Rocas verdes encontradas en la Cueva 338, en los Pirineos, indican que pueblos prehistóricos pueden haber subido a áreas remotas de España para procesar malaquita, mineral ligado al cobre, en visitas recurrentes marcadas por hogueras, joyas y huesos de niños.
Rocas verdes encontradas en la Cueva 338, en una área remota de los Pirineos, en España, pueden indicar que personas prehistóricas subían a la región para trabajar con cobre, señala un estudio publicado en Fronteras en la Arqueología Ambiental.
El descubrimiento reúne hogueras, joyas, huesos de niños y fragmentos de un mineral verde que los investigadores creen que es malaquita, una fuente de cobre. El conjunto llevó a los arqueólogos a revisar el uso prehistórico de grandes altitudes.
Para llegar al lugar, en lo alto de las montañas, el acceso ocurre principalmente a pie. El equipo recorrió este camino durante la excavación reciente, repitiendo probablemente una ruta usada miles de años antes.
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Cobre en los Pirineos
Antes de la investigación, los arqueólogos consideraban que pueblos prehistóricos de esa región raramente permanecían en grandes altitudes. Los vestigios de la Cueva 338 indican lo contrario, al señalar ocupaciones recurrentes y actividades más complejas de lo que se imaginaba.
Carlos Tornero, autor principal del estudio e investigador del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social, afirmó que la Cueva 338 obliga a repensar el papel de las altas montañas en las sociedades prehistóricas.
Según Tornero, estos espacios fueron vistos durante mucho tiempo como marginales. Lo documentado en la cueva muestra ocupación recurrente, actividades complejas y explotación clara de los recursos minerales disponibles en el paisaje.
El contexto se relaciona con la transición entre la Edad de Piedra y la Edad del Bronce, cuando los humanos comenzaron a trabajar con cobre, material fácil de moldear, resistente a la corrosión y buen conductor de calor.
A mediados del cuarto milenio a.C., pueblos de Mesopotamia ya trabajaban con cobre para crear herramientas y armas. Alrededor de 3.000 a.C., culturas neolíticas europeas también comenzaron a usar el material.
Hogueras y malaquita
Los arqueólogos identificaron cuatro capas diferentes en la Cueva 338, asociadas a períodos de visitas humanas. Las primeras contenían solo carbón, mientras que las últimas eran muy finas.
Las dos capas intermedias, datadas de hace 5.500 a 3.000 años, presentaron varias hogueras con fragmentos quemados de lo que podría ser malaquita. Este mineral verde no se encuentra naturalmente en la cueva.
Por eso, los investigadores consideran la posibilidad de que grupos prehistóricos hayan llevado la malaquita montaña arriba para procesarla. La hipótesis se apoya en la presencia de fragmentos alterados por el calor.
Julia Montes-Landa, coautora del estudio y arqueóloga de la Universidad de Granada, afirmó que muchos fragmentos fueron alterados térmicamente, mientras que otros materiales de la cueva no tienen el mismo efecto. Para ella, esto apunta a un procesamiento deliberado.
La investigadora destacó que el fuego tuvo un papel importante en el tratamiento del material. La diferencia entre los fragmentos quemados y los demás elementos indica que las llamas no los alcanzaron por accidente.
Visitas y posible ritual
La datación de los objetos sugiere que la Cueva 338 no funcionó como asentamiento permanente. En cambio, pueblos prehistóricos habrían visitado el lugar con frecuencia, por poco tiempo, entre el quinto milenio a.C. y el fin del primer milenio a.C.
La presencia de huesos de niños llama la atención de los investigadores. El hallazgo sugiere que la cueva puede haber servido como lugar de sepultura o ritual, además de estar ligada al procesamiento de minerales.
Aún no hay confirmación sobre un punto de minería cercano. Entre las posibilidades planteadas, la altitud podría ofrecer protección, o los lugares de extracción podrían ser accesibles desde el área.
Para Tornero, el lugar demuestra que los Pirineos no eran territorio marginal para comunidades prehistóricas. La Cueva 338 aparece como parte de las estrategias de movilidad, ocupación y exploración de estos grupos.
Los arqueólogos continuarán subiendo hasta la Cueva 338 para nuevas investigaciones. El equipo también busca confirmar la identidad del mineral verde y entender la relación entre malaquita y cobre en la región montañosa de los Pirineos.

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