Con 90% de la matriz eléctrica compuesta por fuentes de energía renovable, Brasil se destaca en el escenario internacional y puede liderar la transición energética global con Hidrógeno Verde.
Brasil posee uno de los mayores potenciales del mundo para liderar la producción de hidrógeno verde, combustible obtenido a partir de energía renovable.
Esta tecnología se considera esencial para la descarbonización de la economía global y la lucha contra el cambio climático, pero aún enfrenta desafíos relacionados con la viabilidad económica a gran escala.
Sin embargo, la estructura energética única del país, marcada por una matriz eléctrica predominantemente limpia e interconectada, puede colocar a Brasil a la vanguardia de esta revolución energética.
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Mientras el calor roba agua de los embalses y los países buscan nuevas áreas para energía limpia, Marruecos prueba paneles solares flotantes que funcionan como tapa energética y además generan electricidad.
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China ocupa el desierto con una planta solar de 2 GW en Mongolia Interior, instala paneles elevados que crean sombra y humedad sobre la arena y transforma una granja de 2,96 mil millones de kWh al año en un arma inesperada contra la desertificación.
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Arabia Saudita erige en Oxagon una mega planta de hidrógeno verde de US$ 8.4 mil millones con 4 GW de energía solar y eólica, 5.6 millones de paneles solares y capacidad para producir 600 toneladas al día, transformando el desierto en una de las mayores fábricas de combustible limpio del planeta.
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Alemania y Dinamarca transformarán Bornholm en una isla eléctrica del Báltico, conectando 3 GW de energía eólica marina a las redes de los dos países mediante cables submarinos y convirtiendo una isla real en una central energética internacional.
El sistema eléctrico brasileño es referencia mundial
La ventaja competitiva de Brasil comienza con el Sistema Interconectado Nacional (SIN), que cubre prácticamente todo el territorio nacional.
Con aproximadamente el 90% de la energía eléctrica proveniente de fuentes renovables, como hidroeléctrica, solar, eólica y biomasa, el sistema permite el intercambio de energía entre regiones, aprovechando las complementariedades entre diferentes fuentes.
Además, los grandes reservorios hidroeléctricos funcionan como baterías naturales, garantizando flexibilidad y almacenamiento energético.
Este modelo se considera único en el mundo en términos de extensión territorial y eficiencia en el uso de energía limpia.
Según los investigadores Carlos E. Driemeier, Edvaldo Rodrigo de Morais y Giovana Chinaglia Tonon, del Centro Nacional de Investigación en Energía y Materiales (CNPEM), “las redes eléctricas generan eficiencias económicas al aprovechar las complementariedades entre los múltiples generadores y consumidores y al compartir las infraestructuras de la red”.
Uno de los puntos críticos en el debate sobre el hidrógeno verde es la llamada integridad de carbono — un concepto que busca garantizar que la electricidad utilizada en la producción del combustible sea, de hecho, 100% renovable.
Esto es especialmente importante en redes eléctricas que también incluyen termoeléctricas alimentadas por combustibles fósiles.
A pesar de la alta tasa de energía limpia, Brasil aún necesita formalizar criterios claros sobre esta integridad. Como afirman los autores del artículo publicado en el portal The Conversation:
“Si Brasil formaliza su visión de integridad de carbono, tendrá las credenciales para ser protagonista en esta discusión. Por otro lado, si opta por ignorar el tema, quedará en la dependencia de conceptos importados, corriendo el riesgo de desperdiciar su diferencial”.
El hidrógeno verde es un camino prometedor para el futuro energético
Con su abundancia de fuentes renovables e infraestructura de punta, Brasil tiene una oportunidad histórica de transformar el hidrógeno verde en uno de los pilares de su política energética y de exportación.
Para ello, será esencial invertir en regulaciones que aseguren el origen limpio de la electricidad utilizada y atraigan a inversores interesados en soluciones sostenibles.
La discusión sobre la energía renovable y la integridad de carbono necesita ganar más espacio en el escenario político y empresarial nacional.
Al fin y al cabo, el país se encuentra ante la oportunidad de consolidarse como líder global en la producción de hidrógeno verde, contribuyendo significativamente a una economía mundial más limpia y resiliente.

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