La búsqueda de SpaceX por nuevas bases para la Starship reaviva el interés por Alcântara y expone cómo los acuerdos internacionales pueden influir en el futuro de los lanzamientos espaciales fuera de los Estados Unidos.
La SpaceX evalúa ampliar los lugares de lanzamiento de la Starship, cohete desarrollado para transportar cargas y tripulaciones a la órbita de la Tierra, a la Luna y a Marte.
En este escenario, Brasil fue citado entre los países que podrían cumplir con los requisitos legales para futuras operaciones fuera de los Estados Unidos, aunque no existe un anuncio público de acuerdo entre la empresa y el gobierno brasileño para el uso de la Base de Alcântara, en Maranhão.
La posibilidad entró en discusión después de que la empresa afirmara, en una publicación en X, antiguo Twitter, que busca puntos viables para expandir las operaciones de la Starship.
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La declaración ocurrió en respuesta a comentarios sobre rumores de adquisición de una gran área en la costa de Luisiana, en los Estados Unidos.
La compañía no confirmó la compra del terreno, pero detalló que su estrategia depende de una red mayor de bases de lanzamiento.
“No es un secreto que pretendemos lanzar la Starship con frecuencia, con meta de miles de vuelos por año”, afirmó SpaceX.
En la misma publicación, la empresa dijo que ese ritmo requeriría capacidad de lanzamiento en diferentes lugares y que, por eso, evalúa alternativas “tanto en el mercado interno como internacionalmente”.
Brasil entra en el radar por causa de Alcântara
La mención a Brasil está ligada al Acuerdo de Salvaguardas Tecnológicas firmado con los Estados Unidos.
El tratado, firmado en 2019 y promulgado en 2020, establece reglas para proteger tecnologías norteamericanas en lanzamientos realizados desde el Centro Espacial de Alcântara.
Este tipo de acuerdo es relevante porque cohetes, sistemas de lanzamiento y componentes asociados son tratados por el gobierno de los Estados Unidos como tecnologías sujetas a controles específicos.
Para que empresas americanas operen fuera del territorio del país, es necesario cumplir normas de protección tecnológica y de exportación.
En el caso de Alcântara, el acuerdo permite que Brasil reciba lanzamientos con equipos de origen norteamericano, siempre que se observen las reglas previstas en el tratado.
El texto no representa autorización automática para que cualquier empresa actúe en el lugar, pero crea una base jurídica para negociaciones comerciales que involucren tecnología de los Estados Unidos.
La ubicación del centro maranhense también suele ser señalada por autoridades y técnicos del sector espacial como un factor de interés.
Alcântara está cerca de la Línea del Ecuador, condición que puede favorecer determinados perfiles de misión al reducir la necesidad de combustible para alcanzar algunas órbitas.
Esta característica, sin embargo, no elimina la necesidad de infraestructura específica, licencias, autorización regulatoria y acuerdos operacionales.
Hasta ahora, no hay confirmación pública de negociaciones formales entre SpaceX y el gobierno brasileño para lanzar la Starship desde Maranhão.
Por este motivo, Brasil aparece como una posibilidad mencionada en el debate internacional, y no como un destino definido para el megacohete.

Reglas de EE.UU. condicionan lanzamientos fuera del país
La expansión internacional de la Starship depende de normas de Estados Unidos sobre control de tecnologías sensibles.
Parte de estas reglas está asociada al Itar, sigla en inglés para Regulaciones sobre Tráfico Internacional de Armas, que abarca equipos aeroespaciales y sistemas de lanzamiento.
Estas normas no impiden lanzamientos en otros países, pero hacen que el proceso esté sujeto a etapas adicionales de autorización.
En la práctica, el país anfitrión necesita ofrecer garantías de que tecnologías protegidas no serán accedidas, copiadas o transferidas sin permiso.
Además de Brasil, países como Australia, Reino Unido, Noruega y Nueva Zelanda también fueron mencionados en análisis internacionales por poseer acuerdos de salvaguardias tecnológicas con Estados Unidos.
Nueva Zelanda ya alberga operaciones de lanzamiento de Rocket Lab, empresa fundada en el país y con sede en Estados Unidos, lo que muestra un modelo de actuación transnacional dentro de este tipo de estructura regulatoria.
Para Brasil, la discusión retoma el papel de Alcântara en el mercado de lanzamientos espaciales.
El centro ya ha sido presentado por diferentes gobiernos como una estructura capaz de atraer empresas extranjeras, pero contratos de este tipo dependen de condiciones jurídicas, técnicas, ambientales y comerciales.
Pruebas de la Starship siguen concentradas en Texas
Actualmente, los vuelos de prueba de la Starship parten de la Starbase, instalación de SpaceX en Boca Chica, en el sur de Texas.
Es en este lugar donde la empresa desarrolla y prueba el conjunto formado por el propulsor Super Heavy y la nave Starship.
La expansión dentro de los Estados Unidos también avanza.
SpaceX trabaja en estructuras asociadas a la Starship en Florida, incluyendo áreas en el Centro Espacial Kennedy y en Cabo Cañaveral.
La Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos, la FAA, concluyó un análisis ambiental relacionado con operaciones del sistema Starship-Super Heavy en el Complejo 39A, pero este tipo de etapa no sustituye la necesidad de licencias específicas para lanzamientos.
La Starship también integra planes de la NASA para el programa Artemis.
La agencia espacial estadounidense seleccionó una versión del vehículo como sistema de aterrizaje lunar para misiones tripuladas, dentro del proyecto de retorno de astronautas a la superficie de la Luna.
El uso operacional, sin embargo, aún depende de pruebas, demostraciones y certificaciones.

Nuevo vuelo de prueba de la Starship está previsto para 2026
El cronograma divulgado por SpaceX prevé el duodécimo vuelo de prueba de la Starship para el 19 de mayo de 2026, desde la Starbase, en Texas.
La misión debe marcar el debut de la versión 3 del sistema, con alteraciones en el propulsor Super Heavy, en los motores Raptor y en la estructura de la nave.
Según la empresa, la nueva configuración fue diseñada para ampliar la capacidad del vehículo y probar recursos ligados a la reutilización, transferencia de propelente en órbita y misiones de mayor duración.
La operación también debe evaluar componentes que aún necesitan ser validados en vuelo antes de aplicaciones comerciales o tripuladas.
Incluso con la previsión de expansión, el volumen citado por SpaceX, de miles de lanzamientos anuales, aún requeriría una red de bases, licencias, equipos, corredores de seguridad, producción de propelente y coordinación con autoridades de diferentes países.
La propia empresa indicó que la búsqueda de nuevos lugares forma parte de una estrategia a largo plazo para sostener una frecuencia mayor de misiones.
En este contexto, la presencia de Brasil en el debate se debe principalmente al acuerdo de salvaguardas con los Estados Unidos y a la ubicación de Alcântara.
La eventual operación de la Starship en el país dependería de anuncios oficiales, contratos, licencias e infraestructura compatible con un vehículo de gran tamaño.
La discusión, por ahora, muestra cómo la ampliación del sistema Starship puede involucrar no solo bases estadounidenses, sino también países con acuerdos ya reconocidos por los Estados Unidos.
Para Alcântara, la cuestión es si las condiciones jurídicas y geográficas serán suficientes para atraer una operación de esta escala en los próximos años.

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