Científicos analizaron burbujas de aire atrapadas en hielo antártico de 3 millones de años y descubrieron que la Tierra se enfrió drásticamente mientras el CO₂ y el metano permanecieron casi estables, revelando un nuevo misterio climático.
Un análisis de burbujas de aire atrapadas en hielo antártico de unos 3 millones de años reveló un resultado inesperado que está llamando la atención de los climatólogos: durante un largo período de enfriamiento global de la Tierra, los niveles de dióxido de carbono y metano permanecieron relativamente estables. El descubrimiento fue divulgado en abril de 2026 por ScienceDaily con base en estudios publicados en la revista científica Nature por investigadores vinculados a la Oregon State University y al proyecto internacional COLDEX, especializado en hielo antiguo de la Antártida.
Los científicos analizaron muestras recolectadas en la región de Allan Hills, en la Antártida Oriental, una de las pocas áreas del planeta capaces de preservar hielo extremadamente antiguo con gases atmosféricos intactos. Dentro de ese hielo había pequeñas burbujas de aire que funcionan como cápsulas del tiempo naturales, preservando registros de la atmósfera terrestre de millones de años atrás. Lo que los investigadores encontraron sorprendió a la comunidad científica.
Incluso con un fuerte enfriamiento de los océanos a lo largo de los últimos 3 millones de años, los niveles de gases de efecto invernadero cambiaron mucho menos de lo que esperaban los modelos climáticos. El descubrimiento sugiere que factores como la circulación oceánica, la expansión de las capas de hielo y la reflectividad del planeta pueden haber desempeñado un papel mucho mayor en la regulación climática de la Tierra antigua de lo que se imaginaba.
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El hielo de la Antártida funciona como un archivo climático natural
Cuando la nieve cae sobre la Antártida, pequeñas cantidades de aire quedan atrapadas entre los cristales de hielo. Con el paso de miles y millones de años, estas burbujas preservan muestras reales de la atmósfera terrestre de ese período. Esto permite a los científicos analizar directamente la concentración de dióxido de carbono, los niveles de metano, la composición química de la atmósfera y la temperatura de los océanos antiguos.
Las muestras utilizadas en el estudio provienen de Allan Hills, una región conocida como área de “hielo azul”, donde los movimientos naturales de los glaciares traen hielo extremadamente antiguo más cerca de la superficie.
El planeta se enfrió mucho más de lo que indicaba el CO₂
Uno de los estudios analizó gases nobles presentes en las burbujas de aire para reconstruir la temperatura media de los océanos. Los resultados indicaron que los océanos del planeta se enfriaron entre 2 °C y 2,5 °C a lo largo de los últimos 3 millones de años.
Este proceso de enfriamiento coincidió con la expansión de las grandes capas de hielo del Hemisferio Norte, período que transformó profundamente el clima global. El problema es que los gases de efecto invernadero encontrados en las muestras no acompañaron este cambio con la misma intensidad.
Los niveles de dióxido de carbono permanecieron generalmente por debajo de 300 partes por millón y variaron relativamente poco a lo largo del período analizado. El metano también presentó cambios considerados modestos por los investigadores. Fue precisamente esta incompatibilidad lo que llamó la atención.
El clima de la Tierra antigua pudo haber sido controlado por fuerzas más complejas
Los científicos no afirman que el CO₂ dejó de ser importante para el clima de la Tierra. Lo que el estudio sugiere es algo más complejo: otros mecanismos climáticos pueden haber desempeñado un papel mucho mayor durante ciertos períodos geológicos. Entre los principales factores señalados por los investigadores se encuentran:
- Cambios en la circulación oceánica;
- Expansión y retracción de grandes capas de hielo;
- Alteraciones en el albedo del planeta;
- Reorganización de la cobertura vegetal.
El albedo es la capacidad de la Tierra para reflejar la luz solar. Las superficies cubiertas de hielo reflejan mucha más energía de vuelta al espacio que los océanos oscuros o los bosques, por ejemplo. Esto significa que el crecimiento de los casquetes polares puede generar un efecto de enfriamiento adicional capaz de amplificar los cambios climáticos a lo largo de miles de años.
Los océanos pudieron haber tenido un papel mayor de lo que los científicos imaginaban
La investigación también refuerza la importancia de las corrientes oceánicas en la regulación del clima global. Los océanos funcionan como un gigantesco sistema de redistribución de calor alrededor del planeta. Los cambios en la circulación oceánica pueden alterar profundamente el transporte de calor entre continentes, la formación de hielo polar, la absorción de carbono y los patrones climáticos globales. Según los investigadores, las alteraciones graduales en estos sistemas pueden haber contribuido al enfriamiento global observado en los registros antárticos.
El estudio ayuda a entender cómo funciona el clima de la Tierra en escalas extremas
Una de las partes más importantes del descubrimiento es que amplía el conocimiento científico sobre períodos climáticos muy antiguos de la Tierra. Hasta hoy, la mayor parte de los registros atmosféricos directos obtenidos en hielo alcanzaba unos 800 mil años.
Las muestras analizadas ahora empujan esa ventana a aproximadamente 3 millones de años. Esto permite comparar el clima actual con períodos antiguos en los que la Tierra poseía condiciones diferentes a las actuales. Los investigadores creen que entender estos períodos puede ayudar a mejorar los modelos climáticos utilizados para predecir cambios futuros.
Un misterio climático enterrado en el hielo hace millones de años
El estudio muestra que el sistema climático terrestre puede ser aún más complejo de lo que los científicos imaginaban. Durante millones de años, océanos, hielo, corrientes marinas y atmósfera parecen haber interactuado de maneras que los modelos modernos aún intentan comprender completamente.
Y todo esto quedó preservado en pequeñas burbujas de aire invisibles atrapadas dentro del hielo antártico. Ahora, estas cápsulas naturales del tiempo están ayudando a los científicos a reconstruir capítulos del clima de la Tierra que permanecieron ocultos durante millones de años bajo la Antártida.

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