Análisis de la NASA muestra cómo la Ciudad de México sufre subsidencia acelerada, con la ciudad hundiéndose e impactos crecientes en la infraestructura y el abastecimiento
La Ciudad de México vive un proceso silencioso, pero cada vez más evidente: el suelo está cediendo de forma continua. Datos divulgados el 29 de abril por la NASA y republicados por Science Alert, indican que la subsidencia puede alcanzar cerca de 25 centímetros por año en algunas regiones, un número considerado elevado a escala global.
Este fenómeno ocurre de manera desigual, lo que hace que el escenario sea aún más preocupante. Mientras que ciertas áreas presentan hundimiento más lento, otras sufren deformaciones rápidas, creando una dinámica compleja de riesgos urbanos. En la práctica, se trata de una ciudad hundiéndose bajo sus propios desafíos estructurales y ambientales.
Con aproximadamente 22 millones de habitantes y un área metropolitana que se extiende por cerca de 7,8 mil kilómetros cuadrados, el impacto no es puntual. Afecta a millones de personas y compromete sistemas esenciales. La nueva generación de datos obtenidos por satélite refuerza la urgencia de comprender y enfrentar la subsidencia con base científica.
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Monitoreo de la NASA muestra subsidencia irregular y avance de la ciudad hundiéndose
Entre octubre de 2025 y enero de 2026, mediciones hechas por el satélite NISAR — desarrollado en colaboración con la ISRO — revelaron que la subsidencia en la Ciudad de México ocurre de forma heterogénea. En áreas específicas, el suelo llega a ceder cerca de 2 centímetros por mes.
Este comportamiento desigual indica que la ciudad hundiéndose no sigue un patrón uniforme. Regiones cercanas al principal aeropuerto y al monumento del Ángel de la Independencia están entre los puntos críticos identificados por los científicos.
El geofísico Enrique Cabral, de la Universidad Nacional Autónoma de México, destaca que la capital mexicana presenta una de las mayores velocidades de subsidencia del planeta. Según él, el acumulado del hundimiento ya supera los 12 metros desde el inicio del siglo pasado, lo que evidencia la gravedad histórica del problema.
Origen de la subsidencia en la Ciudad de México está ligada a la exploración intensiva de acuíferos
La explicación para este fenómeno está directamente relacionada con la formación geológica de la región. La Ciudad de México fue construida sobre el lecho de un antiguo lago, compuesto por sedimentos arcillosos y altamente compresibles.
A lo largo de más de un siglo, la extracción intensiva de agua subterránea redujo drásticamente la presión interna de estos sedimentos. Como consecuencia, el suelo comenzó a compactarse, generando la subsidencia.
Este proceso ocurre en etapas continuas y acumulativas. Cuanta más agua se extrae, mayor es el hundimiento. Entre los factores que intensifican este escenario, se destacan:
- Crecimiento poblacional acelerado
- Alta demanda de agua potable
- Baja recarga natural de los acuíferos
- Impermeabilización del suelo urbano
Este conjunto de factores crea un ciclo difícil de interrumpir, en el cual la ciudad hundiéndose se convierte en una consecuencia directa de la forma en que se utilizan los recursos naturales.
Infraestructura bajo presión con la ciudad hundiéndose y deformaciones en el suelo
Los impactos de la subsidencia van más allá de la geología. Se reflejan directamente en el cotidiano de la población y en la estructura urbana de la Ciudad de México.
Con el suelo cediendo de forma desigual, la infraestructura sufre deformaciones constantes. Sistemas enteros necesitan ser adaptados o reconstruidos para acompañar los cambios en el terreno.
Entre los principales efectos observados están:
- Grietas en edificios y viviendas
- Inclinación de estructuras históricas
- Daños en redes de agua y alcantarillado
- Afectación del sistema de metro
- Aumento del riesgo de inundaciones
La Catedral Metropolitana, cuya construcción comenzó en 1573, es uno de los ejemplos más emblemáticos. La inclinación visible de la estructura evidencia cómo la subsidencia puede afectar incluso a patrimonios históricos.
Además, calles y avenidas presentan desniveles progresivos, dificultando la movilidad urbana y elevando los costos de mantenimiento.
Tecnología del satélite NISAR amplía la comprensión sobre la subsidencia y los riesgos urbanos
El avance tecnológico ha permitido una lectura más precisa de la subsidencia. El satélite NISAR utiliza radar de apertura sintética, capaz de detectar variaciones milimétricas en la superficie terrestre.
Según Paul Rosen, científico involucrado en el proyecto, esta tecnología permite ver lo que sucede debajo de la superficie con un nivel de detalle antes imposible. Esto representa un cambio significativo en la forma en que las ciudades pueden ser monitoreadas.
En la práctica, los datos proporcionados ayudan a:
- Identificar áreas de mayor riesgo
- Mapear patrones de deformación del suelo
- Planificar intervenciones con mayor precisión
- Anticipar problemas estructurales
La expectativa es que, en el futuro, sea posible monitorear incluso edificios individualmente, ampliando aún más la capacidad de prevención.
Desigualdad urbana y crisis hídrica intensifican los efectos de la subsidencia
La subsidencia no afecta a todos de la misma manera. Las regiones más vulnerables tienden a sufrir impactos más severos, tanto en términos estructurales como sociales.
La crisis hídrica agrava aún más este escenario. La dependencia de acuíferos profundos mantiene el ciclo de explotación activa, dificultando la recuperación del suelo.
Este contexto crea desafíos importantes para la gestión pública. Entre ellos:
- Garantizar el abastecimiento de agua sin intensificar el problema
- Reducir desigualdades territoriales
- Adaptar la infraestructura existente
- Planificar el crecimiento urbano de forma sostenible
La ciudad hundiéndose, por lo tanto, no es solo una cuestión ambiental, sino también social y económica.
Caminos posibles para reducir la subsidencia y proteger la ciudad
Ante un problema complejo, las soluciones también deben ser integrales. Los expertos señalan que la mitigación de la subsidencia depende de una planificación a largo plazo y de la integración entre diferentes áreas.
Entre las estrategias consideradas más eficaces se encuentran:
- Reducción gradual de la extracción de agua subterránea
- Ampliación del uso de agua reciclada
- Inversión en captación de agua de lluvia
- Refuerzo estructural en áreas críticas
- Uso de datos científicos para la planificación urbana
La actuación de la NASA tiene un papel importante en este proceso, al proporcionar información confiable que orienta las decisiones estratégicas.
Una alerta que redefine el futuro urbano de la Ciudad de México
Los datos más recientes muestran que la subsidencia en la Ciudad de México ya no puede ser tratada como un problema secundario. Se trata de un fenómeno continuo, acumulativo y con impactos directos en la vida de millones de personas.
El hecho de que la ciudad se hunda hasta 25 centímetros por año en algunas áreas y ya acumule más de 12 metros de hundimiento a lo largo del tiempo refuerza la urgencia de acciones estructurales.
Con el apoyo de tecnologías avanzadas y estudios realizados por instituciones como la NASA, el conocimiento sobre el problema ha avanzado significativamente. Ahora, el desafío está en transformar estos datos en políticas eficaces.
El futuro de la ciudad dependerá de la capacidad de equilibrar el desarrollo urbano, la gestión hídrica y la preservación del suelo. La subsidencia, antes invisible, ahora es uno de los principales indicadores de que se necesitan cambios profundos.
Con información de NASA

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