Ingeniería improvisada en el desierto transformó miles de botellas plásticas en casas más resistentes para refugiados saharauis en Argelia. Con apoyo de ACNUR, el proyecto unió reciclaje, construcción de bajo costo y protección contra calor extremo, tormentas de arena y lluvias intensas en una de las regiones más áridas del planeta.
Botellas plásticas desechadas comenzaron a formar paredes de casas en los campos de refugiados saharauis, en el desierto de Argelia, después de que el ingeniero Tateh Lehbib Breica desarrollara una técnica orientada a la protección contra calor extremo, tormentas de arena y lluvias que frecuentemente afectan las viviendas frágiles de la región.
Con apoyo del ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, la iniciativa financió la construcción de 25 viviendas destinadas principalmente a ancianos, familias de bajos ingresos y residentes en situación de mayor vulnerabilidad dentro de los campos instalados cerca de la ciudad argelina de Tindouf.
En cada construcción, aproximadamente 6 mil botellas plásticas llenas de arena son apiladas como bloques estructurales, formando paredes gruesas que luego reciben revestimiento de cemento y cal, además de pintura blanca aplicada para reducir la absorción de calor bajo el clima desértico.
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Cómo surgió el proyecto de casas hechas con botellas en el desierto
Nacido en el campo de Awserd, Tateh Lehbib Breica estudió energía renovable y eficiencia energética antes de aplicar este conocimiento en una solución creada para atender necesidades de la propia comunidad saharaui, instalada hace décadas en campamentos considerados temporales en el oeste de Argelia.
La idea comenzó a tomar forma después de que lluvias intensas dañaran casas construidas con adobe y otras estructuras más frágiles utilizadas por los refugiados, escenario que llevó al ingeniero a buscar alternativas más resistentes utilizando materiales accesibles encontrados dentro de los propios campos.
Inicialmente, las botellas serían aprovechadas en un jardín instalado en la terraza de la residencia de la abuela de Tateh, pero el proyecto cambió de dirección cuando decidió llenarlas con arena y paja para transformarlas en piezas estructurales usadas en el montaje de las paredes.
Formato circular ayuda a enfrentar vientos y tormentas
Además del aprovechamiento del plástico, el formato circular de las casas también fue pensado para mejorar la resistencia de las construcciones ante las condiciones climáticas severas enfrentadas por los refugiados saharauis a lo largo del año en pleno desierto del Sahara.

Mientras que las estructuras redondeadas reducen el impacto de los vientos fuertes, las paredes rellenas con arena aumentan la protección contra infiltraciones provocadas por lluvias intensas y ayudan a disminuir los efectos de las tormentas de arena que afectan frecuentemente la región.
Al mismo tiempo, la propuesta también reduce la acumulación de residuos plásticos en los campos, creando una alternativa de bajo costo en lugares donde los materiales convencionales de construcción pueden ser caros, escasos o difíciles de transportar debido al aislamiento geográfico.
Construcciones involucraron participación de la comunidad saharaui
Además de atender a familias consideradas prioritarias, el proyecto movilizó a los habitantes de los propios campos en la recolección, separación y preparación de las botellas usadas durante las obras, creando una red comunitaria orientada a la construcción de los nuevos refugios levantados con materiales reutilizados.
La ejecución de las casas requiere etapas manuales prolongadas, ya que cada botella necesita ser llenada adecuadamente con arena antes de ser colocada en las paredes, proceso que demanda organización colectiva, mano de obra capacitada y materiales complementarios para acabado y revestimiento.
Registros de organizaciones vinculadas a la vivienda humanitaria indican que, aunque la financiación inicial preveía 25 viviendas, el proyecto alcanzó 27 casas concluidas, beneficiando aproximadamente a 50 refugiados distribuidos por los cinco principales campos saharauis existentes en la región.

Ingeniería de bajo costo se convirtió en referencia humanitaria
Aunque no sustituya políticas habitacionales amplias ni resuelva la situación prolongada de los refugiados saharauis, la iniciativa ha pasado a ser vista como ejemplo de adaptación local capaz de unir reciclaje, ingeniería simple y soluciones accesibles para regiones afectadas por condiciones climáticas extremas.
Datos divulgados por el Centro Regional de Información de las Naciones Unidas indicaron que, en 2024, cerca de 173,6 mil personas aún dependían de ayuda humanitaria en los cinco campos saharauis, considerados una de las situaciones de refugio más duraderas del mundo.
Conocido internacionalmente por la propuesta, Tateh Lehbib Breica transformó un material tratado como basura en parte central de una tecnología social adaptada a las limitaciones económicas, a la escasez de recursos y a las dificultades impuestas por el clima severo del desierto argelino.
En los campos saharauis, las botellas dejaron de representar solo residuos acumulados en áreas aisladas y pasaron a componer paredes capaces de ofrecer más protección, estabilidad y resistencia para familias obligadas a vivir por décadas en refugios improvisados.

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