Bajo el suelo del Cerrado, un patrimonio invisible guarda carbono desde hace miles de años, pero las olas de calor, las sequías y la degradación amenazan con romper este equilibrio y acelerar aún más la crisis climática.
En 2026, un estudio publicado en la revista científica New Phytologist puso al Cerrado brasileño en el centro de una alerta climática invisible. La investigación, divulgada el 12 de marzo por la Agencia FAPESP, mostró que los campos húmedos y las veredas pueden almacenar hasta 1.200 toneladas de carbono por hectárea, cerca de seis veces el stock de biomasa de los bosques típicos de la Amazonia.
El dato más preocupante es que parte de ese carbono ha estado guardado en el suelo durante miles de años. Según la Agencia FAPESP, las dataciones indican una edad media de 11 mil años, con registros de hasta 20 mil años, en un proceso lento favorecido por la falta de oxígeno en suelos saturados de agua.
A continuación, entienda por qué este “cofre subterráneo” del Cerrado entró en el radar de los científicos y por qué la sequía, el calor extremo y la degradación pueden transformar una reserva natural en fuente de gases de efecto invernadero.
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Las áreas húmedas del Cerrado almacenan carbono en una escala mucho mayor de lo que se imaginaba
El Cerrado suele aparecer en el debate ambiental como frontera agrícola, cuna de las aguas y la sabana más biodiversa del mundo. Pero el estudio publicado en New Phytologist añade una dimensión menos visible: debajo de las veredas y los campos húmedos existe un antiguo reservorio climático.
La investigación fue liderada por Larissa S. Verona, vinculada a la Universidad Estatal de Campinas y al Cary Institute of Ecosystem Studies. Según el Cary Institute, el trabajo es la primera evaluación profunda de los stocks de carbono en áreas húmedas del Cerrado alimentadas por aguas subterráneas.
Estas áreas son conocidas como campos húmedos y veredas. No llaman tanto la atención visual como un bosque denso, pero sus suelos empapados acumulan materia orgánica durante largos períodos. La lógica es simple y preocupante. Cuando el suelo permanece empapado, hay menos oxígeno disponible. Esto reduce la descomposición de la materia orgánica y permite que el carbono quede atrapado en el subsuelo durante miles de años.
El cofre subterráneo del Cerrado puede guardar carbono acumulado desde antes de la civilización humana moderna
La edad del carbono encontrado es una de las partes más sólidas de la investigación. Integrantes del equipo del Instituto Max Planck, en Alemania, utilizaron datación por radiocarbono para medir cuánto tiempo llevaba este material acumulado en los suelos. El resultado indicó una edad media de 11.185 años. En algunos casos, el carbono estaba almacenado desde hacía más de 20 mil años, según la divulgación del Cary Institute.
Esto cambia completamente la escala del problema. Un bosque degradado puede tardar décadas en recuperar parte de sus funciones ecológicas, pero un stock de carbono formado a lo largo de milenios no se recupera rápidamente. Larissa Verona explicó a la Agencia FAPESP que el carbono del suelo de un área húmeda del Cerrado no se recuperaría en el tiempo de vida humano, precisamente porque fue almacenado a lo largo de decenas de miles de años.
Por eso, la imagen del “cofre subterráneo” funciona bien para explicar el riesgo. El carbono está guardado bajo el paisaje, protegido por agua, suelo y baja descomposición. Cuando este equilibrio se rompe, la reserva deja de funcionar como protección climática y puede convertirse en una fuente de emisión.
Sequía, calor y drenaje pueden transformar el carbono almacenado en emisión de CO₂ y metano
La alerta central del estudio no es solo que el Cerrado guarda mucho carbono. El punto crítico es que este carbono puede escapar si las áreas húmedas se secan, se drenan o se degradan. Según la Agencia FAPESP, estos ecosistemas son vulnerables a cambios en el régimen hídrico provocados por la expansión agrícola, la deforestación, el drenaje de áreas húmedas, pequeñas represas y el uso intensivo de agua para riego.
Incluso las áreas preservadas en fragmentos pueden sufrir impacto. Los cambios en el entorno pueden reducir el nivel freático y transformar los suelos en fuentes de emisión de carbono. El Cary Institute también señala este riesgo. Si los stocks son perturbados por la expansión agrícola, el drenaje y la sequía asociada a los cambios climáticos, el carbono almacenado puede convertirse en gases de efecto invernadero.
La situación se agrava porque la vegetación dominante en muchas de estas áreas está compuesta por gramíneas. Cuando el suelo se seca, este material se descompone con más facilidad que las plantas leñosas, acelerando la liberación de carbono.
Cerca del 70% de las emisiones medidas ocurrieron en la estación cálida y seca
El equipo también midió las emisiones de dióxido de carbono y metano en diferentes estaciones. Para ello, utilizó un analizador de gases traza conectado a estructuras instaladas en el suelo. El resultado mostró un dato sensible: cerca del 70% de las emisiones anuales de CO₂ y CH₄ ocurrieron durante la estación seca, según la Agencia FAPESP.
Esto es importante porque el Cerrado ya convive con períodos secos marcados. Si el cambio climático intensifica las estaciones más cálidas y secas, la estabilidad de este carbono puede verse aún más presionada.
El Cary Institute afirma que, a medida que el Cerrado se vuelve más cálido y seco, una mayor parte del carbono del suelo tiende a descomponerse, elevando las emisiones de gases de efecto invernadero. El estudio también indica una baja estabilidad del carbono en comparación con otras turberas tropicales. Esto refuerza la vulnerabilidad de esta reserva cuando el ambiente pierde agua.
El mapeo indica que las veredas y los campos húmedos pueden ocupar un área seis veces mayor de lo que se pensaba
Otro punto fuerte de la investigación reside en el tamaño potencial de estas áreas. Como las veredas y los campos húmedos aparecen en manchas fragmentadas, su extensión era difícil de estimar con precisión. Los científicos combinaron teledetección y aprendizaje automático para mapear la distribución potencial de estos ambientes. La estimación señaló 167 mil km² en el Cerrado.
Esta área sería al menos seis veces mayor de lo que se pensaba antes. También equivaldría a cerca del 8% del bioma y el 2% del territorio brasileño, según la Agencia FAPESP. El Cary Institute presentó el número como 16,7 millones de hectáreas. La institución destaca que el equipo sigue refinando el mapeo y las estimaciones.
Esto significa que el papel climático de las áreas húmedas del Cerrado puede haber sido subestimado durante mucho tiempo. El carbono no estaba en grandes árboles visibles, sino escondido en suelos húmedos, profundos y poco estudiados.
El Cerrado es cuna de aguas y la pérdida de estas áreas amenaza más que el carbono
El Cerrado es el segundo bioma más grande de América del Sur y ocupa cerca del 26% de Brasil, según el Cary Institute. La institución también describe el bioma como la sabana más biodiversa del mundo. Además de la biodiversidad, el Cerrado tiene un papel hídrico estratégico. Según Amy Zanne, científica sénior del Cary Institute, el bioma alberga las nacientes de aproximadamente dos tercios de los grandes cursos de agua de Brasil, incluida la Amazonía.
La Agencia FAPESP también llama al Cerrado “cuna de aguas”. El informe afirma que el bioma contribuye con dos tercios del abastecimiento de grandes cuencas hidrográficas, especialmente en las regiones Sur y Sudeste. Por ello, la pérdida de áreas húmedas no representa solo un problema de carbono. También afecta nacientes, ríos, biodiversidad y seguridad hídrica.
Cuando el nivel freático desciende, el impacto se extiende. El suelo pierde humedad, la descomposición aumenta y el paisaje deja de cumplir parte de sus funciones ecológicas.
La expansión agrícola y la degradación ejercen presión sobre el bioma más amenazado del país
La presión territorial sobre el Cerrado es uno de los factores que hacen que el descubrimiento sea aún más urgente. El profesor Rafael Silva Oliveira, de la Unicamp, afirmó a la Agencia FAPESP que el bioma fue elegido como la principal frontera agrícola de Brasil para commodities a gran escala. También destacó que, a diferencia de la Amazonía y la Mata Atlántica, el Cerrado no es reconocido como patrimonio nacional en la Constitución. En determinadas condiciones, la exigencia legal de preservación puede ser de solo el 20%.
El problema, según Oliveira, es creer que preservar las APPs junto a los ríos es suficiente para mantener las funciones ecológicas del bioma. Para él, es necesario entender la conectividad del paisaje. Esta conectividad es decisiva para las veredas y los campos húmedos. Aunque un fragmento permanezca en pie, la conversión del entorno puede alterar el flujo del agua y comprometer todo el sistema.
De agosto de 2025 a enero de 2026, las áreas bajo alerta de deforestación en el Cerrado sumaron 1.905 km², según datos del Deter/Inpe citados por la Agencia FAPESP. El número fue inferior a los 2.025 km² del período anterior, pero aún revela una alta presión sobre el bioma.
Casi la mitad del Cerrado ya tiene uso antrópico, según datos citados por la FAPESP
La Agencia FAPESP también cita un estudio de MapBiomas que muestra que el 47% del Cerrado estaba ocupado por áreas de uso antrópico en 2024. De ese total, el 24% correspondía a pastizales y el 13% a la agricultura. Estos datos ayudan a explicar por qué el descubrimiento es preocupante. El carbono más antiguo no está aislado de las decisiones sobre tierra, agua, riego y conversión agrícola.
La amenaza no aparece solo cuando una vereda es directamente destruida. También puede surgir cuando el paisaje circundante cambia y el régimen hídrico se altera. Si el agua baja, el suelo queda más expuesto al aire. Con más oxígeno, la materia orgánica se descompone más rápidamente y puede liberar carbono acumulado durante milenios. Es en este punto donde el “cofre” puede abrirse. Lo que antes funcionaba como reserva subterránea pasa a entrar en el ciclo atmosférico.
Las áreas húmedas ya tienen protección legal, pero siguen siendo poco reconocidas
La Agencia FAPESP informa que el Cerrado alberga ojos de agua, incluyendo afloramientos naturales del manto freático. Estos ambientes están protegidos por el Código Forestal, Ley nº 12.651/2012, como Áreas de Preservación Permanente. Aun así, los investigadores indican que estos ecosistemas siguen siendo descuidados. La protección formal no garantiza, por sí sola, un mapeo adecuado, una fiscalización eficiente y el reconocimiento de la función climática de estas áreas.
El Cary Institute afirma que la ley brasileña ya protege las áreas húmedas alimentadas por aguas subterráneas. Aun así, en algunas regiones, hasta el 50% de estas áreas ya han sido degradadas. Este contraste es central. El Cerrado puede tener una de las mayores reservas de carbono en ecosistemas tropicales abiertos, pero parte de este stock sigue fuera del centro de las políticas climáticas.
Las estrategias de protección de carbono suelen centrarse en los bosques. Según Amy Zanne, los ecosistemas abiertos como el Cerrado terminan quedando fuera del radar, a pesar de sus antiguos y densos stocks.
Estudio con 12 investigadores cambia el peso del Cerrado en el debate climático brasileño
El artículo publicado en *New Phytologist* reúne a 12 autores, entre ellos Larissa S. Verona, Amy E. Zanne, Susan Trumbore, Paulo N. Bernardino, Guilherme M. Alencar, Thalia Andreuccetti, David Herrera, João C. F. Cardoso, Demetrius Lira-Martins, Guilherme G. Mazzochini, Natashi Pilon y Rafael S. Oliveira.
La publicación científica se titula *Vast, overlooked peat and organic soils in Brazil’s Cerrado: carbon storage, dynamics, and stability*. EurekAlert informa que el artículo fue publicado el 12 de marzo de 2026, en la revista *New Phytologist*. El estudio no dice que todo el Cerrado almacena más carbono que toda la Amazonía. El descubrimiento es más específico y, por ello, técnicamente relevante.
Muestra que determinadas áreas húmedas del Cerrado tienen una densidad excepcional de carbono en el suelo. En algunos casos, estos stocks superan con creces la biomasa media de los bosques tropicales típicos de la Amazonía por hectárea. El mensaje principal es que Brasil podría estar subestimando una reserva climática oculta. No se encuentra en las copas de los árboles, sino en el suelo húmedo, en las veredas, en los campos encharcados y en el manto freático.
Si este sistema se degrada, el perjuicio puede trascender el bioma. La pérdida implica carbono antiguo, emisiones de gases de efecto invernadero, seguridad hídrica, biodiversidad y estabilidad de paisajes que sustentan grandes cuencas brasileñas.
¿Crees que el Cerrado sigue siendo tratado como un actor secundario en el debate ambiental brasileño, a pesar de esconder uno de los depósitos subterráneos de carbono más importantes del país? Deja tu opinión en los comentarios.

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