Instalado en el antiguo Convento de San Agustín, erguido en 1559, el JW Marriott El Convento combina lujo contemporáneo, patrimonio histórico y elementos incas, ofreciendo a los huéspedes una experiencia auténtica en el corazón cultural de Cusco
Cerca del centro histórico de Cusco, el JW Marriott El Convento es un ejemplo destacado de preservación y lujo. Instalado en el antiguo convento de San Agustín, erguido en 1559, el edificio de cinco pisos ocupa una superficie total de 9.167 m² y fue declarado Patrimonio Cultural por el gobierno peruano.
Restauración unió cinco períodos históricos
La transformación del convento en hotel comenzó en 2009 bajo el mando de la oficina chilena Raimundo Morales & Associates (RMA).
El proyecto respetó elementos originales de diferentes periodos: Pre-Inca, Inca, Colonial, Republicano y Contemporáneo. Después de tres años de obras, el nuevo hotel fue inaugurado en 2012.
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De acuerdo con el RMA, el proceso enfrentó diversos desafíos porque el monasterio fue construido sobre ruinas pre-incas.
Esto aumentó considerablemente la inversión necesaria. El concepto de diseño se inspiró en la fuerza histórica de la cultura local, utilizando materiales nobles y destacando el arte tradicional de Cusco.

Detalles que celebran al dios solar
A la entrada, los visitantes son recibidos por una impresionante instalación con 76.500 cristales Swarovski, creada en homenaje a Inti, el dios solar de los incas.
En el patio externo, el encanto colonial aparece en 27 arcos de ladrillos sostenidos por columnas de piedra, componiendo un escenario que combina grandiosidad y memoria.
Habitaciones del hotel con oxigenación y vista histórica
El hotel ofrece 153 habitaciones con metraje entre 27 m² y 39 m². Todas están equipadas con un sistema complementario de oxigenación, un recurso esencial porque Cusco está a casi 3.400 metros de altitud.
La decoración de las suites sigue el estilo inca. Las cabeceras de cuero, adornadas con tachuelas de bronce en forma de sol, refuerzan la conexión simbólica con Inti.
Las unidades de los pisos superiores ofrecen vistas al patio, mientras que las del subsuelo revelan muros de piedras perfectamente encajadas, construidas por los antiguos incas.
Experiencia inmersiva en la historia local
Además de la hospedaje, el JW Marriott El Convento cuenta con salas de exposición que reúnen artefactos arqueológicos encontrados durante las excavaciones del proyecto.
Los huéspedes pueden participar de una visita guiada por un personaje caracterizado como “monje”, que conduce el recorrido por las historias y reliquias preservadas.
Gastronomía del hotel es inspirada en los Andes
El hotel alberga dos restaurantes: el Qespi, dedicado a las comidas diarias, y el Altura, dirigido por el chef Rely Alencastre.
El menú del Altura propone una experiencia sensorial que remite a los Apus, los espíritus sagrados de las montañas andinas.
Entre los ingredientes utilizados están trucha de lago, paiche, tubérculos nativos, cacao de las montañas y quesos artesanales.
Muchas hierbas y flores comestibles provienen del JW Garden, el propio jardín del hotel — un símbolo de la unión entre tradición y sofisticación.
Con información de Casa y Jardín.

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