Durante la AgriZone COP30, Embrapa y ministerios presentan nuevas soluciones en agricultura sostenible en Brasil, destacando integración productiva, conservación del suelo y seguridad alimentaria frente a los cambios climáticos
La agricultura sostenible en Brasil asume un papel estratégico en la agenda climática internacional, especialmente tras la apertura de la AgriZone COP30, el pasado 11 de noviembre, en Belém (PA), según una noticia publicada.
El evento, celebrado en la Embrapa Amazônia Oriental, marca un nuevo ciclo de diálogo entre ciencia, políticas públicas y productores.
La iniciativa, liderada por Embrapa y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (Mapa), con el apoyo del MDA, MDS y MPA, funcionará hasta el 21 de noviembre como un espacio gratuito y abierto al público.
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Su objetivo es acercar innovación y campo, mostrando que el conocimiento científico es motor de la sostenibilidad y de la inclusión productiva.
La ceremonia contó con la presidenta de Embrapa, Silvia Massruhá, quien destacó que el país alimenta a cerca de 1 mil millones de personas en el mundo y reafirmó la importancia de transformar la investigación en resultados prácticos para agricultores familiares, especialmente los más vulnerables a los efectos climáticos.
Tecnologías agrícolas de bajo carbono impulsan eficiencia y reducen emisiones
El protagonismo de Embrapa en la promoción de la agricultura sostenible en Brasil quedó evidente con la presentación de soluciones dirigidas a cadenas productivas de soja, café y leche.
Estas cadenas ya adoptan protocolos de bajo carbono que reducen emisiones de gases de efecto invernadero y aumentan el valor agregado del producto.
Según el secretario Marcelo Fiadeiro, Brasil mantiene liderazgo en el suministro de alimentos para alrededor de 1 mil millones de personas, pero el desafío ahora es equilibrar productividad y sostenibilidad.
Entre las tecnologías expuestas están el Sisteminha, que transforma patios en unidades productivas de bajo costo, y los sistemas agroforestales, como el cultivo conjunto de açaí y bacuri, que estabilizan los ingresos anuales y conservan el suelo.
Otro punto destacado fue el Zonaje Agrícola de Riesgo Climático (ZARC), herramienta que orienta la siembra en períodos más seguros, evitando pérdidas por sequías o inundaciones y contribuyendo al planeamiento climático de los cultivos.
Agricultura familiar e innovación sostenible fortalecen inclusión y renta
La valorización de la agricultura sostenible en Brasil depende también de la fuerza de la agricultura familiar.
En la AgriZone, este segmento recibió atención especial de organismos como MDA y MDS, reforzando que la innovación solo tiene valor cuando mejora la vida de las personas.
La secretaria Fernanda Machiaveli destacó que el pequeño productor es el más impactado por los cambios climáticos, aunque es quien menos emite.
Programas de crédito orientado y asistencia técnica son fundamentales para que las tecnologías lleguen a quienes más lo necesitan.
Silvia Massruhá recordó que el Sisteminha es un ejemplo de tecnología social que amplía los ingresos y promueve la seguridad alimentaria.
El ministro Wellington Dias, por su parte, destacó que el conocimiento de Embrapa es esencial para sacar a Brasil del mapa del hambre, integrando ciencia y políticas públicas a favor de la producción sostenible y la justicia social.
Prácticas de conservación del suelo y del agua en la integración labranza ganadería bosque amplían seguridad alimentaria y enfrentan cambios climáticos
Las experiencias de Embrapa Arroz y Frijol muestran cómo la agricultura sostenible en Brasil exige equilibrio entre productividad y control ambiental.
En el manejo del arroz irrigado, la irrigación intermitente reduce el metano (CH₄), mientras que el control de la fertilización nitrogenada ayuda a minimizar el óxido nitroso (N₂O).
El uso de inhibidores de nitrificación y fertilizantes de liberación controlada exige precisión y monitoreo continuo.
Estas prácticas, junto con la siembra directa y la rotación de cultivos, fortalecen el secuestro de carbono y la calidad del suelo.
La integración labranza-ganadería-bosque, asociada a la meliponicultura y apicultura, agrega valor y restaura áreas degradadas.
Dichas estrategias amplían la resiliencia climática y muestran que seguridad alimentaria y cambios climáticos son desafíos interconectados, superables por ciencia pública aplicada, métricas objetivas y gestión sostenible de cada lote agrícola.

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