El biólogo Antonio Carlos Osse tardó cinco años en construir el Osseanic en Barueri, involucró a la familia en el proyecto artesanal y puso el fast-trawler de 30 pies en el mar en Caraguatatuba
El Osseanic, fast-trawler de 30 pies construido por el biólogo Antonio Carlos Osse en el patio de su casa, en Barueri, se hizo realidad tras 5 años y 2 meses de trabajo familiar. Relatada en 2023, la historia une construcción artesanal, planificación técnica y la ida del barco a Caraguatatuba, donde comenzó su vida en el mar.

Osseanic nació de un sueño antiguo ligado al mar
La relación de Antonio Carlos Osse con los barcos comenzó aún en la adolescencia, en Saco da Ribeira, en Ubatuba.
Allí, observaba embarcaciones ancladas e imaginaba viajes, inmersiones y paisajes que podría conocer navegando.
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El sueño continuó en la vida adulta y pasó a ser compartido con su esposa, que también tenía interés por el mar. A lo largo de los años, la familia realizó otros proyectos personales, como escribir libros, plantar árboles y criar a las hijas Marina y Carolina.
Ya en la casa de los 50 años, Antonio Carlos decidió transformar el antiguo deseo en un proyecto concreto. La idea era tener una embarcación propia, pero la compra de un barco listo requeriría una inversión inmediata mayor.
La solución encontrada fue construir el propio barco en casa, con sus propias manos y con participación familiar.
Según la información del caso, la familia entendió que el proceso también formaría parte de la realización del sueño, no solo el resultado final.

Proyecto elegido preveía autonomía para medias travesías
La embarcación elegida fue más pequeña y más simple que el sueño inicial, pero necesitaba cumplir con el objetivo principal: permitir la navegación con autonomía. Para ello, Antonio Carlos compró el proyecto de un arquitecto naval de Estados Unidos.
El diseño preveía un barco motorizado, con capacidad de semi-planeo y autonomía para travesías medias. La estimación informada en el material era de hasta 500 millas en velocidad de crucero.
La construcción comenzó el 20 de marzo de 2017. El método adoptado fue madera con epoxi, una elección que aprovechaba la experiencia previa de Antonio Carlos con máquinas, madera, resinas y laminación.
Él ya trabajaba desde hacía más de 25 años en la fabricación de canoas canadienses. Aun así, el Osseanic representaba un desafío mayor, por ser un barco cabinado, motorizado y equipado con sistemas hidráulicos, eléctricos y electrónicos.

Para viabilizar la obra, la familia montó una estructura metálica temporal en el propio terreno, de 8 por 11 metros. El espacio funcionó como galpón y evitó el costo de alquiler durante los años de construcción.
La construcción llevó cinco años e involucró a toda la familia
El trabajo avanzó en fines de semana, días libres y períodos de dedicación intensa. En los tres primeros años, la participación familiar fue más fuerte, según el relato de Antonio Carlos.
En los dos últimos años, la rutina pasó a mezclar pasión y obligación. En ese período, las hijas ya entraban en la adolescencia, lo que también cambió la dinámica familiar durante la fase final del proyecto.
El Osseanic fue declarado terminado el 15 de mayo de 2022. En total, fueron cinco años y dos meses de construcción desde el inicio del montaje, en marzo de 2017.
Antonio Carlos afirmó que el barco fue hecho 100% por la familia. La mano de obra familiar no entró en la planilla de costos, lo que refuerza el carácter artesanal de la construcción.
Entre las soluciones técnicas, él citó la fabricación propia de los tanques de combustible, agua potable, aguas servidas y contención de desechos. Estos componentes fueron moldeados en el lugar con fibra de vidrio y resina estervinílica.
La construcción en el patio exigió no solo habilidad manual, sino también organización. Cables, sensores, instrumentos y accesorios fueron preparados aún durante el montaje, antes de la instalación final del motor.

De Barueri a Caraguatatuba, el barco cobró vida en el litoral
Con el casco listo en el galpón de Barueri, la siguiente etapa fue llevar el barco a la costa. El transporte hasta Caraguatatuba recorrió cerca de 300 km.
La ciudad fue elegida para la instalación del motor Volvo Penta D4 de 270 hp en un autorizado. Según el material, esto se hizo para preservar la garantía del equipo.
La preparación anterior ayudó en esta fase. Como parte de los sistemas ya estaba lista, el montaje final del motor y de los componentes asociados fue facilitado.
Después de eso, el Osseanic pasó por el licenciamiento junto a la Capitanía de Puertos. Con la emisión del registro, la embarcación finalmente pudo ser colocada en el agua.
En la primera prueba, el barco navegó con tanques llenos y ocho personas a bordo. En esa condición, alcanzó 27 nudos, según el relato de Antonio Carlos.
Él afirmó que nada se rompió, soltó, filtró o quemó durante la prueba. El resultado marcó el paso del proyecto artesanal, hecho en el patio de casa, a una embarcación en operación.
Meses después del bautismo, la familia ya realizaba salidas de entrenamiento. El nuevo objetivo citado en el material era llevar el Osseanic hasta Alaska, ampliando el alcance simbólico del sueño que comenzó en Ubatuba y tomó forma en Barueri.
Este artículo fue elaborado con base en la información proporcionada en el material base sobre la construcción del Osseanic por Antonio Carlos Osse, con datos, números y declaraciones preservados conforme al material consultado.

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