Con el apoyo de 141 países, resolución aprobada en la Asamblea General de la ONU refuerza dictamen unánime de la Corte Internacional de Justicia, impulsado por estudiantes del Pacífico y por Vanuatu, y amplía la presión diplomática sobre gobiernos ante las obligaciones legales relacionadas con el clima.
141 países aprobaron en mayo de 2026, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, una resolución que refuerza el deber legal de proteger el clima, tras campaña iniciada por estudiantes del Pacífico y llevada por Vanuatu al Tribunal Internacional de Justicia.
Cómo el Pacífico llevó la agenda climática a la ONU
La votación consolidó una trayectoria iniciada lejos de los centros diplomáticos. La Pacific Island Students Fighting Climate Change, organización liderada por estudiantes, inició movilización para pedir al Tribunal Internacional de Justicia un dictamen consultivo sobre clima y derecho.
Vanuatu, nación insular del Pacífico expuesta a la elevación del nivel del mar y a tormentas intensas, asumió la causa en las Naciones Unidas. Bajo presión de potencias para retirar la resolución, el país mantuvo la iniciativa.
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En julio de 2025, la Corte Internacional de Justicia emitió un dictamen unánime. El tribunal aclaró que enfrentar la crisis climática es un deber legal basado en derecho internacional, no un compromiso condicionado a la conveniencia política.
Vishal Prasad, director de Pacific Island Students Fighting Climate Change, calificó la votación como “un punto de inflexión en la responsabilización por los daños climáticos”. La campaña mostró cómo países más pequeños influyen en el derecho internacional.
Decisión afirmó responsabilidad climática
El dictamen reconoció que limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados Celsius sigue como objetivo central de la acción climática. También indicó que obligaciones consuetudinarias alcanzan a todos los países, incluso fuera de tratados climáticos de la ONU.
La Corte afirmó que los Estados tienen el deber de reducir emisiones, incluso regulando actores privados dentro de sus territorios. Con ello, la discusión avanza de la política pública a la responsabilidad corporativa.
Otro punto fue la indicación de que la expansión continua de la producción de combustibles fósiles podría configurar un acto ilícito internacional. El cambio climático fue descrito como un problema existencial planetario.
Resolución transforma dictamen en presión diplomática
La resolución aprobada en mayo de 2026 busca dar peso operativo al dictamen. El texto pide que los Estados cumplan con las obligaciones internacionales aclaradas por el tribunal y adopten medidas orientadas a la meta de 1,5 grados Celsius.
El documento menciona la transición lejos de los combustibles fósiles y solicita al secretario general de la ONU un informe sobre formas de promover el cumplimiento. La votación terminó con 141 votos a favor, 8 en contra y 28 abstenciones.
Bielorrusia, Irán, Israel, Liberia, Rusia, Arabia Saudita, Estados Unidos y Yemen votaron en contra. Durante las negociaciones, Vanuatu retiró del texto final la propuesta de un registro global para pérdidas y daños climáticos.
Oposición de EE.UU. y próximos efectos jurídicos
La posición de Estados Unidos fue presentada por Tammy Bruce, vice-representante del país en la ONU. Ella calificó la resolución de “altamente problemática” y cuestionó la base legal de las obligaciones sobre daños transfronterizos.
Bruce rechazó menciones a los combustibles fósiles y al cambio climático como desafío civilizacional. Antes de la votación, EE.UU. presionó a países contra la resolución e intentó convencer a Vanuatu de retirarla.
La resolución no es vinculante, pero refuerza la autoridad persuasiva del dictamen en tribunales nacionales. Para Joie Chowdhury, del Centro de Derecho Ambiental Internacional, el voto muestra compromiso global con el Estado de derecho, acción colectiva y cooperación climática.

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