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Con R$ 189 millones y 10 empresas brasileñas, Brasil desarrolla un cohete nacional de 12 metros para lanzar satélites de hasta 30 kg en Alcântara e intentar conquistar la «llave al espacio» sin depender de potencias como EE. UU., Rusia, China e India.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 10/05/2026 a las 07:09
Actualizado el 10/05/2026 a las 07:11
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El proyecto del Microlanzador Brasileño reúne a empresas nacionales, inversión pública y tecnología espacial para ampliar la capacidad del país en lanzamientos de pequeños satélites desde Alcântara.

En un sector dominado por pocas potencias, lanzar un satélite al espacio no depende solo de la tecnología.

También implica financiación, base de lanzamiento, dominio industrial, equipos especializados y capacidad para poner un cohete en órbita sin recurrir a estructuras extranjeras.

Brasil desarrolla el Microlanzador Brasileño, conocido como MLBR, un cohete de pequeño porte diseñado para transportar pequeños satélites a la órbita terrestre y reducir la dependencia externa del país en lanzamientos espaciales.

Según informaciones de G1, el proyecto involucra a empresas de São José dos Campos y Jacareí, en el interior de São Paulo, con el apoyo de la Agencia Espacial Brasileña, Finep y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

La Revista Pesquisa Fapesp también informó que el programa recibió R$ 189 millones de Finep/MCTI para la construcción del primer prototipo.

Maquete de foguete, em empresa de São José dos Campos. (Imagem: Reprodução/Gabriel Guimarães/TV Vanguarda)
Maqueta de cohete, en empresa de São José dos Campos. (Imagen: Reproducción/Gabriel Guimarães/TV Vanguarda)

Cohete brasileño busca ampliar el acceso al espacio

El MLBR tendrá cerca de 12 metros de altura, un tamaño similar al de un edificio de cuatro pisos.

La propuesta divulgada en reportajes sobre el proyecto es que transporte cargas útiles de hasta 40 kilogramos, especialmente pequeños satélites usados en misiones científicas, comerciales, ambientales y estratégicas.

En una publicación más reciente, la Agencia Espacial Brasileña informó una capacidad de hasta 30 kilogramos de carga útil en órbita baja, lo que indica una divergencia entre los datos divulgados por fuentes públicas sobre el límite previsto para el vehículo.

Este tipo de cohete atiende una demanda creciente del mercado espacial, marcada por el uso de satélites más pequeños por empresas, universidades y gobiernos.

Estos equipos pueden recolectar datos, probar tecnologías, observar el planeta y ampliar servicios de comunicación.

Si el proyecto avanza como está previsto, Brasil podrá lanzar estos satélites con tecnología desarrollada en el país y desde territorio nacional.

Hoy, los países que no dominan toda la cadena de lanzamiento dependen de empresas y bases extranjeras para colocar satélites en órbita.

Esta dependencia puede implicar costos, restricciones de agenda y limitaciones tecnológicas en un área tratada por los organismos del sector como estratégica.

Diez empresas brasileñas participan en el proyecto

De acuerdo con G1, diez empresas brasileñas participan en el desarrollo del cohete.

Parte de ellas está concentrada en el Vale do Paraíba, región conocida por la presencia de industrias aeroespaciales, centros de investigación y empresas ligadas a la ingeniería avanzada.

La Cenic Engenharia, de São José dos Campos, figura entre las empresas que lideran el proyecto.

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La propia empresa informa que el desarrollo es conducido por un arreglo productivo nacional con compañías como Cenic, ETSYS, Concert Space, Delsis y PlasmaHub.

También se mencionan socios estratégicos como Bizu Space, Fibraforte, Almeida’s y Horuseye Tech.

Estas empresas actúan en diferentes áreas del microlanzador, con actividades relacionadas con aerodinámica, propulsión, sistemas de lanzamiento, estructuras, navegación, control e integración de tecnologías espaciales.

En la práctica, el proyecto no se limita a la fabricación de un cohete.

La iniciativa también busca organizar una cadena nacional capaz de diseñar, probar y operar sistemas espaciales complejos, según información divulgada por las instituciones involucradas.

Los satélites pueden servir a la agricultura, defensa y medio ambiente

Los satélites lanzados por un microlanzador pueden tener diferentes aplicaciones, de acuerdo con la finalidad de cada misión.

Según el ingeniero Ralph Correa, entrevistado por Rede Vanguarda en el material citado por G1, estos equipos pueden apoyar sistemas de navegación, observación de la Tierra, teledetección y previsión meteorológica.

“Desde sistemas de navegación propios similares al GPS, pasando por sistemas de observación de la Tierra, teledetección, previsiones meteorológicas, es decir, existe una gran cantidad de aplicaciones posibles”, afirmó.

Este tipo de tecnología también puede ser usado por sectores como agricultura, telecomunicaciones, monitoreo ambiental, defensa, planificación urbana y gestión de desastres.

En la agricultura, los satélites ayudan a monitorear cultivos, identificar áreas de estrés hídrico y supervisar la productividad.

En el área ambiental, estos equipos permiten observar incendios, deforestación, avance de ríos, ocupación irregular y cambios en el uso del suelo.

En el sector de defensa, los satélites pueden ampliar la capacidad de comunicación, vigilancia, mapeo y seguimiento de áreas sensibles.

Por ello, el dominio de los lanzamientos espaciales es tratado por los organismos del sector como una capacidad con impacto en áreas que van más allá de la investigación científica.

Alcântara está prevista para el lanzamiento del MLBR

La expectativa citada en el material original es que el primer lanzamiento ocurra a partir de 2027, después de las etapas de prueba y calificación de los sistemas.

La operación debe usar el Centro de Lanzamiento de Alcântara, en Maranhão.

La elección tiene relación con la ubicación geográfica de la base, situada próxima a la línea del Ecuador.

Un estudio del Ipea sobre el centro de lanzamiento señala que la posición, a cerca de 2°18’ al sur de la Línea del Ecuador, ofrece ventajas para colocar satélites en órbitas ecuatoriales, con más facilidad operacional y potencial reducción de costos.

Esta proximidad permite aprovechar mejor la rotación de la Tierra en determinados perfiles de misión.

En términos técnicos, los cohetes lanzados cerca del Ecuador pueden ganar eficiencia en ciertos tipos de lanzamiento, reduciendo la necesidad de combustible en comparación con bases ubicadas en latitudes más altas.

Esta característica ayuda a explicar por qué Alcântara es citada desde hace décadas como una instalación relevante para el programa espacial brasileño.

La autonomía espacial depende de una cadena tecnológica completa

Uno de los puntos centrales del MLBR es el llamado acceso independiente al espacio.

La expresión se refiere a la capacidad de un país de producir satélites, dominar vehículos lanzadores, operar una base de lanzamiento y colocar cargas en órbita sin depender de terceros.

Pocos países reúnen esta combinación.

Según la Agencia Espacial Brasileña, Estados Unidos, Rusia, China e India están entre los ejemplos de naciones con capacidad propia de lanzamiento orbital.

Para Brasil, alcanzar este nivel representaría un cambio en el grado de participación del país en la cadena espacial.

El país ya actúa en investigación espacial, desarrollo de satélites, cohetes de sondeo, centros tecnológicos y cooperación internacional.

Sin embargo, aún busca consolidar la capacidad de lanzar sus propios satélites orbitales de manera autónoma.

Si el MLBR cumple este objetivo, Brasil podrá avanzar hacia una cadena espacial más completa y menos dependiente de estructuras extranjeras.

La inversión financia prototipo y pruebas del cohete

La inversión de R$ 189 millones, citada por la Revista Pesquisa Fapesp, financia la construcción del primer prototipo del lanzador.

Este valor se concentra en una etapa de desarrollo considerada técnica y decisiva por las instituciones involucradas.

Antes de cualquier vuelo orbital, un cohete necesita pasar por revisiones de proyecto, pruebas de motor, validaciones estructurales, análisis de materiales, integración de sistemas y ensayos de seguridad.

Cada componente necesita funcionar en condiciones extremas.

Durante un lanzamiento, el vehículo enfrenta vibración intensa, variación térmica, aceleración, presión aerodinámica y exigencias rigurosas de control.

Una falla en cualquier subsistema puede comprometer la misión.

Por eso, el cronograma hasta 2027 depende de una secuencia de pruebas y validaciones.

El desafío técnico del MLBR es transformar conocimiento especializado, financiación pública y capacidad industrial en un cohete apto para ejecutar misiones orbitales.

Microlanzador atiende rango de satélites menores

El MLBR no tendrá el tamaño de los grandes cohetes usados para llevar cargas pesadas al espacio.

La propuesta del proyecto es actuar en un rango menor, orientado a pequeños satélites.

Aun así, el desarrollo de microlanzadores ganó espacio en el mercado internacional al atender misiones más flexibles, con cargas menores y calendarios específicos.

En lugar de esperar un lugar en grandes cohetes compartidos, los operadores de pequeños satélites pueden contratar lanzamientos dedicados, cuando estén disponibles.

Este modelo interesa a universidades, startups, empresas de teledetección, gobiernos y sectores que necesitan probar tecnologías en plazos más cortos.

Para Brasil, la participación en este segmento puede ampliar oportunidades industriales, la formación de mano de obra especializada y la actuación del sector aeroespacial nacional, según evaluaciones recurrentes de organismos y empresas del sector.

El proyecto aún depende de calificación técnica

El desarrollo del Microlanzador Brasileño continúa en curso y depende de etapas técnicas complejas.

Por eso, el primer lanzamiento previsto a partir de 2027 debe ser tratado como meta, no como resultado garantizado.

El proyecto reúne empresas nacionales, financiación pública y uso planificado de Alcântara, tres componentes ligados a la búsqueda de autonomía espacial.

Si el lanzamiento tiene éxito, el país podrá probar una etapa necesaria para reducir la dependencia de estructuras extranjeras en misiones orbitales.

El ingeniero Toshiaki Yoshino, director de programas entrevistado por Rede Vanguarda, comparó esta autonomía con una llave de acceso al espacio.

“Es una actividad técnica de ingeniería bastante compleja. Y a todo el mundo le gusta decir desafío, ¿verdad? Entonces, aquí la gente trabaja con esa motivación. Para que Brasil consiga autonomía en el lanzamiento de estos cohetes es como conquistar una llave que abre las puertas al espacio. En el mundo, muy pocos países poseen esa llave”, afirmó.

En un escenario de mayor uso de satélites por gobiernos, empresas e instituciones de investigación, el dominio del acceso a la órbita pasó a tener relación directa con comunicación, observación de la Tierra, seguridad, monitoreo ambiental y economía digital.

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Ana Alice

Redactora y analista de contenido. Escribe para el sitio web Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 y es especialista en crear textos sobre temas diversos como economía, empleos y fuerzas armadas.

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