Parado desde los años 1990, el gigante de 28 mil toneladas volvió al mar para las pruebas finales antes de reentrar en operación, prevista para 2026. La reforma costó más de US$ 5 mil millones y llevó décadas. Pero los analistas dividen opiniones: para algunos, ya nace vulnerable en la era de los drones y misiles.
Apodado informalmente como «Estrella de la Muerte» debido a su tamaño colosal y al volumen de armas, el crucero nuclear ruso Admiral Nakhimov entró en la fase final de sus pruebas de mar y se acerca al retorno al servicio activo. Tras más de una década de una profunda modernización, la embarcación puede convertirse en uno de los buques de guerra de superficie más armados del mundo, según estimaciones basadas en fuentes abiertas, aunque muchos de sus datos no están confirmados oficialmente.
La información fue divulgada el 2 de junio de 2026 por el portal especializado Naval, y el retorno del barco a la actividad está previsto para este año 2026. Antes de detallar sus capacidades, es importante aclarar dos puntos: el apodo «Estrella de la Muerte» es informal, surgido en publicaciones y redes sociales, y buena parte de la información sobre su armamento proviene de relatos y análisis de fuentes abiertas, no de datos oficialmente confirmados por la Marina rusa, lo que requiere cautela en la lectura de los números.
Qué son las pruebas de mar y en qué fase está el barco

La fase final de las pruebas de mar de fábrica tiene como objetivo validar los sistemas de propulsión, generación de energía, navegación, comunicaciones, sensores y la integración de los sistemas de combate del crucero, antes de su eventual entrega formal a la Marina de Rusia, que aún dependerá de evaluaciones adicionales.
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Las pruebas comenzaron a mediados de 2025, cuando el barco dejó el astillero Sevmash, en el norte de Rusia, y volvió al mar por su propia fuerza por primera vez en casi tres décadas, con sus dos reactores nucleares reactivados.
La conclusión de esta etapa es un hito importante, pero vale recordar que, en proyectos navales de esta complejidad, es común que haya nuevos ajustes e incluso retrasos antes de la entrada efectiva en operación.
De barco soviético de la Guerra Fría a combatiente moderno
La trayectoria del Admiral Nakhimov atraviesa épocas distintas de la historia militar.
Lanzado en 1986 con el nombre Kalinin y comisionado en 1988, aún en la Marina Soviética, el crucero fue renombrado Admiral Nakhimov en 1992, tras el colapso de la Unión Soviética, y dejó el servicio activo a finales de la década de 1990, permaneciendo años parado en Severodvinsk antes del inicio de su reconstrucción.
La modernización, llevada a cabo en el astillero Sevmash y acelerada alrededor de 2013, buscó transformar una plataforma concebida en la Guerra Fría en un combatiente adaptado a la guerra naval contemporánea, con nuevos sistemas de armas, sensores y control de combate.
El barco fue relanzado al mar en 2020, y todo el proceso, sumando el largo período parado, costó más de US$ 5 mil millones y se extendió por más de dos décadas, según informes de la prensa especializada.
Un arsenal que da envidia, según las estimaciones

Informes de fuentes abiertas indican que el crucero modernizado podría contar con algo entre 174 y 176 celdas de lanzamiento vertical, más que destructores y cruceros modernos de Estados Unidos y China, permitiendo emplear una mezcla de misiles de crucero Kalibr, antibuque Oniks y, posiblemente, hipersónicos Tsirkon, además de sistemas antiaéreos de largo alcance.
Para efectos de comparación, los modernos destructores Type 055 de China llevan 112 celdas, y los cruceros de la clase Ticonderoga de EE.UU., 122.
Vale la pena señalar, sin embargo, que el misil hipersónico Tsirkon solo ha sido declarado operativo en otros barcos rusos hasta ahora, y que estas capacidades aún necesitan ser comprobadas en la práctica a bordo del Nakhimov.
Son, por lo tanto, proyecciones basadas en información divulgada, y no certezas operacionales.
El contrapunto: ¿un gigante ya obsoleto?
A pesar de impresionar por los números, el barco divide opiniones entre los especialistas, y es justo registrar el escepticismo.
Analistas militares occidentales cuestionan si una plataforma de superficie tan grande y cara no estaría obsoleta en la era de los drones y los misiles de largo alcance, en la cual un objetivo de este tamaño podría ser relativamente vulnerable, planteando dudas sobre si la inversión multimillonaria valió la pena.
Varios expertos señalan además que el verdadero triunfo naval de Rusia en alta mar hoy está en los submarinos nucleares, capaces de disparar los mismos misiles de forma mucho más sigilosa, y no en grandes barcos de superficie.
Además, los sucesivos retrasos del programa exponen los límites y las prioridades de la construcción naval rusa, presionada por sanciones y restricciones presupuestarias. Se trata, por tanto, de un debate abierto, sin consenso entre los analistas.
El valor militar y simbólico para Moscú
Más allá de la capacidad de combate, el barco lleva un peso político.
El regreso del Admiral Nakhimov se considera importante para la Flota del Norte, que concentra los principales medios estratégicos de la Armada rusa, y el crucero deberá convertirse en una especie de buque insignia, complementando o sustituyendo capacidades hoy asociadas al Pyotr Velikiy, otro crucero nuclear de la misma clase, cuyo futuro es incierto.
En términos operativos, dependiendo de dónde sea posicionado, el barco podría ampliar la capacidad rusa de proyección de poder en áreas como el Ártico, el Atlántico Norte, el Mediterráneo y el Pacífico.
En términos simbólicos, representa el intento de Moscú de preservar y actualizar uno de los legados más ambiciosos de la ingeniería naval soviética, en un momento de tensiones con Occidente.
Este artículo, vale destacar, solo describe este contexto, sin tomar partido en disputas geopolíticas.
El retorno del crucero nuclear ruso Admiral Nakhimov, el gigante apodado «Estrella de la Muerte», es uno de esos acontecimientos que mezclan impresionante ingeniería naval, estrategia militar y simbolismo político.
Si las estimaciones sobre su arsenal se confirman, será uno de los barcos de guerra de superficie más armados del planeta, pero, como muestran los analistas, aún persiste la duda sobre su verdadera utilidad en la guerra moderna.
Entre el orgullo de una potencia naval y el escepticismo de los expertos, el barco simboliza tanto la ambición como los desafíos de Rusia en mantener viva una herencia militar concebida en otra era.
¿Y tú, qué opinas del regreso de este colosal crucero nuclear? ¿Crees que los barcos de guerra gigantes aún tienen sentido en la era de los drones y misiles, o son objetivos demasiado caros? Deja tu comentario, con respeto a las diferentes opiniones, cuéntanos qué te pareció esta hazaña de la ingeniería naval y comparte el artículo con quienes se interesan por defensa, tecnología militar y geopolítica.

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