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China puede haber encontrado el punto débil de Estados Unidos en la carrera de la inteligencia artificial: electricidad para alimentar centros de datos, mientras Washington concentra esfuerzos en chips y Pekín amplía energía solar, eólica, red eléctrica y capacidad de generación a escala histórica.

Escrito por Carla Teles
Publicado el 21/05/2026 a las 21:36
Actualizado el 21/05/2026 a las 21:37
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En la carrera de la inteligencia artificial, China amplía electricidad, energía renovable, solar, eólica y red de transmisión, mientras que EE.UU. se enfoca en chips y enfrenta demanda creciente de centros de datos. El debate muestra cómo la generación eléctrica y la planificación energética pueden pesar tanto como los semiconductores en la disputa tecnológica global entre potencias rivales.

La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales campos de disputa entre Estados Unidos y China, pero la contienda puede no depender solo de chips avanzados. Mientras Washington intenta proteger su ventaja en semiconductores, la electricidad para alimentar centros de datos y la expansión de energía renovable pueden definir parte de la carrera.

El argumento central es simple: según datos recopilados por Bloomberg, los modelos de IA requieren una enorme capacidad computacional, y esa capacidad necesita energía continua. En este escenario, China avanza con generación eléctrica, energía solar, eólica y red de transmisión a escala histórica, mientras que EE.UU. enfrenta demanda creciente, precios presionados y dificultad de las utilities para atender nuevos proyectos.

Los chips siguen siendo importantes, pero la energía se ha convertido en pieza central de la disputa

La rivalidad entre EE.UU. y China en inteligencia artificial suele explicarse por la carrera de los chips. Quien controla semiconductores avanzados tiene ventaja para entrenar modelos, operar grandes sistemas y sostener la próxima generación de aplicaciones digitales.

Pero la fuente señala otro factor decisivo: la electricidad. Los centros de datos necesitan energía a gran escala para mantener servidores, refrigeración, redes y procesamiento funcionando sin interrupción. Sin suficiente energía, incluso los mejores chips pueden convertirse en un cuello de botella.

Hank Paulson, exsecretario del Tesoro de EE.UU. y expresidente de Goldman Sachs, afirma que Estados Unidos tiene una ventaja importante por ser independiente en energía. Aun así, destaca que el país enfrenta falta de electricidad disponible para alimentar centros de datos.

La contradicción es precisamente esa: EE.UU. produce mucha energía, pero la demanda está creciendo más rápido que la oferta eléctrica en algunas áreas. Para la inteligencia artificial, esto puede significar retrasos, costos mayores y disputa por conexión a la red.

Los expertos citados indican que China está invirtiendo fuertemente en diferentes fuentes de energía. La fuente menciona expansión en carbón, pero también destaca un crecimiento masivo en renovables, especialmente solar y eólica.

Hank Paulson afirma que China ya tendría más renovables que Europa, Reino Unido y Estados Unidos juntos. El punto más importante no es solo ambiental, sino estratégico: quien tiene electricidad abundante puede sostener más centros de datos, más fábricas y más infraestructura digital.

Nick Burns, exembajador de EE.UU. en China, relata haber observado personalmente la expansión de líneas de transmisión por el país. Según él, el grado de desarrollo de la red eléctrica china es impresionante, incluso en provincias más alejadas del centro económico.

Esta expansión ayuda a explicar por qué la energía ha entrado en el centro de la disputa. La carrera de la inteligencia artificial no ocurre solo en laboratorios o empresas de tecnología; depende de plantas, subestaciones, cables, red eléctrica y planificación a largo plazo.

Los centros de datos pueden triplicar consumo hasta 2035 en EE.UU.

La demanda eléctrica de los centros de datos en Estados Unidos se señala como uno de los grandes desafíos. La fuente indica que el consumo de estas estructuras puede triplicar hasta 2035, presionando una red que ya opera bajo tensión en algunas regiones.

Este crecimiento viene directamente de la expansión de la inteligencia artificial. Cuantas más empresas entrenan modelos, operan asistentes digitales y ofrecen servicios basados en IA, mayor es la necesidad de infraestructura física.

La nube parece invisible para el usuario, pero es extremadamente concreta para el sistema eléctrico. Requiere terrenos, servidores, refrigeración, agua, energía y conexión con redes de alta capacidad.

Si la generación y la transmisión no acompañan este ritmo, el cuello de botella puede aparecer antes incluso de que la disputa tecnológica llegue al usuario final. En ese caso, la pregunta deja de ser solo “¿quién tiene los mejores chips?” y pasa a ser “¿quién puede encender todo esto?”.

Pekín añadió capacidad eléctrica en escala histórica

Los números citados en la fuente ayudan a dimensionar la diferencia de ritmo. Desde 2021, China habría añadido más capacidad de generación eléctrica, considerando todas las tecnologías de energía, de lo que Estados Unidos construyó en toda su historia.

Además, en los próximos cinco años, Pekín planea añadir más de 3,4 teravatios de capacidad de generación, casi seis veces más que los EE. UU. en el mismo horizonte citado por la fuente.

Este volumen le da a China una ventaja estructural en la carrera por infraestructura. No se trata solo de producir paneles solares, turbinas y baterías, sino de instalar generación, ampliar la red y preparar al país para un consumo industrial y digital creciente.

Para la inteligencia artificial, esta base eléctrica puede ser decisiva. Los centros de datos no compiten solo por chips o ingenieros; también compiten por megavatios disponibles y por conexión rápida a la red.

La energía limpia se convirtió en estrategia económica para China

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Elizabeth Economy, especialista en política china e investigadora sénior de la Hoover Institution, afirma que la apuesta china en energía limpia no debe ser vista solo como preocupación ambiental. Para ella, también hay un cálculo económico claro.

La fuente señala que el mercado global de energía limpia podría alcanzar los US$ 7 billones para 2035, y China quiere liderar este espacio. El país habría invertido cerca de US$ 1 billón en energía limpia el último año, según el relato presentado.

Como resultado, las exportaciones chinas de vehículos eléctricos habrían crecido un 80% en 2025, mientras que las exportaciones de baterías aumentaron un 40% y las de paneles solares avanzaron un 20%.

La energía limpia, en este caso, es verde en dos sentidos: ambiental y financiero. China ve las renovables, baterías y la red eléctrica como mercado, herramienta industrial y base para sostener sectores estratégicos, incluida la inteligencia artificial.

EE. UU. se enfoca en chips, pero podría haber perdido de vista la electricidad

La fuente sugiere que los EE. UU. podrían haber concentrado demasiada atención en proteger la ventaja en chips, dejando la infraestructura eléctrica en segundo plano. Esta lectura aparece en declaraciones de especialistas que ven la electricidad como posible freno para la expansión de los centros de datos.

El debate también involucra política energética. Según la fuente, la administración estadounidense estaría reduciendo el apoyo al sector de energía limpia y renovables, mientras China avanza en el dominio global de tecnologías solares, baterías y eólicas.

El riesgo para los EE. UU. es competir en IA con una red eléctrica menos preparada para la explosión de la demanda. Incluso si el país mantiene liderazgo en chips, software y modelos, la operación a gran escala requiere energía barata, estable y disponible.

La inteligencia artificial puede, por lo tanto, revelar una fragilidad menos visible: no basta con ganar la carrera de los semiconductores si la infraestructura eléctrica no acompaña el tamaño de la ambición tecnológica.

Renovables también son disputa industrial, no solo ambiental

La discusión sobre energía solar, eólica y baterías a menudo aparece como debate climático. Pero, en la disputa entre EE.UU. y China, estas tecnologías también funcionan como instrumentos industriales.

La fuente afirma que China responde por cerca del 80% de la producción global de tecnología solar y de baterías y por más del 70% en energía eólica. Estos porcentajes indican dominio no solo de instalación doméstica, sino también de cadena productiva.

Esto significa que, cuando el mundo construye parques solares, baterías o turbinas, una parte relevante de esa cadena puede pasar por fabricantes chinos. La energía que alimenta la inteligencia artificial también depende de fábricas, minerales, componentes y logística global.

Para EE.UU., recuperar terreno requeriría inversión, mercado seguro, incentivos y una estrategia industrial más clara. La fuente compara esta necesidad al “playbook” chino, que integra innovación, manufactura, implementación y exportación.

Largo plazo puede pesar más que reacción rápida

Nick Burns defiende que EE.UU. necesita pensar en horizontes de 2030 y 2040, no solo en disputas inmediatas. Esta observación es importante porque la infraestructura eléctrica no nace de un día para otro.

Plantas, líneas de transmisión, parques renovables y centros de datos requieren planificación, licenciamiento, inversión y coordinación. Quien empieza antes puede cosechar ventaja años después, especialmente en sectores intensivos en energía.

China ha estado insertando renovables en planes sucesivos durante décadas, según el análisis presentado. La expansión actual no habría surgido solo por causa de la IA, pero puede acabar beneficiando directamente la carrera de la inteligencia artificial.

Esa es la ironía del escenario: una política energética iniciada por razones industriales, comerciales y estratégicas puede convertirse en ventaja decisiva justamente en una disputa tecnológica que ganó fuerza más recientemente.

Seguridad de la IA aún puede exigir cooperación entre rivales

A pesar de la competencia, la fuente también señala un campo en el que EE.UU. y China tal vez necesiten conversar: seguridad en inteligencia artificial. La expansión acelerada de la IA aumenta la necesidad de reglas, prevención de accidentes y coordinación mínima entre grandes potencias.

Hank Paulson defiende que los países necesitan encontrar formas de competir y trabajar juntos al mismo tiempo. Según él, además del déficit comercial, existe un déficit de confianza que hace la relación más difícil.

La disputa por IA involucra rivalidad económica, seguridad nacional, energía y riesgo tecnológico. Si no hay algún grado de cooperación, el avance puede hacer el mundo más inestable y menos próspero.

Al mismo tiempo, EE. UU. quiere mantener el liderazgo antes de entrar en negociaciones más profundas. Esto refuerza la tensión: competir para no quedarse atrás, pero cooperar para evitar que la propia tecnología se vuelva peligrosa.

La carrera de la IA también puede ganarse en el enchufe

La disputa entre EE. UU. y China en inteligencia artificial parece, a primera vista, una guerra por chips, modelos y talentos. Pero la fuente muestra que la base física de la tecnología puede ser tan importante como el software.

Los centros de datos necesitan electricidad. La red necesita soportar un consumo creciente. La generación necesita acompañar la demanda. Y los países que planifican energía a escala pueden ganar ventaja silenciosa en la carrera digital.

China avanza con generación eléctrica, renovables, líneas de transmisión y dominio industrial en tecnologías limpias. EE. UU. sigue fuerte en chips e IA, pero enfrenta presión de demanda eléctrica, precios y capacidad de la red.

Al final, la pregunta que queda es directa: ¿la próxima fase de la inteligencia artificial será decidida solo por quien fabrique los mejores chips, o también por quien logre producir suficiente energía para mantener todos esos centros de datos encendidos? Comenta tu opinión.

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Carla Teles

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