco, sino de un radar en órbita que mapeó crestas en pleno medio del océano, lejos de cualquier costa. Y la energía de aquella tormenta viajó cerca de 24 mil kilómetros, cruzando el Pasaje de Drake hasta el Atlántico Tropical, semanas después de que el mar ya se hubiera calmado en el Pacífico.
Un satélite de la NASA y de la agencia espacial francesa capturó desde el espacio la ola más grande jamás medida en mar abierto: una pared de agua de cerca de 19,7 metros de altura, tan alta como un edificio de seis pisos, generada por la tormenta Eddie en el Pacífico Norte en diciembre de 2024. El registro, hecho lejos de cualquier costa, es el mayor jamás obtenido por satélite en más de tres décadas de observaciones y reveló detalles inéditos sobre cómo el océano transporta su energía.
La medición fue realizada el 21 de diciembre de 2024, en el auge de la tormenta Eddie, por el satélite SWOT, sigla en inglés para Topografía de las Aguas Superficiales y del Océano, una misión conjunta de la agencia espacial estadounidense NASA con la francesa CNES. El estudio fue liderado por el oceanógrafo Fabrice Ardhuin, del Laboratorio de Oceanografía Física y Espacial de Francia, y publicado en septiembre de 2025 en la revista científica PNAS, de Estados Unidos.
El número correcto: 19,7 metros, no 35

El récord medido por el satélite fue de 19,7 metros de altura significativa de la ola, no de 35 metros como algunos llegaron a afirmar. La altura significativa es una medida estadística que representa el promedio de las olas más grandes observadas, y es el número oficial y validado del estudio.
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El valor de 35 metros que circuló en algunas publicaciones se refiere, en realidad, a una estimación de crestas individuales aisladas que podrían haber ocurrido dentro de aquella tormenta, y no a la medición récord en sí. Para efectos de comparación, la Agencia Espacial Europea describe la ola de casi 20 metros como tan alta como un edificio de seis pisos o el Arco del Triunfo, en París, lo que ya es impresionante por sí solo, sin necesidad de exageraciones.
Cómo un satélite mide olas en medio del océano

El SWOT, lanzado en diciembre de 2022, logra crear mapas bidimensionales de la superficie del océano, midiendo no solo la altura de las olas, sino también su longitud y dirección, incluso cuando las crestas están separadas por más de 500 metros. Esto permite observar ondulaciones en áreas remotas del mar, donde boyas y barcos rara vez pueden registrar eventos con la misma precisión.
Antes del SWOT, la humanidad ya tenía datos de altura de olas captados por cerca de 15 satélites desde 1991, pero hasta diciembre de 2024 esas mediciones nunca habían superado los 18,5 metros. No porque olas más grandes no existieran, sino porque los satélites antiguos cubrían solo una fracción pequeña del océano y casi siempre pasaban lejos del centro de las tormentas. La suerte fue que el SWOT cruzó justo el corazón de la tormenta Eddie en el momento pico de las olas.
La tormenta Eddie y las olas que cruzaron el planeta
La tormenta Eddie fue un ciclón extratropical de rara intensidad, considerado el de mayor altura media de olas del Pacífico en la última década. Causó muertes y daños a lo largo de la costa americana, desde Canadá hasta Perú, y generó las olas gigantes que marcaron la famosa competencia de surf conocida como the Eddie, en Hawái, enfocada precisamente en olas extremas.
Pero el aspecto más fascinante fue el alcance de esta energía. Las olas generadas por Eddie se transformaron en marullo, el tipo de ondulación que viaja largas distancias después de que la tormenta pasa, y recorrieron cerca de 24 mil kilómetros. Salieron del Pacífico Norte, atravesaron el Pasaje de Drake, entre América del Sur y la Antártida, y llegaron al Atlántico Tropical entre el 21 de diciembre de 2024 y el 6 de enero de 2025, mostrando cómo un evento extremo en un punto del planeta reverbera a través de los océanos.
Lo que el estudio corrigió en los modelos del océano
Uno de los resultados más relevantes de la investigación fue ajustar la forma en que la ciencia calcula la energía de las olas más largas. Al contrario de lo que se podría imaginar, el problema no era que los modelos ignoraran esta fuerza: lo que ocurría es que sobrestimaban hasta 20 veces la energía transportada por las olas de mayor longitud, distribuyendo la fuerza de una manera diferente a lo que el satélite observó en la práctica.
Con los datos directos del SWOT, los investigadores comenzaron a trabajar en un modelo más preciso, que tiene en cuenta interacciones complejas entre ondas cortas y largas, antes poco consideradas en las previsiones de alta mar. En lugar de revelar una fuerza desconocida, el estudio sirvió para validar y corregir los modelos existentes, haciendo que las previsiones de olas extremas sean más confiables en el futuro, algo esencial para la seguridad en el mar.
Por qué esto importa para barcos y plataformas
Las olas extremas no son solo un espectáculo visual. Para barcos cargueros, plataformas de energía offshore, cables submarinos y puertos, una pared de agua de decenas de metros representa un riesgo directo a la seguridad, la navegación y la ingeniería marítima. Saber con más precisión dónde y cómo se forman estas olas puede ayudar a evitar tragedias en el mar y a proteger estructuras que cuestan miles de millones.
El monitoreo por satélite abre camino para aplicaciones prácticas, como identificar áreas peligrosas antes de que las olas alcancen rutas de navegación, ajustar trayectorias de embarcaciones durante tormentas intensas, revisar normas de ingeniería para plataformas y estructuras costeras y mejorar los modelos que predicen marejadas y erosión. Para el sector de petróleo y energía en el mar, en especial, este tipo de información es estratégico para la seguridad de las operaciones.
Las olas extremas y el clima
Una de las cuestiones pendientes es si megatormentas como la Eddie están volviéndose más frecuentes o intensas debido a los cambios climáticos. El equipo de Fabrice Ardhuin investiga esta relación, y el propio investigador es cauteloso al afirmar que el calentamiento global puede ser uno de los motores de este fenómeno, pero no el único, ya que factores como el relieve del fondo del mar, las rutas de las tormentas y las variaciones naturales del clima también influyen.
Lo que se sabe es que océanos más cálidos almacenan más energía, alimentan tormentas más fuertes y ayudan a crear los vientos que forman olas gigantes. Por eso, el papel del SWOT será central en esta investigación: al medir el océano con riqueza de detalles, el satélite permitirá comparar eventos extremos a lo largo de los años y verificar si la energía de las tormentas está cambiando junto con el clima del planeta.
La ola de casi 20 metros captada desde el espacio por la misión SWOT es mucho más que un récord curioso: es la prueba de que parte de la fuerza del océano aún escapaba de las mediciones tradicionales y ahora puede ser observada directamente desde órbita, incluso en puntos remotos del mar. La tormenta Eddie mostró que el océano transporta energía de formas complejas, y cada nuevo registro transforma fenómenos antes invisibles en datos concretos para la ciencia, la navegación y la seguridad marítima.
¿Alguna vez habías imaginado que un satélite puede medir desde el espacio una ola del tamaño de un edificio de seis pisos en medio del océano? ¿Qué te impresiona más, la altura de la ola o el hecho de que su energía haya viajado 24 mil kilómetros? Deja tu comentario, cuenta qué opinas de este descubrimiento y comparte el artículo con quienes se interesan por la ciencia, los océanos y la tecnología espacial.

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