Los túneles fueron construidos en 1940 para proteger a los londinenses de las bombas alemanas y quedaron abandonados durante 70 años hasta que dos emprendedores decidieron plantar ensalada a 33 metros bajo el asfalto.
En 1940, mientras las bombas alemanas caían sobre Londres, miles de personas corrían a refugiarse en los refugios subterráneos excavados a decenas de metros de profundidad. Los túneles de Clapham, en el sur de la ciudad, podían albergar hasta 8 mil personas por noche.
Cuando la guerra terminó, los túneles fueron sellados y olvidados. Durante 70 años, nadie bajó allí, hasta que en 2015, Richard Ballard y Steven Dring tuvieron una idea que parecía descabellada: transformar los túneles en una granja.
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Fundaron Growing Underground, la primera granja comercial subterránea del mundo en un entorno urbano.
Hoy, a 33 metros bajo una de las calles más transitadas de Londres, hileras de plantas crecen sin ver nunca el sol.

Sin sol, sin tierra, sin pesticidas: cómo crecen las plantas en la oscuridad
Las plantas crecen en bandejas apiladas en estanterías metálicas. En lugar de tierra, utilizan hidroponía: las raíces permanecen sumergidas en agua nutritiva.
En lugar de sol, lámparas LED especiales emiten exactamente las longitudes de onda que las plantas necesitan para realizar la fotosíntesis.
La temperatura, la humedad y el riego son controlados por computadora; no hay plagas, porque ningún insecto sobrevive a 33 metros bajo tierra.
Resultado: cero pesticidas. Cero herbicidas. Cero hongos. El agua se recircula en un circuito cerrado, gastando 70% menos que un huerto al aire libre, y como la temperatura allí abajo es naturalmente estable, entre 16 y 18 grados todo el año, el gasto en climatización es mínimo.
Qué cultivan y a quién venden
Growing Underground se especializa en microverdes: brotes jóvenes de rúcula, cilantro, mostaza, rábano y otras plantas.
Estos brotes se cosechan pocos días después de la germinación, cuando están en su punto máximo de sabor y nutrientes.
Los restaurantes premium de Londres adoran el producto porque llega fresco el mismo día.
Las cadenas de supermercados Tesco y Waitrose ya compran a la granja.
La logística es una ventaja natural: la granja está dentro de Londres. No necesita camiones refrigerados que vengan de otro país.
Desde la cosecha hasta el supermercado, el producto puede llegar en pocas horas.
La asociación con el Alan Turing Institute
Para optimizar la producción, Growing Underground ha establecido una asociación con el Alan Turing Institute, centro británico de ciencia de datos e inteligencia artificial.
Ingenieros y científicos de datos analizan la información de las plantas en tiempo real. Sensores miden la tasa de crecimiento, la absorción de nutrientes y la eficiencia de las lámparas.
Con estos datos, el equipo ajusta las condiciones para maximizar la producción con el mínimo de recursos, es agricultura de precisión hecha a 33 metros bajo tierra.
La ironía histórica: de refugio contra bombas a granja del futuro
Los túneles de Clapham fueron diseñados para salvar vidas durante la guerra. Ochenta años después, están ayudando a alimentar la ciudad de otra manera.
La infraestructura ya existía. Las paredes de hormigón armado, la ventilación, los accesos de emergencia.
Ballard y Dring no necesitaron construir nada desde cero. Solo adaptaron lo que ya estaba allí.
Esta reutilización de infraestructura histórica es un modelo que otras ciudades están empezando a copiar.
En París, se están estudiando túneles de metro abandonados para el mismo fin. En Nueva York, el proyecto Lowline quiere crear un parque subterráneo.
Las limitaciones del modelo
La granja subterránea no resuelve el hambre del mundo. Los microverdes son un nicho premium, no un alimento básico.
El costo de la energía eléctrica para las lámparas LED es significativo, incluso siendo eficientes, y la escala de producción aún es limitada comparada con una granja al aire libre.
Pero como modelo de agricultura urbana, resiliente al clima y sin desperdicio, Growing Underground muestra un camino.
En un mundo donde las ciudades concentran cada vez más gente y las tierras agrícolas están cada vez más lejos, cultivar bajo el asfalto puede tener sentido, y quién diría que los túneles de la Segunda Guerra serían el futuro de la comida.

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