La disputa espacial global se intensifica con el avance simultáneo de Estados Unidos y China, mientras Brasil aparece como socio estratégico en proyectos científicos y tecnológicos relacionados con la observación de la Tierra y futuras iniciativas orbitales.
China anunció que ampliará sus misiones espaciales en 2026 y reforzará la cooperación internacional en el sector, incluyendo la asociación con Brasil en el programa CBERS, justo después de que la NASA concluyera Artemis II, la primera misión tripulada en rodear la Luna en más de cinco décadas.
El movimiento fue divulgado por la agencia estatal Xinhua en comunicados de la Administración Espacial Nacional de China, la CNSA, en vísperas del Día del Espacio de China, celebrado el 24 de abril, y de la Conferencia Espacial de China, realizada entre el 23 y el 25 de abril en Chengdu.
La nueva etapa china ocurre en un momento de disputa tecnológica más intensa entre las grandes potencias, con Estados Unidos retomando vuelos tripulados al entorno lunar y Pekín acelerando planes para misiones, cohetes reutilizables, satélites científicos y presencia humana prolongada en el espacio.
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Brasil en el centro de la cooperación tecnológica con China
En el caso brasileño, la cooperación citada por China tiene como principal base el CBERS, sigla en inglés para Satélite Sino-Brasileño de Recursos Terrestres, programa creado a partir de un acuerdo firmado en 1988 para desarrollar satélites de observación de la Tierra.

“La cooperación espacial China-Brasil es ampliamente considerada un modelo de cooperación Sur-Sur en el sector de alta tecnología”, afirmó la CNSA, al recordar que ambos países firmaron diferentes planes de colaboración a lo largo de las últimas décadas.
La declaración china no detalló nuevos proyectos bilaterales, pero indicó la continuidad del CBERS como eje de la relación espacial entre los dos países.
En Brasil, este tipo de satélite tiene aplicación en monitoreo ambiental, planificación territorial, agricultura, gestión de recursos naturales y seguimiento de áreas de deforestación.
Misión Artemis II refuerza el protagonismo de Estados Unidos
Artemis II, por su parte, reforzó la posición de Estados Unidos en la exploración lunar.
La misión de la NASA fue lanzada el 1 de abril de 2026 y regresó a la Tierra el 10 de abril, después de llevar a cuatro astronautas en un viaje de prueba alrededor de la Luna a bordo de la cápsula Orion.
La tripulación estuvo formada por Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, además de Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense.
El vuelo probó sistemas de soporte vital, navegación, comunicación y seguridad antes de futuras misiones con aterrizaje lunar en el programa Artemis.
Brasil también apareció en esta misión por otro camino.
Los astronautas de Artemis II utilizaron un actígrafo desarrollado a partir de investigaciones vinculadas a la Universidad de São Paulo, equipo similar a un reloj científico utilizado para seguir patrones de sueño, movimiento y exposición a la luz durante el viaje.
La expansión china incluye más lanzamientos y una base lunar

Mientras Estados Unidos avanza en el programa Artemis, China intenta consolidar un calendario propio de expansión.
Según Liu Yunfeng, vicedirector del departamento de ingeniería de sistemas de la CNSA, el país realizó 92 lanzamientos espaciales en 2025, un aumento del 35% en relación con el año anterior.
Pekín informó además que pretende realizar en 2026 misiones tripuladas, incluyendo la Shenzhou-23, pruebas de vuelo con cohetes reutilizables y nuevas acciones para fortalecer el sector espacial comercial, área vista como estratégica para reducir costos y ampliar la frecuencia de operaciones en órbita.
China también mantiene el objetivo de enviar astronautas a la Luna antes de 2030 y desarrollar una base lunar, en asociación con otros países.
El proyecto forma parte de la Estación Internacional de Investigación Lunar, una iniciativa china que compite en influencia con los Acuerdos Artemis liderados por Estados Unidos.

Misiones científicas y presencia continua en órbita
Otro punto citado por la CNSA fue la misión SMILE, acrónimo de Solar wind Magnetosphere Ionosphere Link Explorer, desarrollada en cooperación con Europa.
El satélite debe estudiar las interacciones entre el viento solar y la magnetosfera terrestre, un fenómeno importante para comprender los efectos del clima espacial.
La semana del anuncio, China también lanzó un cohete Larga Marcha-4C con un satélite destinado a la detección de gases de efecto invernadero.
La misión refuerza el uso de tecnología espacial para la observación climática, un área que dialoga directamente con aplicaciones de satélites como los del programa CBERS.
En órbita, la tripulación de la Shenzhou-21 también realizó actividades extravehiculares en la estación espacial china.
Zhang Lu, Wu Fei y Zhang Hongzhang instalaron equipos de protección contra desechos espaciales e inspeccionaron componentes utilizados fuera del módulo orbital.
Los tres taikonautas partieron hacia la estación china el 31 de octubre de 2025, en una misión inicialmente prevista para unos seis meses.
Las autoridades chinas decidieron prorrogar la estancia un mes más para probar tecnologías relacionadas con estancias prolongadas en órbita.
Comunicación lunar e impacto estratégico global
La capacidad china de comunicación en la cara oculta de la Luna también se ha convertido en un elemento importante de esta disputa tecnológica.
Como esta región no tiene línea directa de contacto con la Tierra, Pekín desarrolló satélites retransmisores para apoyar misiones lunares más complejas.
Este avance cobró importancia porque las naves que orbitan la Luna pueden enfrentar períodos sin comunicación directa con los centros de control terrestres, dependiendo de la trayectoria y la infraestructura disponible.
La Artemis II pasó por tramos de este tipo durante el vuelo alrededor del satélite natural.
Para Brasil, la disputa entre Estados Unidos y China abre espacio para la cooperación, pero también evidencia la necesidad de una planificación tecnológica propia.
El país mantiene relaciones espaciales con ambos lados, al mismo tiempo que busca transformar las asociaciones en una capacidad industrial, científica y operativa más robusta.

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