Green Launch prueba un cañón de hidrógeno que acelera cargas por encima de Mach 3 y pretende reducir el uso de cohetes en lanzamientos espaciales.
Desde el inicio de la era espacial, prácticamente todo lo que llegó a la órbita siguió la misma lógica: enormes cohetes cargando toneladas de combustible para vencer la gravedad. Pero un grupo de ingenieros estadounidenses quiere resucitar una idea que parece salida de una novela de Julio Verne y transformarla en tecnología real para lanzar satélites usando algo mucho más cercano a un cañón que a un cohete convencional. La empresa estadounidense Green Launch desarrolla un sistema basado en un gigantesco «cañón de hidrógeno» presurizado capaz de acelerar cargas a velocidades hipersónicas aún dentro de un tubo terrestre.
La propuesta es sustituir parte del trabajo normalmente realizado por las primeras etapas de los cohetes, reduciendo costos y disminuyendo el consumo de propulsores durante el acceso al espacio.
El proyecto utiliza un cañón gigante lleno de hidrógeno para impulsar cargas a velocidades hipersónicas
La tecnología de Green Launch se basa en un concepto conocido como light-gas gun, o cañón de gas ligero.
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En lugar de utilizar motores-cohete desde el suelo, el sistema emplea hidrógeno calentado y presurizado para generar una expansión extremadamente rápida de los gases dentro de un tubo de lanzamiento. Esta expansión transfiere energía al proyectil y lo acelera a velocidades muy superiores a las obtenidas por sistemas convencionales de aire comprimido.
Aquí está en cámara lenta, un disparo de prueba horizontal de 4 megajulios filmado a 12,500 cuadros por segundo:
Según la empresa, el hidrógeno fue elegido porque posee una masa molecular extremadamente baja, característica que permite alcanzar velocidades mucho más elevadas que otros gases utilizados en sistemas similares.
Primer disparo vertical lanzó proyectil por encima de Mach 3 usando un tubo de cerca de 16 metros
Green Launch realizó una de las pruebas más conocidas del proyecto en diciembre de 2021, en el campo de pruebas de Yuma, en Arizona.
Según la empresa, el disparo utilizó un tubo de lanzamiento con 54 pies de longitud, equivalente a aproximadamente 16,5 metros, acelerando un proyectil metálico a velocidades superiores a Mach 3.

La prueba marcó el primer intento vertical del sistema orientado a aplicaciones espaciales. La empresa estima que el proyectil alcanzó aproximadamente 30 kilómetros de altitud, aunque los radares no siguieron toda la trayectoria. La operación fue tratada como una prueba inicial de concepto para versiones futuras mucho más potentes.
Meta final es alcanzar velocidades cercanas a Mach 20 y reducir parte del trabajo de los cohetes
El objetivo de Green Launch no es colocar satélites directamente en órbita usando solo el cañón. Según la empresa, la idea es acelerar la carga a velocidades extremadamente altas aún dentro de la atmósfera y luego utilizar una pequeña etapa complementaria de propulsión para realizar los ajustes finales necesarios para la inserción orbital.
La compañía afirma que futuras versiones del sistema podrían alcanzar velocidades cercanas a 6 km por segundo, equivalentes a cerca de Mach 17,5, reduciendo drásticamente la cantidad de combustible requerido después del disparo inicial.
Según la empresa, cargas ligeras podrían alcanzar órbita baja en pocos minutos después del lanzamiento.
La tecnología nació de experimentos militares y científicos conducidos hace décadas
Aunque parece futurista, la base tecnológica del proyecto no surgió recientemente. El director técnico de Green Launch, John Hunter, participó anteriormente en el programa SHARP (Super High Altitude Research Project), conducido en el Lawrence Livermore National Laboratory. Este proyecto desarrolló algunos de los lanzadores de gas ligero más poderosos jamás construidos.
Durante los experimentos del SHARP, los investigadores llegaron a registrar velocidades cercanas a Mach 9 utilizando sistemas de lanzamiento basados en hidrógeno.
Green Launch afirma que su tecnología representa una evolución de estas investigaciones históricas aplicadas al mercado espacial moderno.
Los satélites necesitan sobrevivir a aceleraciones brutales que pueden superar decenas de miles de veces la gravedad
Una de las mayores dificultades del concepto no está solo en la velocidad. Para soportar un disparo hipersónico dentro de un tubo relativamente corto, los equipos deben resistir niveles extremos de aceleración. Según Green Launch, futuras misiones orbitales podrían someter cargas a aproximadamente 30,000 G durante el lanzamiento.
Este valor significa una fuerza miles de veces superior a la gravedad terrestre actuando sobre los componentes electrónicos en fracciones de segundo.
Por esta razón, la tecnología se considera más adecuada para pequeños satélites robustos, sensores científicos, instrumentos atmosféricos y cargas especialmente diseñadas para soportar impactos extremos.
La empresa afirma que el vapor de agua sería la principal emisión del sistema
Otro argumento central de Green Launch involucra la cuestión ambiental. Según la compañía, el uso de hidrógeno como gas de trabajo permitiría reducir significativamente las emisiones asociadas a las primeras etapas de los lanzamientos espaciales tradicionales.

La empresa describe el sistema como una alternativa de menor impacto ambiental porque parte de la energía del disparo se obtiene mediante la expansión de los gases ligeros, generando principalmente vapor de agua durante el proceso.
Sin embargo, expertos del sector espacial observan que la viabilidad económica y operativa de sistemas de este tipo aún necesita ser demostrada a escala comercial.
El proyecto intenta entrar en un grupo de ideas que desafían la hegemonía de los cohetes
Green Launch forma parte de una familia de proyectos conocidos como sistemas de lanzamiento no convencionales.
En los últimos años han surgido propuestas que involucran catapultas centrífugas, rieles electromagnéticos, cañones hipersónicos, ascensores espaciales y lanzadores cinéticos como alternativas para reducir el costo de acceso a la órbita.
A pesar del interés creciente, ninguna de estas tecnologías ha reemplazado a los cohetes orbitales tradicionales hasta ahora.
El desafío principal sigue siendo equilibrar velocidad, costo, confiabilidad, resistencia estructural de la carga y precisión orbital en un entorno extremadamente hostil.


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