Un laboratorio federal creó simulaciones detalladas para prever lo que acontece al llenar túneles y minas abandonadas con agua a presión, y la idea apunta a almacenamiento a largo plazo, menor costo y uso de estructuras ya existentes
La escena parece un guion de película. Túneles oscuros, minas abandonadas, pozos profundos y máquinas paradas por décadas, todo esto puede volver a tener valor.
Solo que no para extraer carbón. Ahora, la propuesta es almacenar energía.
Científicos del Oak Ridge National Laboratory, un laboratorio en Estados Unidos, desarrollaron herramientas de simulación para evaluar si miles de minas antiguas pueden funcionar como grandes reservorios de agua en el subsuelo.
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El problema que frena la energía limpia aparece al final de la tarde, cuando la factura sube y la red pide socorro
La energía solar y eólica tiene un detalle que pesa en el bolsillo. Cambia mucho a lo largo del día.
Cuando el sol está fuerte, sobra electricidad en algunos lugares. Al final de la tarde, cuando todos encienden cosas en casa y el sol se oculta, la demanda se dispara.
La red lo siente. Y el precio suele acompañar.
Es por eso que almacenar energía por más tiempo se ha convertido en una pieza codiciada en el sector. No para generar energía nueva, sino para mantener la estabilidad cuando el consumo aumenta.
La solución más utilizada ya existe, pero casi siempre depende de montañas altas y eso limita todo el mapa
Hay una forma conocida de almacenar energía usando agua, como si fuera una batería.
Funciona así. Cuando sobra energía, bombas empujan el agua a un nivel más alto. Cuando aumenta la demanda, el agua desciende y pasa por turbinas, generando electricidad.
Este modelo ya domina el almacenamiento a gran escala en Estados Unidos. El bloqueo siempre ha sido la ubicación.
El método tradicional suele requerir dos reservorios y una gran diferencia de altura. Sin eso, el proyecto se vuelve complicado.
Y muchas regiones planas quedan excluidas.
El truco es reemplazar la montaña por un pozo profundo y utilizar lo que ya está abierto en el subsuelo
La nueva propuesta cambia el escenario porque desplaza la parte inferior del sistema hacia el interior de la tierra.
En lugar de construir todo desde cero, la idea es usar los pozos y túneles profundos de minas abandonadas como reservorio inferior.
Esto cambia dos cosas que llaman la atención en el sector.
Primero, abre espacio para proyectos en áreas más planas, que antes no entraban en esta cuenta.
Segundo, aprovecha estructuras ya existentes. Según especialistas, cuando se reutiliza lo que ya se ha excavado, el camino puede ser más corto para la obra y el licenciamiento, aunque cada lugar tiene sus propias exigencias.
Aquí está el factor que llama la atención de quienes aman los números, solo que traducido a la vida real. No hay un número oficial divulgado sobre cuántas minas serían utilizadas, pero los Estados Unidos tienen miles de minas abandonadas, y eso significa una red de agujeros y túneles dispersos por todo el país, como si fueran depósitos listos esperando una nueva función.
El agua no entra sola, reacciona con lo que quedó en las minas abandonadas
La parte más delicada está donde casi nadie imagina.
Una mina antigua y abandonada no es un tanque limpio. Dentro existen minerales, superficies expuestas y materiales que han estado en contacto con el ambiente durante años.

Cuando el agua circula, puede mover esos residuos y transportar sustancias que dañan equipos.
El laboratorio afirma que creó simulaciones para prever dos riesgos principales.
El primero es el desgaste causado por reacciones entre el agua y lo que existe en el túnel. Si esto no se prevé, el daño puede aparecer justamente en las turbinas, que son costosas y sensibles.
El segundo es la seguridad del propio túnel. El agua va y vuelve a presión, y la estructura necesita resistir sin agrietarse o ceder.
Un investigador del ORNL, Thien Nguyen, resumió el mensaje con cautela. La idea entusiasma, pero es necesario superar desafíos relacionados con el desgaste y la estabilidad antes de comenzar a construir.
Quién gana y quién pierde con este cambio, las regiones planas entran en el juego y el modelo antiguo pierde exclusividad
Hay una disputa silenciosa aquí.
Por un lado, el modelo tradicional, atado a lugares con grandes desniveles naturales.
Por el otro, la propuesta subterránea, que intenta abrir el mapa y llevar el almacenamiento a gran escala a donde antes no era viable.
Si este camino avanza, las regiones con historial de minería pueden ganar un nuevo tipo de inversión. No como una promesa vacía, sino como una nueva función para estructuras que hoy son un pasivo.
Y hay otro punto. Cuando una tecnología puede reutilizar infraestructura, afecta costos y plazos. Esto presiona a quienes aún dependen solo de obras nuevas y grandes áreas libres.
La cuenta necesita cerrar y la eficiencia debe demostrar que el plan aguanta el mundo real
El próximo paso del equipo del ORNL es poner la idea en la calculadora de verdad.
Están avanzando hacia análisis que unen técnica y economía, para entender si cada mina tiene condiciones de recibir un proyecto de este tipo.
El equipo también planea analizar la eficiencia del sistema para definir buenas prácticas de construcción y operación, caso por caso.
Un escritor de ciencia del laboratorio, Galen Fader, afirmó que las simulaciones ayudan a socios de la industria a evaluar riesgos y tomar decisiones más informadas sobre diseño, construcción y operación en lugares específicos.
Al final, lo que llama la atención es el giro en la lógica. Un espacio creado para alimentar la era industrial puede terminar ayudando a mantener una red eléctrica más limpia, justo en el momento en que el sistema más necesita estabilidad.
Si esta idea llegara a tu región, ¿lo verías como una oportunidad, o como un riesgo, dado que ocurre en el subsuelo? Cuéntanos en los comentarios qué más llamó tu atención de esta propuesta.

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