La producción brasileña de etanol debe alcanzar un nuevo récord en la cosecha 2026/27, alcanzando cerca de 40,7 mil millones de litros, un aumento de aproximadamente 8,5% en relación al ciclo anterior, según un estudio de la Companhia Nacional de Abastecimento (Conab). El gran motor de este crecimiento es el etanol hecho de maíz, que avanza a un ritmo mucho más rápido que el tradicional etanol de caña.
El dato confirma una transformación silenciosa en el sector de biocombustibles del país. Brasil, que siempre fue sinónimo de etanol de caña de azúcar, ahora ve el etanol de maíz ganar espacio acelerado, especialmente en el Centro-Oeste, donde sobra grano y falta para quien lo transporte.
El maíz asume el protagonismo
Según la Conab, la producción de etanol de maíz debe crecer cerca de 12,3% en la cosecha 2026/27, llegando cerca de 11,4 mil millones de litros. Es un salto expresivo para un segmento que prácticamente no existía en el país hace una década y que hoy ya representa una parte importante de todo el etanol nacional.
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El Centro-Oeste es el corazón de este movimiento. Estados como Mato Grosso, el mayor productor de granos del país, han comenzado a transformar parte de su gigantesca cosecha de maíz en combustible allí mismo, en lugar de enviar todo para exportación o alimento para animales. El Nordeste también ha entrado en el mapa, con nuevas plantas siendo instaladas para aprovechar la creciente demanda.
La lógica es simple y poderosa.
En lugar de transportar el maíz por miles de kilómetros hasta el puerto, con un flete caro, el productor agrega valor en la propia región, transformando el grano en etanol y en subproductos como el salvado usado en la alimentación animal. Es una forma de sortear el cuello de botella logístico que encarece la producción del interior del país.

Por qué la producción crece tanto
El avance del etanol es impulsado por varios factores al mismo tiempo. Hay una expansión de la capacidad industrial, con la construcción de nuevas plantas y la ampliación de las existentes; hay una oferta abundante de materia prima, tanto caña como maíz; y hay una demanda firme, sostenida por la política nacional de biocombustibles y por el interés creciente en combustibles menos contaminantes.
La legislación ayuda a impulsar el consumo. Programas que estimulan la mezcla de etanol en la gasolina y el uso de combustibles renovables garantizan mercado para el producto, dando seguridad para que las plantas inviertan en más producción. El etanol también es pieza central en la conversación sobre transición energética, por emitir menos carbono que la gasolina a lo largo de su ciclo.

Mucho más que combustible
El etanol de maíz no genera solo combustible. El proceso produce subproductos valiosos, como el DDG, un salvado rico en proteína usado en la alimentación de bovinos, aves y cerdos, y el aceite de maíz. Muchas plantas aún queman residuos para generar su propia electricidad, vendiendo el excedente a la red. En la práctica, una sola planta transforma el grano en combustible, alimento y energía al mismo tiempo.
Esta lógica de aprovechar todo hace el negocio más rentable y ayuda a explicar por qué tantas plantas están siendo erigidas en el interior del país. Para el ganadero vecino, la llegada de una planta significa alimento más barato; para el productor de maíz, un comprador más disputando su cosecha y sosteniendo el precio del grano en la región.
El peso de Brasil en el mapa global
El récord refuerza la posición de Brasil como una potencia mundial en biocombustibles, junto a Estados Unidos. Mientras los estadounidenses producen etanol casi todo de maíz, Brasil tiene la ventaja de combinar las dos fuentes, caña y maíz, lo que da flexibilidad y estabilidad a la oferta a lo largo del año.
Este protagonismo tiene valor estratégico. En un mundo que busca reducir la dependencia del petróleo, dominar la producción de combustible renovable a gran escala coloca al país en una posición privilegiada, con potencial para exportar tanto el producto como la tecnología de producción.

Los próximos años deben confirmar la tendencia al alza. Con nuevas plantas de maíz entrando en operación y la demanda por combustibles limpios creciendo, la Conab y entidades del sector proyectan que el etanol siga batiendo récords. Según el estudio, la cosecha 2026/27 marca otro capítulo de la expansión acelerada del biocombustible brasileño.
