Las bacterias Deinococcus radiodurans sobrevivieron 3 años en el espacio, expuestas al vacío y radiación, y volvieron vivas con ADN reparado.
En 2020, investigadores japoneses divulgaron resultados que llamaron la atención de la comunidad científica al mostrar que microorganismos pueden sobrevivir por años en el espacio. El estudio fue conducido por equipos vinculados a la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) dentro de la misión Tanpopo, un proyecto destinado a investigar la posibilidad de transporte natural de vida entre planetas, hipótesis conocida como panspermia. En el experimento, agregados de la bacteria Deinococcus radiodurans fueron colocados en el lado externo de la Estación Espacial Internacional (ISS) y permanecieron expuestos directamente al ambiente espacial por hasta tres años. Durante ese período, los microorganismos enfrentaron condiciones que incluyen vacío extremo, radiación cósmica, radiación ultravioleta solar y variaciones severas de temperatura.
Los resultados, publicados en la revista científica Frontiers in Microbiology, indicaron que estructuras con cerca de 500 micrómetros de grosor aún contenían células viables después de todo ese período, y que estas células fueron capaces de recuperarse y reparar daños al ADN cuando regresaron a la Tierra.
Qué hace de Deinococcus radiodurans una de las bacterias más resistentes del planeta
La elección de la bacteria Deinococcus radiodurans no fue por casualidad. Este microorganismo es conocido por su resistencia excepcional a condiciones extremas, especialmente a la radiación.
-
No fue solo el corazón debilitado: después de 10 días en el espacio profundo, los astronautas de la misión Artemis II regresaron con la columna expandida entre 5 y 7 centímetros, músculos atrofiados, alteraciones en el equilibrio y exposición a una radiación nunca antes medida con tanta precisión en un vuelo tripulado.
-
El Ministerio de Salud amplía el uso de la membrana amniótica en el SUS y apuesta por un trasplante innovador para acelerar el tratamiento de la diabetes y recuperar lesiones oculares.
-
Este planeta cambió de color, se encogió tras perder capas y ahora puede explotar: una estrella con más de 1.500 veces el radio del Sol intriga a los astrónomos desde 2014 y puede convertirse en una supernova en cualquier momento.
-
Superplantas brasileñas entran en el programa Artemis y abren camino para producir alimentos en el espacio, enfrentar cambios climáticos severos y revolucionar la agricultura en entornos extremos en la Tierra.
En ambientes de laboratorio, esta bacteria ya ha demostrado capacidad de soportar niveles de radiación miles de veces superiores a los que serían letales para los seres humanos. Esto ocurre debido a un conjunto de mecanismos biológicos que permiten la reconstrucción del ADN incluso después de daños severos.
Entre estos mecanismos está la presencia de múltiples copias del genoma y sistemas altamente eficientes de reparación molecular. Esto permite que la bacteria reorganice fragmentos de ADN dañados y retome sus funciones normales.
Esta capacidad de “reconstruir” su propio material genético es lo que hace de Deinococcus radiodurans uno de los organismos más estudiados en astrobiología.
Cómo se montó el experimento de las bacterias que sobrevivieron 3 años en el espacio
En el experimento Tanpopo, los científicos no enviaron bacterias aisladas, sino agregados celulares compactados en pequeñas “pelotas”. Estas estructuras fueron diseñadas para simular agrupamientos naturales de microorganismos que podrían existir en polvo espacial o superficies planetarias.
Las muestras fueron fijadas en paneles externos de la Estación Espacial Internacional, donde quedaron expuestas directamente al ambiente espacial. No había protección significativa contra radiación o vacío, lo que hace que el experimento sea particularmente relevante.

Estas muestras permanecieron en el espacio por períodos que llegaron a tres años, siendo posteriormente recuperadas y analizadas en laboratorio. El objetivo era probar si la propia estructura en capas de estas pelotas podría proteger células internas, creando una especie de escudo biológico natural.
Qué significa sobrevivir al vacío y a la radiación del espacio
El ambiente espacial es extremadamente hostil para cualquier forma de vida conocida. El vacío elimina rápidamente el agua de las células, llevando a la deshidratación total. Al mismo tiempo, la ausencia de atmósfera expone a los organismos a niveles elevados de radiación ultravioleta y cósmica.
Además, las temperaturas pueden variar drásticamente, dependiendo de la exposición al Sol, alternando entre calor intenso y frío extremo.
Sobrevivir a estas condiciones por cualquier período ya es un desafío significativo. En el caso de Deinococcus radiodurans, la supervivencia durante años indica una resistencia muy por encima de lo esperado para organismos terrestres.
Este resultado muestra que, en determinadas condiciones, la vida puede persistir incluso en ambientes considerados totalmente inhóspitos.
El papel de las pelotas de 500 micrómetros en la supervivencia de las bacterias que sobrevivieron 3 años en el espacio
Uno de los hallazgos más importantes del estudio fue la relación entre el grosor de las pelotas bacterianas y la tasa de supervivencia.
Los investigadores observaron que agregados con cerca de 500 micrómetros de grosor presentaron mayor supervivencia, ya que las capas externas absorbían la mayor parte de la radiación, protegiendo las células internas.
Este efecto crea una especie de blindaje natural, donde la propia masa celular funciona como escudo contra condiciones extremas.
Este mecanismo es fundamental para entender cómo microorganismos podrían sobrevivir durante viajes interplanetarios protegidos dentro de partículas de polvo o fragmentos rocosos.
Reparación del ADN tras el regreso de las bacterias Deinococcus radiodurans a la Tierra
Tras la recuperación de las muestras, los científicos rehidrataron las bacterias y analizaron su viabilidad. Los resultados mostraron que las células sobrevivientes fueron capaces de retomar sus funciones e iniciar procesos de reparación del ADN.
Esto indica que, incluso después de años de exposición a daños severos, los mecanismos internos de la bacteria permanecen activos lo suficiente para restaurar su estructura genética.
Este proceso de reparación es esencial para la supervivencia a largo plazo, ya que la radiación causa rupturas en el ADN que, si no se corrigen, llevan a la muerte celular.
La capacidad de volver a la vida y reparar su propio ADN tras la exposición al espacio es uno de los puntos más impresionantes del estudio.
¿Qué cambia esto en la hipótesis de panspermia?
La hipótesis de panspermia sugiere que la vida puede dispersarse entre planetas a través de meteoritos, polvo espacial u otros mecanismos naturales. Aunque esta idea existe desde hace décadas, experimentos como el Tanpopo proporcionan evidencias experimentales que ayudan a evaluar su viabilidad.
Los resultados indican que los microorganismos pueden sobrevivir en el espacio durante períodos suficientemente largos para permitir viajes entre cuerpos celestes, especialmente dentro de estructuras que ofrezcan algún nivel de protección.
Esto no prueba que la panspermia ocurre de hecho, pero muestra que es físicamente posible en determinadas condiciones.
La supervivencia de bacterias en el espacio refuerza la idea de que la vida puede ser más resiliente y distribuida de lo que se imaginaba.
Implicaciones para la exploración espacial y la contaminación planetaria
Los resultados del experimento también tienen implicaciones importantes para las misiones espaciales. Si microorganismos terrestres pueden sobrevivir en el espacio, existe el riesgo de contaminación de otros planetas por sondas y equipos enviados desde la Tierra.
Este escenario plantea preocupaciones sobre la llamada “protección planetaria”, que implica evitar que la exploración espacial introduzca vida terrestre en otros entornos.
Por otro lado, entender cómo los organismos sobreviven en el espacio puede ayudar en el desarrollo de tecnologías para el soporte vital en misiones de larga duración, incluyendo viajes a Marte.
Limitaciones del estudio y lo que aún no se sabe sobre las Bacterias Deinococcus radiodurans
Aunque los resultados son significativos, es importante destacar que el experimento se realizó en órbita baja de la Tierra, donde aún existe alguna protección parcial contra la radiación más intensa del espacio profundo.
Además, las bacterias estaban agrupadas en estructuras específicas, lo que puede no reflejar todas las condiciones posibles en entornos naturales.
Por lo tanto, aún hay incertidumbres sobre cómo estos resultados se aplicarían a viajes interplanetarios de larga duración o a entornos más extremos, como el espacio interestelar.
Esto significa que la supervivencia observada es un indicativo fuerte, pero no una confirmación definitiva de que la vida puede expandirse fácilmente por el universo.
El papel de la misión Tanpopo en la astrobiología
La misión Tanpopo es uno de los proyectos más relevantes de la astrobiología moderna, ya que busca responder una de las preguntas más fundamentales de la ciencia: cómo se origina y se distribuye la vida en el universo.
Al probar directamente la supervivencia de organismos en el espacio, el proyecto proporciona datos concretos que ayudan a transformar hipótesis en evidencias científicas.
Estos estudios también contribuyen a la búsqueda de vida fuera de la Tierra, indicando qué tipos de organismos podrían sobrevivir en entornos extraterrestres.
¿Crees que la vida puede viajar por el espacio escondida en partículas microscópicas?
La supervivencia de Deinococcus radiodurans en el entorno espacial plantea una cuestión central sobre el origen y la distribución de la vida en el universo. Si los microorganismos pueden resistir al vacío, a la radiación y al tiempo, la posibilidad de transferencia entre planetas deja de ser solo teórica.
Ante esto, ¿crees que la vida en la Tierra puede haber venido de otro lugar o que este tipo de resistencia solo muestra cuán adaptable puede ser la vida?

Seja o primeiro a reagir!