La nueva frontera del etanol brasileño ya no depende solo de la caña y el maíz: las empresas estudian y producen combustible a partir de cereales de invierno, excedentes agrícolas y residuos que antes tenían bajo valor comercial.
El etanol brasileño, conocido mundialmente por la caña de azúcar y por el avance reciente del maíz, comienza a ganar una nueva cara. Ahora, el combustible que abastece millones de vehículos flex en el país puede provenir también de trigo, cebada, triticale, batata, residuos alimentarios, melaza de soja e incluso agave.
El movimiento fue descrito por Reuters como una “tercera ola” del etanol en Brasil. La primera fue impulsada por la caña. La segunda, por el maíz. La nueva etapa intenta transformar materias primas regionales, excedentes agrícolas y residuos en combustible, ampliando el alcance de una industria estimada en cerca de US$ 20 mil millones.
El cambio llama la atención porque no se trata solo de producir más etanol. Lo que está en juego es una reorganización de la cadena de los biocombustibles, con nuevas fábricas, nuevos productos, aprovechamiento de sobrantes y un intento de reducir la dependencia de pocas materias primas.
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Después de la caña y el maíz, Brasil intenta abrir la tercera ola del etanol con trigo, residuos, batata y soja
La caña de azúcar aún reina en el etanol brasileño. Según datos citados por Reuters con base en la EPE, cerca de 28,5 mil millones de litros, o el 71% de la producción nacional de etanol en 2026, deben provenir de la caña.
Otros 11,2 mil millones de litros deben salir de productos agrícolas como maíz, soja, trigo y otros cereales. Es en este espacio donde comienza la disputa por la nueva frontera del sector.
La lógica es simple: si Brasil ya tiene una de las mayores estructuras de biocombustibles del mundo, ¿por qué depender solo de las rutas tradicionales? En lugar de mirar solo a cañaverales y cultivos de maíz, las empresas comienzan a observar cereales de invierno, sobrantes de alimentos y subproductos industriales que antes tenían valor limitado.
Es ahí donde el tema gana fuerza. El etanol deja de ser solo una historia de cultivo tradicional y pasa a entrar en el campo de la economía circular, de la innovación industrial y de la seguridad energética.
Planta de R$ 1,7 mil millones en Rio Grande do Sul quiere transformar trigo en combustible

Uno de los proyectos más fuertes de esta nueva fase proviene de Be8, empresa conocida en el sector de biodiesel. La compañía invierte R$ 1,7 mil millones en una biorrefinería en Passo Fundo, en Rio Grande do Sul, enfocada en la producción de etanol a partir de trigo y otros cereales de invierno.
La planta tiene una capacidad prevista de 220 millones de litros por año. La operación también debe producir DDGS, utilizado en la alimentación animal, además de gluten vital, insumo utilizado por la industria alimentaria.
El proyecto muestra un cambio importante para Rio Grande do Sul. El estado estuvo alejado de la primera gran ola del etanol, dominada por la caña de azúcar, y tampoco tuvo el mismo protagonismo de la segunda ola, marcada por el maíz en el Centro-Oeste.
Ahora, la apuesta es usar aquello que la región tiene en abundancia: trigo y cereales de invierno. En lugar de competir con los grandes polos tradicionales, el estado intenta crear una ruta propia para entrar en la cadena de los biocombustibles.
El trigo que antes iba para harina ahora entra en la carrera de los biocombustibles
El trigo se asocia casi siempre a pan, pasta, harina y productos alimenticios. Pero, en esta nueva ruta, pasa a ser visto también como materia prima energética.
La idea no es sustituir el uso alimentario, sino crear una alternativa industrial para granos y cereales que puedan ser dirigidos a una biorrefinería. Además del combustible, el proceso permite generar coproductos con valor comercial, como salvado para alimentación animal y gluten vital.
Esto cambia la cuenta económica. La producción de etanol deja de ser vista solo como salida de combustible y pasa a funcionar como un complejo industrial, capaz de transformar una misma materia prima en diferentes productos.
Para regiones agrícolas, este tipo de proyecto puede abrir nuevos mercados para productores, reducir pérdidas y crear demanda para cultivos de invierno.
Hasta batata dulce que podría quedar en el campo entra en la ruta del combustible
La batata dulce también aparece en esta nueva lista de materias primas. Según Reuters, productores de São Paulo encontraron forma de transformar excedentes de batata dulce en etanol y alimento animal.
El punto llama la atención porque parte de esa producción puede acabar quedándose en el campo cuando la cosecha no compensa económicamente. En lugar de ser descartado o perder valor, el excedente puede convertirse en combustible.
Esta es una de las imágenes más fuertes de la nueva fase: una materia prima común, ligada a la alimentación del día a día, entrando en una cadena energética.
La lógica es parecida a la de otros residuos agrícolas. Lo que antes parecía sobra, pérdida o descarte puede transformarse en producto industrial.
Residuos alimentarios e incluso jarabes descartados ya se convierten en etanol a menor escala
La nueva ola no se limita a los cultivos. Los residuos alimentarios también aparecen en el radar.
Reuters cita el caso de Ambipar, que produce cerca de 2,4 millones de litros de etanol por año a partir de residuos de alimentos, incluyendo jarabes de refrescos y otros desechos industriales.
El volumen aún es pequeño en comparación con la producción nacional, que ronda las decenas de miles de millones de litros. Aun así, el ejemplo tiene gran fuerza simbólica.
Muestra que la cadena del etanol puede avanzar más allá del campo y entrar en fábricas, centros de desecho y flujos industriales que antes eran tratados solo como problema ambiental o costo operativo.
Para el lector común, la imagen es directa: basura y residuos que podrían ser descartados pasan a abastecer vehículos.
Melaza de soja amplía la lista y muestra que el agro puede extraer más valor de la misma cadena
Otro ingrediente inesperado en esta transformación es la melaza de soja, un subproducto del procesamiento de la oleaginosa.
Empresas como Caramuru y CJ Selecta son citadas por Reuters como ejemplos de procesadoras que buscan extraer más valor de la soja al transformar este subproducto en etanol.
Brasil ya es una potencia global en la soja. Por eso, cualquier nueva aplicación industrial ligada a la cadena llama la atención. La melaza de soja muestra que la disputa no está solo en la producción del grano, sino en el aprovechamiento de cada etapa del procesamiento.
En lugar de mirar solamente al aceite, harina y exportación, la industria empieza a ver nuevos caminos para generar combustible y agregar valor dentro del propio país.
Agave, sorgo, arroz y otros cultivos entran en el radar de la nueva frontera
La lista de posibilidades sigue creciendo. Además de trigo, batata dulce, residuos y melaza de soja, también aparecen materias primas como sorgo, arroz y agave.
Reuters informó que Shell invierte R$ 100 millones para estudiar si el agave, planta asociada a la producción de tequila y mezcal, puede ser usado como materia prima para biocombustibles en regiones semiáridas del norte de Brasil.
Este punto amplía aún más la historia. La nueva ola del etanol no se limita a un solo cultivo o región. Intenta adaptar la producción de combustible a la realidad de diferentes partes del país.
En áreas donde la caña o el maíz no son la mejor respuesta, otras biomasas pueden ocupar espacio. Es un intento de transformar diversidad agrícola en ventaja energética.
La demanda por etanol crece mientras el país discute una mezcla mayor en la gasolina
La diversificación llega en un momento estratégico. La EPE proyecta crecimiento de la oferta de etanol en los próximos años y Brasil ya discute ampliar aún más la participación del biocombustible en la gasolina.
La mezcla obligatoria de etanol anhidro en la gasolina pasó de 27% a 30%. El gobierno también evalúa elevar ese porcentaje a 32%, lo que podría aumentar la demanda anual en cerca de 1 mil millones de litros, según estimación citada por Reuters.
Este escenario ayuda a explicar por qué se están probando nuevas materias primas. Cuanto mayor la demanda, mayor la presión por oferta. Y cuanto mayor la oferta necesaria, más importante se vuelve encontrar rutas alternativas.
La caña sigue siendo central. El maíz sigue ganando espacio. Pero la nueva fase intenta responder a una pregunta mayor: ¿de dónde vendrá el etanol adicional si el consumo continúa creciendo?
La nueva ola puede crear oportunidades, pero también enciende alerta para exceso de oferta
El avance de las nuevas materias primas no viene sin tensión. La expansión del etanol puede crear oportunidades para productores, industrias y regiones que antes quedaban fuera de esta cadena.
Al mismo tiempo, también puede presionar el mercado. Si la producción crece demasiado rápido, hay riesgo de exceso de oferta en determinados momentos, con impacto sobre precios y márgenes.
Este es el conflicto central de la nueva fase. Brasil quiere ampliar la producción de biocombustibles, aprovechar residuos, agregar valor al agro y reducir dependencias. Pero necesita equilibrar esta expansión para no transformar oportunidad en desequilibrio.
La tercera ola del etanol, por lo tanto, no es solo una curiosidad industrial. Puede rediseñar parte de la cadena energética brasileña.
El combustible que comenzó asociado a la caña, avanzó con el maíz y ahora llega al trigo, a la batata, a la melaza de soja y a los residuos alimentarios muestra que Brasil está ante un cambio de era en los biocombustibles.
La pregunta que queda es hasta dónde puede llegar esta nueva frontera: si será solo un complemento regional o si se convertirá en una pieza importante en la estrategia energética del país.

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