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Una «tapa» de agua dulce que preocupa a los científicos: Groenlandia se derrite, puede debilitar las corrientes del Atlántico y ya es monitoreada por robots, satélites e inteligencia artificial antes de alterar el clima en las próximas décadas.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 24/05/2026 a las 23:20
Actualizado el 24/05/2026 a las 23:21
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La expedición investiga cómo el agua dulce liberada por glaciares de Groenlandia puede alterar corrientes del Atlántico Norte, en un proceso observado con robots, satélites, inteligencia artificial y mediciones inéditas.

El derretimiento de glaciares de Groenlandia es investigado por un equipo internacional de científicos por su posible efecto sobre la circulación del Atlántico Norte.

Según el British Antarctic Survey, la entrada de grandes volúmenes de agua dulce en el océano puede formar una capa superficial menos salada, descrita por los investigadores como una especie de “tapa”, capaz de interferir en procesos que ayudan a regular corrientes ligadas al clima en Europa y América del Norte.

Algunas estimaciones citadas por la institución apuntan que cambios en el Giro Subpolar del Atlántico Norte pueden ocurrir ya en la década de 2040.

La investigación forma parte del proyecto GIANT, sigla en inglés para Greenland Ice sheet to AtlaNtic Tipping points from ice loss.

La iniciativa es liderada por el British Antarctic Survey, financiada por la Advanced Research and Invention Agency y reúne 17 socios en una colaboración internacional de cinco años, con inicio el 1 de abril de 2025 y término previsto para el 31 de marzo de 2030.

El objetivo del programa es medir cómo los glaciares ubicados en fiordos de Groenlandia liberan agua de deshielo, de qué forma este flujo llega al Atlántico Norte y cómo este proceso se relaciona con la circulación oceánica.

El tema moviliza a investigadores porque la interacción entre glaciares costeros y océano aún no está representada con precisión en modelos climáticos globales, según las instituciones involucradas en el proyecto.

Cómo el agua dulce de Groenlandia puede cambiar el Atlántico

El agua dulce altera el océano por una razón física: tiene menos sal y tiende a ser menos densa que el agua marina.

En el Atlántico Norte, parte de la circulación depende del enfriamiento y del hundimiento de aguas más densas, que ayudan a redistribuir calor.

Cuando el derretimiento de Groenlandia aumenta la presencia de agua dulce en la superficie, este mecanismo puede verse afectado, de acuerdo con la hipótesis investigada por los científicos.

Este efecto es lo que los investigadores llaman “tapa”.

La capa superficial menos salada puede dificultar la mezcla vertical en el océano y reducir la formación de aguas densas.

El riesgo evaluado no se limita al volumen total de hielo perdido, sino que incluye el lugar, el ritmo y la forma en que esta agua llega al sistema oceánico.

El Giro Subpolar del Atlántico Norte se encuentra al sur de Groenlandia y se conecta a áreas importantes de circulación en el océano.

Este sistema transporta calor desde los trópicos hacia el Atlántico Norte e influye en temperaturas y patrones meteorológicos en regiones de Europa y América del Norte, según el British Antarctic Survey.

Punto de inflexión climático y el riesgo para las corrientes oceánicas

En la ciencia del clima, un punto de inflexión ocurre cuando una parte del sistema terrestre supera un límite crítico.

Después de este umbral, los cambios pueden acelerarse y volverse difíciles de revertir.

Este concepto se utiliza en estudios sobre capas de hielo, bosques, corrientes oceánicas y otros componentes del planeta.

En el caso de Groenlandia, la cuestión central es saber si el aumento del agua dulce en el Atlántico Norte puede debilitar procesos oceánicos dependientes de temperatura, salinidad y densidad.

Aún no hay una fecha definida para un eventual cambio abrupto, pero los investigadores buscan identificar señales que permitan anticipar riesgos.

El Global Tipping Points Report describe la circulación del Atlántico como un área de atención científica por su relación con el transporte de calor, clima regional y ecosistemas marinos.

El informe también señala que los modelos actuales aún tienen limitaciones para prever cuándo determinados umbrales pueden ser cruzados.

Los fiordos son uno de los puntos menos comprendidos de este sistema.

La costa de Groenlandia tiene cerca de 200 fiordos estrechos, profundos y de difícil representación en modelos globales, según el Alan Turing Institute y el British Antarctic Survey.

Es en estos canales donde los glaciares liberan agua de deshielo y icebergs en el océano.

Fiordos de Groenlandia están en el centro de la expedición

El GIANT concentra sus campañas de campo en dos tipos de glaciares.

En el sureste de Groenlandia, el proyecto estudia glaciares cercanos a Kangerlussuaq, que corren por fiordos largos y estrechos y terminan en paredes de hielo en contacto con el mar.

En el noroeste, la investigación incluye el glaciar Petermann, más ancho y con una extensa lengua flotante de hielo.

La comparación entre estos ambientes permite evaluar respuestas diferentes al calentamiento del océano y de la atmósfera.

En algunas áreas, la mezcla de hielo marino y bloques de icebergs puede reducir temporalmente el desprendimiento de nuevos bloques en invierno.

Cuando este material se dispersa en verano, los glaciares pueden retroceder más rápidamente, según describe el British Antarctic Survey.

Para registrar estos procesos, la expedición utiliza barcos, drones, satélites, embarcaciones no tripuladas, submarinos autónomos y sensores instalados directamente en el hielo.

El barco de investigación RRS Sir David Attenborough, operado por el British Antarctic Survey, funciona como laboratorio flotante y base para el lanzamiento de vehículos autónomos.

Las mediciones incluyen profundidad de los fiordos, forma del fondo marino, temperatura, salinidad y corrientes.

También se observan grietas, desprendimiento de icebergs y entrada de agua de deshielo en el océano.

La propuesta es conectar procesos que ocurren a pequeña escala con la respuesta de los glaciares y la circulación oceánica.

El oceanógrafo Pierre Dutrieux, del British Antarctic Survey, afirmó que, para entender cómo los glaciares se derriten y se fracturan, es necesario estar “donde el hielo encuentra el océano”.

Según él, la nueva generación de sensores robóticos es necesaria porque este ambiente es peligroso y de difícil acceso para mediciones convencionales.

Los modelos climáticos aún intentan representar la pérdida de hielo

Otra área del GIANT es la modelización computacional.

El proyecto pretende mejorar la forma en que los fiordos de Groenlandia se incorporan al UK Earth System Model, principal modelo climático utilizado por el Reino Unido.

De acuerdo con el British Antarctic Survey, los modelos actuales aún omiten o representan de forma incompleta procesos que ocurren en el contacto entre glaciares y océano.

Esta limitación es relevante porque pequeñas interacciones locales pueden acumularse y producir efectos en escalas mayores.

El derretimiento en el borde de un glaciar altera la entrada de agua dulce en el océano; esta agua modifica salinidad y densidad; y estos cambios pueden interferir en corrientes que actúan lejos del frente de hielo.

El glaciólogo Donald Slater, de la Universidad de Edimburgo, integra el equipo del proyecto y afirmó que modelar estos sistemas es difícil porque procesos que ocurren en escala de milímetros pueden estar relacionados con corrientes oceánicas a cientos de kilómetros de distancia.

Según él, los modelos prototipos necesitan observaciones directas de los fiordos para ser probados y refinados.

El trabajo también utiliza inteligencia artificial para organizar y combinar datos obtenidos por satélites, barcos y vehículos autónomos.

El Alan Turing Institute participa en esta etapa mediante herramientas capaces de transformar observaciones fragmentadas en información útil para mapear condiciones de la capa de hielo y alimentar modelos de previsión.

La inteligencia artificial entra en la búsqueda de alerta temprana

Además de las mediciones y los modelos climáticos, el GIANT prueba un prototipo de sistema de alerta temprana para cambios rápidos en los glaciares de Groenlandia.

La herramienta pretende combinar observaciones de satélite, datos de campo, inteligencia artificial y modelado estadístico para indicar cuándo la pérdida de hielo hacia el Atlántico Norte puede aumentar de forma súbita.

ARIA, responsable del programa Forecasting Tipping Points, afirma que la creación de sistemas de detección y previsión es una respuesta a la dificultad actual de anticipar cuándo se pueden cruzar puntos de inflexión climática.

Entre los objetivos del programa están la capa de hielo de Groenlandia y el Giro Subpolar del Atlántico Norte.

Sarah Bohndiek, directora del programa en ARIA, afirmó que la incapacidad de prever estos umbrales deja a gobiernos, sectores productivos y la sociedad con menos instrumentos para lidiar con consecuencias potencialmente irreversibles.

Según ella, los sistemas de alerta pueden apoyar acciones de adaptación climática basadas en información anticipada.

Los efectos observados en Groenlandia también tienen dimensión local.

El retroceso de glaciares y alteraciones en la formación de hielo en los fiordos pueden afectar a comunidades costeras y actividades tradicionales, como desplazamientos y pesca en áreas congeladas.

A nivel global, la pérdida de hielo contribuye a la elevación del nivel medio del mar y puede alterar patrones de circulación oceánica.

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Ana Alice

Redactora y analista de contenido. Escribe para el sitio web Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 y es especialista en crear textos sobre temas diversos como economía, empleos y fuerzas armadas.

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