Auriga Space desarrolla riel electromagnético para acelerar cohetes a velocidades hipersónicas y promete hacer lanzamientos más baratos y frecuentes.
Una startup de California llamada Auriga Space quiere atacar uno de los mayores cuellos de botella de la industria espacial con una propuesta inusual: quitar del cohete la parte más cara e ineficiente del despegue y transferirla a una estructura en tierra impulsada por electricidad. En lugar de depender de una primera etapa convencional, la empresa desarrolla un riel electromagnético capaz de acelerar un pequeño cohete a velocidades hipersónicas antes de la activación del motor propio.
Según TechCrunch, la propuesta de Auriga es usar imanes alimentados por electricidad para impulsar el vehículo a más de seis veces la velocidad del sonido. La empresa argumenta que, al desplazar a tierra parte del esfuerzo inicial del lanzamiento, logra reducir el consumo de propulsor, aumentar la reutilización de la infraestructura y abrir espacio para una mayor cadencia de misiones.
Cómo funciona el riel electromagnético de Auriga Space
La arquitectura descrita por la empresa recuerda, en líneas generales, un sistema lineal inspirado en tecnologías como el maglev, pero aplicada a un escenario mucho más extremo.
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En lugar de transportar pasajeros, el riel utiliza campos magnéticos controlados para acelerar una carga a lo largo de una pista hasta que deje la estructura a alta velocidad y continúe hacia la siguiente fase de la misión.
El punto central de la propuesta es simple de entender. En cohetes tradicionales, gran parte de la masa lanzada es combustible usado en los primeros minutos de vuelo, cuando el vehículo aún lucha contra la gravedad y la atmósfera más densa. Auriga quiere sustituir parte de ese esfuerzo por energía eléctrica aplicada en tierra, donde la infraestructura puede ser reutilizada con mucha más facilidad.
La propia fundadora y CEO de la empresa, Winnie Lai, resumió este problema a TechCrunch al decir que menos del 2% de la masa de un cohete es lo que realmente llega al espacio. Es esta ineficiencia estructural la que la startup intenta atacar con su plataforma electromagnética.
Por qué la idea ha vuelto a ganar fuerza ahora
El concepto de lanzamiento electromagnético no es nuevo, pero Auriga sostiene que el escenario técnico ha cambiado. De acuerdo con TechCrunch, los avances recientes en electrónica de potencia y en operación con tensiones y potencias más altas han ayudado a transformar una propuesta históricamente difícil en algo más plausible desde el punto de vista tecnológico y comercial.

En el sitio oficial, la empresa afirma que su plataforma usa electricidad, y no propulsores, para acelerar cargas a velocidades hipersónicas. También dice que el sistema fue diseñado para ser escalable, reutilizable y controlable, con aplicaciones que van desde pruebas hipersónicas hasta acceso orbital bajo demanda.
Esta combinación ayuda a explicar por qué la propuesta llama la atención. Lo que antes parecía solo una idea elegante en papel ahora comienza a presentarse como una arquitectura de lanzamiento con aplicación comercial, industrial y estratégica, aunque todavía está lejos de ser un producto orbital consolidado.
Prometheus, Thor y Zeus muestran que el proyecto aún está en etapas
Un punto importante para tratar a Auriga con rigor es separar lo que ya existe en desarrollo de lo que aún es ambición declarada. El sistema orbital completo aún no está listo, y la empresa describe su evolución en etapas sucesivas, con un enfoque inicial en infraestructura de pruebas antes de llegar al lanzamiento espacial completo.
Según TechCrunch, la compañía pretende entrar en el mercado primero con pruebas hipersónicas en tierra. El texto informa que el grant más reciente de AFWERX será usado para comercializar un riel de laboratorio llamado Prometheus y, a continuación, un acelerador externo para artículos de prueba a escala real llamado Thor, mientras que el lanzador orbital final recibe el nombre de Zeus.
La página de productos de Auriga refuerza esta estrategia al afirmar que sus sistemas de prueba prometen datos de vuelo en tierra, con menor tiempo de retorno y posibilidad de múltiples pruebas por día. En el mismo material, la empresa dice que Prometheus será usado para experimentos a escala de laboratorio y que Thor está en desarrollo para cargas mayores.
Pruebas hipersónicas en tierra pueden convertirse en el primer negocio real de la startup
Antes de demostrar que puede colocar cargas en órbita, Auriga intenta posicionarse como proveedor de infraestructura de pruebas. Esta elección tiene sentido porque permite transformar una promesa espacial a largo plazo en un servicio más inmediato, basado en ensayos de alta velocidad realizados en tierra.
En el material oficial, la empresa dice que su sistema de pruebas hipersónicas puede reproducir en tierra condiciones de presión y temperatura representativas de vuelo real. También afirma que la plataforma fue pensada para probar materiales, revestimientos, estructuras, sensores y electrónicos bajo aceleración elevada.
Este camino reduce la distancia entre la idea y la receta. En lugar de esperar años por un lanzador orbital operacional, la startup intenta ganar tracción comercial con un servicio de alto valor técnico, enfocado en validación, repetición y velocidad de desarrollo.
El mayor desafío técnico es la fuerza G impuesta a la carga
El problema más delicado del proyecto no está en el marketing, sino en la física. El propio TechCrunch relata que, incluso con un riel muy largo, el sistema aún debe imponer cargas elevadas de fuerza G al vehículo, lo que puede limitar el tipo de satélite o de hardware capaz de sobrevivir al lanzamiento.
El reportaje dice que la empresa ya realizó estudios iniciales sobre la supervivencia de componentes de satélites bajo aceleraciones más altas y concluyó que ciertos componentes pueden soportar más de lo que las pruebas estándar solían asumir. Aún así, la arquitectura final, incluyendo longitud del túnel y tamaño del cohete, sigue en definición.
Esto significa que la propuesta continúa técnicamente prometedora, pero aún lleva una incertidumbre central. Cuanto mayor sea la aceleración exigida en una distancia limitada, mayor será la presión estructural sobre la carga. Y este límite puede definir, en la práctica, lo que la plataforma logrará lanzar primero.
Financiamiento de Auriga Space muestra que la apuesta ya salió del papel
Auriga aún no ha probado su concepto en escala orbital, pero ya ha logrado atraer capital y contratos. TechCrunch informó que la empresa cerró una ronda seed de US$ 4,6 millones a principios de 2025 y añadió US$ 1,4 millones en nuevos contratos de AFWERX y SpaceWERX, alcanzando US$ 12,2 millones entre venture capital y fondos vinculados al Departamento de Defensa.
En el sitio oficial de Aura, la empresa también confirma el contrato Direct to Phase II SBIR de US$ 1,25 millones anunciado en agosto de 2024 para avanzar el desarrollo del Prometheus, descrito como un acelerador electromagnético en escala de laboratorio. La compañía presenta este paso como un hito para validar la física y la ingeniería del sistema mayor.
Estos recursos no resuelven los desafíos técnicos, pero indican que Auriga dejó de ser solo una hipótesis conceptual. Ya opera en una fase en la que inversores y programas públicos han comenzado a financiar el intento de transformar el lanzamiento electromagnético en producto e infraestructura.
El lanzamiento eléctrico también gana fuerza en medio del debate ambiental del sector espacial
Otro argumento usado a favor de la idea es el impacto ambiental. Como parte relevante del combustible de un cohete tradicional se consume justo al comienzo del vuelo, una arquitectura que transfiere más energía al suelo intenta reducir la dependencia directa de ese empuje químico inicial.
Este debate ganó peso con el aumento del número de lanzamientos. En 2022, la NOAA informó que un crecimiento significativo de la actividad espacial puede dañar la capa de ozono, destacando que partículas emitidas por cohetes pueden acumularse en la estratosfera y calentar el aire alrededor.
Lo que realmente está en juego en la carrera por el lanzamiento orbital más barato
La ambición de Auriga es grande porque el premio también lo es. Si una infraestructura en tierra logra sustituir parte relevante de la fase inicial del lanzamiento, el sector espacial puede ganar una nueva ecuación de costo, frecuencia y reutilización, con efectos sobre el acceso al espacio, pruebas de hardware y desarrollo de nuevos sistemas.
Pero la empresa aún necesita probar las etapas más difíciles. El sistema final no está cerrado, los límites de fuerza G continúan siendo un desafío real, y la distancia entre probar artículos hipersónicos en tierra y operar un lanzador orbital regular aún es enorme.
Aun así, la apuesta ya se destaca como una de las más audaces de la nueva carrera espacial. Si Prometheus y Thor confirman que la arquitectura funciona con repetición, control y costo competitivo, Auriga puede dejar de ser solo una curiosidad futurista y convertirse en una pieza relevante en la disputa por acceso orbital más barato y frecuente.

