Informe de la OMM confirma 11 años consecutivos entre los más cálidos y alerta sobre impactos globales de calor extremo, lluvias intensas y deshielo.
El 23 de marzo de 2026, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó el informe State of the Global Climate 2025 y consolidó un dato que ayuda a dimensionar la aceleración del calentamiento global: el intervalo entre 2015 y 2025 reunió los 11 años más cálidos ya registrados desde el inicio de las observaciones instrumentales. En el mismo documento, la OMM informa que 2025 fue el segundo o tercer año más cálido de la serie histórica, dependiendo del conjunto de datos utilizado, con una temperatura media global cercana a 1,43 °C por encima de la media de 1850-1900, referencia utilizada como base preindustrial.
Más que un récord aislado, el informe describe una secuencia persistente de calentamiento que refuerza un cambio estructural en el sistema climático de la Tierra. La lectura central de la OMM es que el planeta ya no vive solo oscilaciones episódicas de calor, sino un proceso continuo, acumulativo y globalmente diseminado, impulsado por el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero y visible en múltiples indicadores climáticos.
Este escenario acerca al mundo a los umbrales de calentamiento que orientan los acuerdos internacionales sobre clima, aunque la meta de 1,5 °C del Acuerdo de París se evalúa en promedios a largo plazo, y no por un único año aislado.
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El calor extremo se intensifica y pasa a afectar directamente la salud, la productividad y la infraestructura
Uno de los principales puntos destacados por la OMM es el aumento de la frecuencia y la intensidad de las olas de calor.
Estos eventos se han registrado en diferentes continentes, con temperaturas que superan las medias históricas y afectan directamente la salud de la población, especialmente en áreas urbanas densamente pobladas.
Además del impacto humano, el calor extremo también influye en sectores económicos. La productividad del trabajo al aire libre puede reducirse, los sistemas eléctricos enfrentan una mayor demanda de refrigeración y la infraestructura urbana sufre dilatación térmica y desgaste acelerado.
El calor deja de ser solo una incomodidad y pasa a representar un riesgo operativo y económico a gran escala.
Lluvias intensas e inundaciones amplían daños en ciudades y áreas agrícolas
El informe también señala un aumento significativo en la ocurrencia de eventos de precipitación extrema. Lluvias intensas en cortos períodos han causado inundaciones en áreas urbanas y rurales, muchas veces superando la capacidad de drenaje de las ciudades y provocando daños en infraestructura, viviendas y cultivos.
Estos eventos tienden a ser más difíciles de prever y gestionar, especialmente cuando ocurren de forma abrupta.
La intensificación de las lluvias representa uno de los principales desafíos para la planificación urbana y la gestión de riesgos climáticos.
Ciclones tropicales muestran señales de mayor intensidad en un planeta más cálido
Aunque la frecuencia total de ciclones no presenta un aumento uniforme en todas las regiones, el informe destaca que eventos más intensos se están volviendo más comunes.
Ciclones con mayor energía pueden provocar vientos más fuertes, lluvias más voluminosas y mareas de tempestad más elevadas, aumentando el potencial de destrucción en áreas costeras.
Estos eventos afectan no solo a países tradicionalmente expuestos, sino también a regiones que comienzan a enfrentar nuevos patrones de riesgo. El aumento de la intensidad de los ciclones amplía el impacto potencial sobre poblaciones y economías.
El deshielo acelerado contribuye a la elevación del nivel del mar y a la pérdida de estabilidad climática
Otro eje central del informe es el avance del deshielo en regiones polares y glaciares. La pérdida de masa de hielo en Groenlandia, la Antártida y en glaciares de todo el mundo contribuye directamente a la elevación del nivel del mar.
Además, el deshielo puede alterar patrones de circulación oceánica y atmosférica, influyendo en el clima en diferentes partes del planeta.
La reducción de las reservas de hielo no es solo una consecuencia del calentamiento, sino un factor que puede amplificar futuros cambios climáticos.
Los impactos ya afectan a las economías globales y presionan las cadenas de suministro
La OMM destaca que los efectos del cambio climático ya se están sintiendo en diferentes sectores económicos. Los eventos extremos pueden interrumpir las cadenas de producción, afectar el transporte de mercancías y elevar los costos de reconstrucción después de desastres.

La agricultura también se ve impactada, con variaciones en el régimen de lluvias y temperaturas que afectan la productividad. Estos efectos demuestran que el clima ya no es una variable externa, sino un factor central en la dinámica económica global.
Los sistemas urbanos enfrentan una presión creciente con eventos extremos más frecuentes
Las ciudades concentran gran parte de la población mundial y, por ello, están en la primera línea de los impactos climáticos. La combinación de calor extremo, lluvias intensas e infraestructura limitada puede llevar a situaciones críticas, como falta de energía, inundaciones e interrupción de servicios esenciales.
Además, el fenómeno de las islas de calor urbanas puede intensificar aún más los efectos de las altas temperaturas.
El entorno urbano se convierte en uno de los principales puntos de vulnerabilidad en un planeta en calentamiento.
La seguridad hídrica y alimentaria entra en zona de atención con los cambios en el clima
El informe también llama la atención sobre la relación entre clima, agua y alimentos. Los cambios en el régimen de lluvias y el aumento de la evaporación pueden afectar la disponibilidad de agua, mientras que los eventos extremos pueden comprometer las cosechas.
Estos factores tienen el potencial de impactar la seguridad alimentaria, especialmente en regiones ya vulnerables. La interdependencia entre clima, agua y producción de alimentos amplía el alcance de los efectos del cambio climático.
Uno de los puntos más importantes del informe es la confirmación de que el calentamiento observado no es resultado de la variabilidad natural a corto plazo.
La secuencia de 11 años entre los más cálidos registrados apunta a una tendencia consistente, asociada principalmente al aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Este patrón reduce la probabilidad de una reversión espontánea a corto plazo. La continuidad del calentamiento refuerza la necesidad de adaptación y mitigación a escala global.
La comunidad científica destaca la necesidad de acciones coordinadas para reducir riesgos
Ante este escenario, los especialistas señalan que las acciones coordinadas son esenciales para limitar los impactos futuros.
Esto incluye la reducción de emisiones, inversiones en infraestructura resiliente y el desarrollo de sistemas de alerta temprana para eventos extremos.
La cooperación internacional también se considera fundamental, ya que los efectos del cambio climático traspasan fronteras. Sin medidas eficaces, la tendencia es a la intensificación de los riesgos a lo largo de las próximas décadas.
Ante este escenario, ¿hasta dónde puede soportar el planeta la intensificación continua de los extremos climáticos?
La confirmación de una secuencia histórica de años más cálidos plantea una cuestión central sobre el futuro del clima global.
Con eventos extremos que se vuelven más frecuentes e intensos, los sistemas naturales y humanos comienzan a operar bajo una presión creciente.
La pregunta que surge es directa: si el planeta ya está bajo este nivel de estrés climático, ¿hasta qué punto será posible mantener la estabilidad en las economías, ciudades y sistemas esenciales en las próximas décadas?

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