Investigadores identificaron un mecanismo geológico capaz de llevar formas de vida microscópica del subsuelo marino a áreas más someras, mostrando que la actividad sísmica también influye en ciclos biológicos ocultos en el océano.
Microbios enterrados a unos 1 kilómetro por debajo del fondo del mar pueden permanecer dormidos durante un tiempo extremo. Aun así, parte de esta vida microscópica logra regresar a áreas más someras y encontrar condiciones para despertar.
El movimiento de las placas tectónicas aparece como pieza central de este proceso. En lugar de solo empujar sedimentos hacia abajo, también abre camino para que fluidos lleven estos organismos de vuelta al océano somero.
Esta dinámica cambia la forma de entender la vida en el subsuelo marino. Lo que parecía atrapado por eras puede, en ciertos puntos, regresar a la superficie y volver a multiplicarse.
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Sedimentos a 1 kilómetro guardan vida por eras

Estos microbios permanecen aislados en capas profundas de sedimento, donde la temperatura y la presión dificultan la actividad biológica. Aun así, muchos logran atravesar largos períodos de dormancia.
La permanencia puede durar miles o incluso millones de años. Este tiempo extremo ayuda a explicar por qué el regreso a regiones más someras llama tanto la atención.
Subducción empuja parte de los organismos hacia el manto
El proceso ocurre en zonas de subducción, donde una placa tectónica se introduce por debajo de otra. En este encuentro, sedimentos ricos en microbios son raspados y acumulados contra la placa que queda por encima.
Gran parte de los organismos sigue con la placa que se hunde y continúa descendiendo hacia el interior de la Tierra. Otra parte, sin embargo, logra escapar de este trayecto profundo.
Fallas y fracturas empujan fluidos hacia arriba
La fricción entre las placas y el deslizamiento de las fallas mueven fluidos dentro de la cuña de sedimentos formada en esta región. Estos fluidos atraviesan fracturas y transportan los microbios dormidos a capas menos profundas.
Con esto, los organismos llegan a áreas donde la presión y la temperatura son más suaves. Este retorno aumenta la posibilidad de reactivación y de nueva reproducción en el ambiente marino.

Costa Rica conecta energía sísmica con la presencia de microbios profundos
Según SSA, sociedad sismológica que promueve un encuentro científico anual, la relación entre actividad sísmica y presencia de microbios profundos se ha manifestado con fuerza en la zona de subducción de la Costa Rica. Cuanto mayor es la energía sísmica, mayor es la abundancia de estos organismos en capas superficiales.
El efecto no depende solo de grandes terremotos. Deslizamientos lentos, temblores silenciosos y la fluencia asísmica también pueden generar suficiente tensión para movilizar fluidos en el subsuelo.
Bomba tectónica puede mover 10³⁰ células durante millones de años
Los modelos del equipo indican que este tipo de bomba tectónica puede circular más de 1 millón de gigatoneladas de fluido a lo largo de millones de años. En este movimiento, el transporte potencial alcanzaría 10³⁰ células microbianas.
Los llamados afloramientos fríos en el fondo del mar refuerzan esta interpretación. En esos puntos, los fluidos del subsuelo se liberan con más facilidad, lo que permite observar mejor la conexión entre tectónica y vida microscópica.
Reparación del ADN sostiene la espera extrema
Para soportar períodos tan largos de dormancia, estos microbios han desarrollado mecanismos de reparación del ADN y enzimas capaces de descomponer materia orgánica en condiciones severas. Este conjunto ayuda a mantener funciones vitales por un tiempo muy superior al normal.
Estudios genómicos aún sugieren que ciertas mutaciones actúan para preservar características a lo largo de escalas geológicas. Esto refuerza la idea de que estos organismos no solo sobreviven, sino que también conservan la capacidad de volver a reproducirse.
Los resultados amplían el peso de los terremotos en el funcionamiento del planeta. Además de remodelar el relieve y liberar energía, también pueden abrir camino para la circulación de vida escondida bajo el mar.
Cuando la actividad sísmica empuja fluidos y microbios hacia arriba, el fondo del océano adquiere una nueva lectura. Lo que parecía solo destrucción también moviliza ciclos biológicos antiguos y afecta al Pacífico.
Con información publicada en Olhar Digital.

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