Fragmentos de carbón preservados por 780 mil años en Gesher Benot Ya’aqov, en Israel, muestran que antiguos homínidos usaban madera flotante acumulada a las orillas de un lago para mantener el fuego, cocinar peces y ocupar repetidamente un paisaje rico en recursos
Fragmentos de carbón de 780.000 años encontrados en el sitio achelense de Gesher Benot Ya’aqov, en Israel, revelan que homínidos que ocupaban las orillas del antiguo lago Hula usaban madera flotante disponible en el paisaje para mantener fogatas y organizar la vida cotidiana.
La investigación, liderada por arqueólogos del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social y de la Universidad Bar-Ilan, analizó vestigios preservados en una capa de ocupación datada de aproximadamente 780.000 años. El material muestra que la supervivencia dependía menos de la búsqueda de madera ideal y más del conocimiento del entorno.
Gesher Benot Ya’aqov preserva una secuencia de ocupaciones humanas en las orillas del paleolago Hula. Más de 20 horizontes arqueológicos documentan generaciones de cazadores-recolectores achelenses regresando al mismo lugar, donde agua, plantas, animales, materia prima para herramientas y combustible estaban disponibles.
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Carbón preservado abre ventana rara sobre el uso del fuego
El carbón raramente sobrevive en sitios prehistóricos tan antiguos, lo que hace que el conjunto encontrado en Gesher Benot Ya’aqov sea una fuente inusual para entender prácticas diarias de los primeros usuarios del fuego. El sitio ofrece un registro detallado del uso repetido de las llamas.
En el antiguo campamento, los investigadores identificaron un paisaje intenso de actividades. Había herramientas de piedra producidas con sílex, caliza y basalto, restos de animales cazados y diversos alimentos vegetales, como frutas, nueces y semillas recolectadas en la orilla del lago.
Una capa específica preservó un momento de gran impacto arqueológico. Junto a herramientas de piedra y restos de plantas, se encontraron el cráneo y los huesos de un elefante de colmillos rectos, asociados a evidencias de caza y matanza a gran escala.
La disposición espacial de estos restos indica que el animal fue procesado en el propio lugar. En este escenario, el fuego aparece como elemento central del campamento, ligado a la vida cotidiana, al aprovechamiento de recursos y a la permanencia repetida de los grupos humanos en el paisaje lacustre.
Análisis microscópico identificó 266 fragmentos
En la investigación actual, los científicos concentraron el análisis en una única capa de ocupación. Examinaron 266 fragmentos de carbón con técnicas microscópicas, observando la estructura interna de la madera para determinar el origen botánico de los materiales quemados.
Los resultados revelaron una sorprendente diversidad de especies vegetales. Entre ellas estaban fresno, sauce, vid, adelfa, oliva, roble, pistacho y granado, considerada la primera evidencia conocida de este árbol frutal en el Levante.
El conjunto de carbón presentó una diversidad vegetal mayor que otros restos botánicos del lugar, como semillas, frutas y madera no quemada. Esto indica que la recolección de leña registró una muestra más amplia del ambiente que otras formas de uso de las plantas.
Estas especies forman el retrato de un paisaje compuesto por vegetación húmeda a la orilla del lago y bosques mediterráneos abiertos. El material también muestra cómo los primeros humanos se relacionaban con este espacio, aprovechando recursos disponibles.
Madera flotante sustentaba las chimeneas
En lugar de seleccionar tipos específicos de madera, los homínidos de Gesher Benot Ya’aqov parecen haber usado principalmente madera flotante acumulada naturalmente en la orilla del lago. Ramas y troncos caídos, transportados por el agua, formaban un stock de combustible accesible.
La composición del carbón sigue de cerca la madera disponible en ese entorno. Esto sugiere una estrategia eficiente, basada en el uso de lo que el propio paisaje proporcionaba. La leña, por lo tanto, puede haber influido en la elección del lugar de ocupación.
La orilla del lago reunía agua dulce, alimentos vegetales, animales, materias primas para herramientas y un suministro constante de combustible. Para grupos que dependían del fuego, esta combinación hacía el lugar especialmente útil para vivir, cazar, procesar alimentos y regresar al mismo lugar.
El análisis espacial mostró que concentraciones densas de carbón se superponían a restos de peces, principalmente dientes característicos de grandes carpas. Esta asociación refuerza la evidencia de que peces eran cocinados en el lugar hace casi 800.000 años, con fuego controlado.
Los descubrimientos indican habilidades cognitivas avanzadas. Los homínidos controlaban el fuego, organizaban el espacio alrededor e integraban las llamas a estrategias complejas de subsistencia, aunque la recolección de leña parece haber sido más rutinaria y basada en la disponibilidad.
Juntos, estos comportamientos revelan una comunidad adaptada al entorno, capaz de explorar recursos locales y regresar a un punto que ofrecía condiciones esenciales. El estudio, publicado en la revista Quaternary Science Reviews, refina modelos sobre fuego y subsistencia en el Pleistoceno Medio.

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