Ciudad medieval de Castellfollit de la Roca, en Girona, convive con grieta de 17 metros en acantilado basáltico de 50 metros, mientras sensores monitorean fisuras, técnicos siguen la erosión y residentes enfrentan costos de hasta 50 mil euros para contener nuevos riesgos.
Una grieta de 17 metros detectada en la cima del acantilado que sostiene Castellfollit de la Roca, en el noreste de España, ha reavivado la preocupación por nuevos deslizamientos en la ciudad medieval de Girona, construida sobre una pared basáltica de unos 50 metros.
El municipio, donde viven 950 habitantes, es considerado una de las localidades más singulares de Cataluña. La ciudad antigua se encuentra al borde de una estrecha formación de roca volcánica, moldeada hace miles de años por flujos de lava en el área de Garrotxa.
Las recientes caídas de rocas han vuelto a poner el acantilado en el centro de atención. Tras estos movimientos, los especialistas identificaron la fisura en lo alto de la pared rocosa y comenzaron a seguir la evolución del terreno con monitoreo permanente y evaluaciones constantes.
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Grieta expone desgaste lento del acantilado
La aparición de la grieta tiene una explicación geológica. Los movimientos internos del macizo rocoso, las filtraciones de agua y el ensanchamiento progresivo de la fisura aumentan el riesgo de nuevos deslizamientos, incluso sin indicación de colapso inmediato.
Especialistas consultados por el programa “O Radar”, de 3Cat, afirman que no hay riesgo inminente, pero existe una erosión lenta y constante que exige vigilancia permanente. El paso del tiempo sigue debilitando la estructura geológica del acantilado.
El agua, la vegetación y la erosión de los ríos desgastan lentamente el acantilado. A lo largo de los años, algunos residentes han llegado a perder parte de sus casas debido al retroceso del borde del acantilado.
Sensores siguen desplazamientos en la roca
Para controlar cualquier movimiento del terreno, el área cuenta con sensores capaces de detectar aperturas milimétricas en fisuras. El acantilado también es escaneado de forma periódica para verificar posibles desplazamientos en la roca basáltica.
Los técnicos mantienen vigilancia constante, principalmente en la cara norte del acantilado, señalada como la más expuesta a la erosión. La evaluación del territorio sigue en curso para que el área permanezca monitoreada en todo momento.
A pesar de la preocupación, no se habla de evacuaciones. La situación se sigue como un problema permanente, ligado al desgaste natural del acantilado y a la necesidad de observar cualquier cambio que pueda aumentar los riesgos.
Falta de ayuda preocupa a los residentes
Además de la grieta y el riesgo de nuevos deslizamientos, Castellfollit de la Roca enfrenta otro desafío: el costo económico para mantener el acantilado estable. El Ayuntamiento afirma que entrará en 2026 sin ayuda específica para conservar el acantilado.
El alcalde explicó que el municipio sigue conversando con el Departamento de Territorios para obtener apoyo en las tareas de limpieza. Solo estas obras y la remoción de la vegetación cuestan entre 40.000 y 50.000 euros, un valor alto para una ciudad pequeña.
Uno de los principales riesgos está en la vegetación que crece en las fisuras del acantilado. Las raíces penetran en la roca volcánica, favorecen nuevas aperturas y aceleran el deterioro natural de la pared basáltica.
Mientras los turistas visitan cada año uno de los paisajes más fotografiados de Cataluña, los residentes conviven con el vértigo y con una grieta que simboliza un problema antiguo, permanente y acompañado de cerca por la comunidad local, por los técnicos y también por el Ayuntamiento.

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