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Estados Unidos y China entran en carrera para militarizar la biotecnología, mientras informes advierten sobre soldados genéticamente mejorados, armas a medida, ADN como código e IA acelerando la próxima frontera de la guerra.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 26/05/2026 a las 17:13
Actualizado el 26/05/2026 a las 17:15
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La carrera tecnológica entre Estados Unidos y China ha llegado a los laboratorios vivos, donde el ADN, la inteligencia artificial y la biomanufactura comienzan a influir en la defensa, la industria y la seguridad nacional en una disputa aún poco visible para el público.

La disputa tecnológica entre Estados Unidos y China ha pasado a incluir un área menos expuesta en el debate público que los chips, drones e inteligencia artificial: la biotecnología.

Informes analizados por autoridades y expertos en Estados Unidos indican que la capacidad de programar organismos vivos, producir materiales mediante biomanufactura y combinar IA con datos biológicos se ha convertido en un tema de seguridad nacional.

La biotecnología implica el diseño y la ingeniería de sistemas biológicos para crear productos, procesos y materiales.

En la práctica, este campo abarca vacunas, terapias genéticas, sensores biológicos, químicos industriales, alimentos y soluciones de manufactura basadas en organismos vivos.

Según la comisión estadounidense responsable de estudiar el tema, el área ha dejado de ser tratada solo como una cuestión de salud o defensa biológica y ha pasado a integrar discusiones sobre economía, industria y defensa.

La advertencia más directa provino de la National Security Commission on Emerging Biotechnology, comisión creada por el Congreso estadounidense para evaluar cómo las tecnologías biológicas emergentes pueden afectar la seguridad de Estados Unidos.

En un informe final divulgado en abril de 2025, el grupo afirmó que China avanza rápidamente en áreas estratégicas y recomendó que Washington adopte medidas en los próximos años para preservar su competitividad.

La biotecnología entra en la disputa militar entre EE.UU. y China

La preocupación de Estados Unidos no se limita a laboratorios farmacéuticos, patentes médicas o investigación académica.

El informe de la comisión afirma tener “todas las razones para creer” que el Partido Comunista Chino podría usar la biotecnología como herramienta militar.

El documento también cita la estrategia china de fusión militar-civil y dice que Pekín busca incorporar tecnologías biológicas y sistemas hombre-máquina al Ejército Popular de Liberación para 2049, año asociado a la meta china de desarrollar una fuerza militar de estándar mundial.

Entre los fragmentos más citados del documento está la comparación con el uso reciente de drones en conflictos armados.

De acuerdo con la comisión, “la guerra de drones parecerá pintoresca” si los Estados Unidos tienen que enfrentar soldados chinos genéticamente mejorados e integrados a inteligencia artificial.

La frase aparece como alerta estratégico en el informe y no como prueba de que esa capacidad ya exista en operación militar.

Mike Gallagher, investigador del Hudson Institute y jefe de defensa de Palantir Technologies, también relacionó el avance chino en biotecnología a riesgos de seguridad.

En un debate promovido por el instituto, mencionó la recolección forzada de ADN, vigilancia genética y discusiones sobre mejora de militares como ejemplos de usos sensibles atribuidos a China.

Gallagher afirmó además que “armas genéticamente ajustadas” ya aparecen como tema en círculos militares chinos.

De la edición genética al uso industrial de la biología

El cambio de escala ocurre en un momento de convergencia entre biología, automatización, computación avanzada y edición genética.

Herramientas como CRISPR permiten modificar fragmentos específicos del ADN de organismos vivos, mientras que sistemas de inteligencia artificial ayudan a analizar grandes volúmenes de datos y a identificar patrones útiles para la investigación biológica.

Alexander Titus, integrante de la comisión estadounidense, dijo que, en biotecnología, “es más fácil decir lo que no es posible que lo que es posible”.

Según él, el área permaneció por más tiempo fuera del centro del debate público porque se asociaba principalmente a la salud y a la biodefensa.

Con el avance de la ingeniería biológica, sin embargo, los organismos vivos pasaron a ser vistos también como plataformas de producción y desarrollo tecnológico.

Esa interpretación aparece en una comparación recurrente entre investigadores: ADN como código.

Jason Kelly, cofundador y CEO de Ginkgo Bioworks y ex presidente de la comisión estadounidense, afirma que los científicos desarrollan herramientas para alterar ese “código” y hacer que las células ejecuten nuevas funciones.

Aun así, el propio Kelly resalta que los sistemas vivos son menos previsibles que las computadoras convencionales, porque las bacterias y otros organismos no fueron diseñados por humanos.

Biomanufactura y materiales producidos con organismos vivos

Una de las aplicaciones militares en estudio en los Estados Unidos involucra la producción de superficies endurecidas con ayuda de bacterias.

La Fuerza Aérea estadounidense y la DARPA, agencia de investigación del Departamento de Defensa, han estado investigando formas de usar microorganismos para estabilizar suelos y crear áreas de aterrizaje en lugares remotos o de difícil acceso.

El proceso usa biocemento.

En lugar de transportar grandes volúmenes de concreto, máquinas pesadas y equipos numerosos, la técnica aplica bacterias al suelo y añade compuestos que estimulan la formación de una superficie rígida.

En 2019, la Fuerza Aérea describió la iniciativa como un intento de desarrollar pistas en áreas austeras.

En pruebas relacionadas con el Proyecto Medusa, la DARPA buscó transformar bacterias en material similar a piedra para uso en pistas, carreteras y áreas de aterrizaje.

La aplicación se relaciona con un problema recurrente en operaciones militares: cadenas de suministro largas pueden ser interrumpidas en crisis o conflictos.

Por este motivo, organismos de defensa estudian formas de producir materiales, medicamentos, combustibles, alimentos o revestimientos más cerca del lugar de uso.

El informe de la comisión cita sensores biológicos, camuflaje dinámico, logística y biomanufactura de artículos críticos como áreas que pueden ser afectadas por la biotecnología.

Datos biológicos ganan peso estratégico

La competencia entre las dos potencias no se restringe a laboratorios, equipos o fábricas.

Datos biológicos han pasado a ser tratados como activo estratégico por especialistas y autoridades estadounidenses.

El informe recomienda que el Departamento de Energía de los Estados Unidos ayude a organizar bases de datos biológicos de alta calidad para uso en modelos de inteligencia artificial.

Otra propuesta citada por la comisión involucra la recolección de información biológica en tierras públicas estadounidenses, a través de un proyecto de secuenciación asociado al Departamento del Interior.

La justificación es que la biodiversidad de los Estados Unidos puede generar datos útiles para medicina, agricultura, materiales e industria, siempre que se almacenen y accedan con reglas claras.

La misma valorización de los datos, sin embargo, crea preocupaciones sobre seguridad, espionaje y uso indebido.

El documento defiende un mayor control sobre el acceso a información biológica sensible y recomienda medidas para reducir riesgos de transferencia de datos estratégicos a adversarios de los Estados Unidos.

China reduce distancia en biotecnología

El Belfer Center for Science and International Affairs, de la Universidad Harvard, evaluó capacidades nacionales en tecnologías críticas y emergentes, incluyendo inteligencia artificial, biotecnología, semiconductores, espacio y computación cuántica.

En el índice publicado en junio de 2025, Estados Unidos y China aparecen con desempeño similar en biotecnología, aunque los estadounidenses aún mantienen ventaja general.

Según el centro, entre las áreas analizadas, la biotecnología es aquella en la que China tiene la oportunidad más inmediata de superar a los Estados Unidos.

La evaluación atribuye la cercanía entre los dos países a diferencias de fuerza: los estadounidenses se destacan en seguridad, ingeniería genética, investigación de vacunas y tecnología agrícola, mientras que China avanza con base en capital humano, producción farmacéutica y capacidad de manufactura.

Gobierno de EE.UU. intenta coordinar respuesta

La principal recomendación de la comisión estadounidense es que el gobierno destine al menos US$ 15 mil millones en cinco años para estimular la inversión privada y fortalecer el sector nacional de biotecnología.

El plan incluye coordinación federal, apoyo a la producción a escala, uso en defensa, formación de mano de obra, protección de datos y cooperación con aliados.

Parte de estas recomendaciones ya apareció en propuestas legislativas.

El National Biotechnology Initiative Act of 2025 fue presentado el 9 de abril de 2025 en la Cámara y en el Senado, con el objetivo de crear un enfoque coordinado de gobierno para biotecnología.

Los textos H.R. 2756 y S. 1387 proponen autorizar una iniciativa nacional y ampliar la coordinación federal sobre el tema.

En el Congreso estadounidense, el asunto también ganó un grupo específico de articulación.

El 26 de junio de 2025, las diputadas Chrissy Houlahan, demócrata de Pensilvania, y Stephanie Bice, republicana de Oklahoma, anunciaron la creación del BIOTech Caucus en la Cámara de Representantes.

El grupo afirma tener como objetivo ampliar el conocimiento sobre biotecnología en el Congreso y discutir políticas bipartidistas para mantener el liderazgo estadounidense en el sector.

La biotecnología reúne aplicaciones de uso civil y militar, lo que hace más compleja la definición de límites regulatorios.

Las mismas herramientas que pueden acelerar tratamientos, reducir dependencia industrial y producir materiales también pueden generar riesgos de vigilancia genética, uso coercitivo de datos y nuevas formas de armamento, según informes y expertos citados en el debate estadounidense.

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Ana Alice

Redactora y analista de contenido. Escribe para el sitio web Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 y es especialista en crear textos sobre temas diversos como economía, empleos y fuerzas armadas.

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