La promesa es tentadora, pero exige una lectura cuidadosa. Los tales 200 años valen para la demanda de hidrógeno en la meta de cero emisiones, y solamente si una pequeña fracción de ese gas es realmente recuperable. La mayor parte está demasiado dispersa para ser extraída, y la exploración de esta energía limpia aún está en sus inicios en todo el mundo.
Rocas de miles de millones de años escondidas en las profundidades de la Tierra pueden guardar una de las mayores fuentes de energía limpia del planeta: el hidrógeno natural. Se trata de un gas que se forma cuando el agua reacciona con minerales ricos en hierro en el subsuelo y que, según un estudio del servicio geológico de los Estados Unidos, podría, en teoría, suplir por cerca de 200 años la demanda de hidrógeno prevista para un futuro de bajas emisiones, despertando enorme interés en el sector de energía.
El dato proviene de un estudio publicado en diciembre de 2024 en la revista Science Advances, conducido por los investigadores Geoffrey Ellis y Sarah Gelman, del Servicio Geológico de los Estados Unidos, el USGS. Antes de emocionarse demasiado, sin embargo, es fundamental entender el tamaño de la salvedad: el número impresionante depende de condiciones que aún están lejos de ser confirmadas, y la mayor parte de ese hidrógeno, según los propios autores, probablemente nunca podrá ser extraída de forma viable.
Qué es el hidrógeno natural

El hidrógeno natural, también llamado hidrógeno blanco, dorado o geológico, es aquel formado por procesos naturales en las profundidades de la Tierra, a diferencia del hidrógeno producido en laboratorio o en la industria, que suele requerir mucha energía o depender de combustibles fósiles, como el gas natural.
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Ahí es donde reside su gran atractivo como fuente de energía limpia: por ya existir listo en el subsuelo, podría, en teoría, ser extraído con menos etapas industriales, reduciendo costos y emisiones.
Cuando se utiliza en células de combustible, el hidrógeno genera energía liberando básicamente vapor de agua, en lugar del dióxido de carbono de los combustibles tradicionales, lo que lo coloca en el centro de las discusiones sobre la transición energética.
Cómo se forma el gas en las profundidades de la Tierra
La química detrás de este fenómeno es tan antigua como las propias rocas.
La principal forma de generación es un proceso llamado serpentinización, en el cual el agua penetra en profundidad y reacciona con rocas y minerales ricos en hierro y magnesio, rompiendo moléculas de agua y liberando hidrógeno, que puede quedar atrapado en fracturas y reservorios subterráneos.
Se estima que este mecanismo responde por buena parte del hidrógeno natural de la Tierra.
Hay aún otro proceso, la radiólisis, en el que la radiación natural emitida por elementos en el subsuelo rompe las moléculas de agua, generando el gas.
Para que el hidrógeno se acumule, es necesaria una combinación de factores: rocas antiguas y reactivas, circulación de agua por fracturas, temperaturas adecuadas, poco oxígeno libre y estructuras geológicas capaces de aprisionar el gas, en un arreglo parecido con el que retiene petróleo y gas natural.
Los números del estudio, con los debidos cuidados

El modelo del USGS estima que existe en el subsuelo una cantidad enorme de hidrógeno natural, con un valor más probable en torno a 5,6 millones de megatoneladas, pero con un rango de incertidumbre gigantesco, y los propios autores afirman que la mayor parte está demasiado dispersa para ser recuperada económicamente.
El famoso número de los 200 años se refiere a un escenario específico: si solo una pequeña fracción de este total, algo como el 2% de la estimación central, pudiera ser de hecho extraída, ya sería suficiente para suplir la demanda de hidrógeno proyectada para alcanzar la neutralidad de carbono por cerca de dos siglos.
Es decir, no se trata de abastecer toda la energía del mundo, sino la demanda específica por hidrógeno en un futuro de bajas emisiones, y aún así solo si la extracción se muestra posible.
Dónde pueden estar estas reservas
La búsqueda por hidrógeno natural ya ha comenzado en varias partes del mundo.
Investigadores buscan señales del gas en regiones con rocas cristalinas muy antiguas, cinturones geológicos profundos y áreas con fracturas en la corteza, usando técnicas como la medición de gases que escapan del suelo, el análisis de rocas ricas en hierro y perforaciones exploratorias en puntos prometedores.
Algunos casos ya han llamado la atención del mundo. En 2011, un pozo de agua en la aldea de Bourakébougou, en Malí, liberó un gas que se reveló ser 98% hidrógeno, un hito que cambió la forma en que los científicos veían el tema.
Más recientemente, la región de Lorena, en Francia, ha surgido como una de las más prometedoras, y hay ocurrencias mapeadas en países como Estados Unidos, Australia, Rusia y Omán, aunque la exploración comercial aún está en una etapa inicial.
Los desafíos que aún necesitan ser superados
A pesar de todo el entusiasmo, el camino hacia el aprovechamiento real es largo.
Aún es necesario descubrir cuánto hidrógeno realmente existe en lugares accesibles, si se renueva a una escala útil, si la extracción es económicamente viable, cómo almacenarlo con seguridad y qué impactos ambientales pueden surgir en el proceso, cuestiones que solo más investigación y perforaciones podrán responder a lo largo de los próximos años.
Por eso, el propio estudio del USGS concluye que el tema merece más investigación, sin prometer milagros.
El hidrógeno natural puede, sí, llegar a ser una pieza importante de la matriz energética limpia del futuro, complementando el hidrógeno verde y otras renovables, pero está lejos de ser una solución mágica o inmediata.
Se trata de una oportunidad prometedora que aún necesita salir del campo del potencial para el de la realidad comercial.
Por qué esto interesa a Brasil
El asunto tiene relevancia directa para un país con la geología brasileña.
Brasil posee vastas áreas de rocas cristalinas antiguas y formaciones geológicas que, en teoría, podrían albergar hidrógeno natural, lo que coloca al país en el radar de futuras investigaciones sobre este recurso, en un momento en que el mundo busca alternativas para reducir la dependencia de combustibles fósiles.
Además, Brasil ya es visto como un gigante en potencial del hidrógeno de bajo carbono, especialmente el hidrógeno verde, gracias a su matriz eléctrica renovable.
La eventual confirmación de reservas de hidrógeno natural accesibles podría sumarse a este escenario, reforzando el papel del país en la transición energética global.
Por ahora, sin embargo, es un tema a seguir con interés y cautela, sin anticipar resultados que aún dependen de mucha ciencia.
El hidrógeno natural escondido en rocas de miles de millones de años es una de las apuestas más fascinantes en la búsqueda de energía limpia, con un potencial estimado capaz de impresionar a cualquiera.
Aún así, como muestran los propios científicos del USGS, es esencial separar el entusiasmo de la realidad: los números grandiosos dependen de una fracción recuperable que aún no ha sido comprobada, y la exploración está en sus inicios.
Si la ciencia confirma que vale la pena extraer este gas del subsuelo, el futuro de la energía podría estar realmente guardado en procesos antiquísimos de la Tierra. Hasta entonces, es una promesa a observar con ojos curiosos y pies en la tierra.
¿Y tú, habías oído hablar del hidrógeno natural como fuente de energía limpia? ¿Crees que realmente puede ayudar a sustituir los combustibles fósiles en el futuro, o piensas que aún es pronto para emocionarse? Deja tu comentario, comparte tu opinión sobre la transición energética y comparte el artículo con quienes se interesan por la ciencia, la energía y el futuro del planeta.

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