En mayo de 2025, un grupo de conductores de Uber en Salvador tenía menos de 20 personas y funcionaba como un espacio de charla en WhatsApp. Hoy, los Ratos da Pista son casi 8 mil miembros distribuidos en ocho grupos de conversación y ocho grupos de socorro, con presencia confirmada en Bahía, Sergipe, Río de Janeiro y São Paulo. El nombre vino de uno de los miembros fundadores, Igor Barreto, que usó la palabra rato en el sentido de quien circula por cualquier lugar sin prejuicio. «Al principio estábamos un poco recelosos, porque rata configura en la mente de mucha gente algo negativo», admite uno de los organizadores en el video del Jornal Correio. La resignificación pegó.
Lo que comenzó como un espacio de charla entre amigos que recorrían la ciudad se transformó en un ecosistema que los propios conductores de Uber definen con esa palabra: barbería del rato, salón de belleza para las ratonas, óptica con gafas por R$ 200 para los miembros, lavadero asociado en Castelo Branco que fue el primero en cerrar negocio con el grupo. La lógica es simple y poderosa: volumen por descuento. Con casi 8 mil conductores como audiencia garantizada, el colectivo consigue sentarse con empresas y pedir condiciones que un conductor individualmente jamás obtendría. El reportaje del Correio mostró los bastidores de esta construcción.
El origen: conductores de Uber, WhatsApp y la búsqueda de descuento

La propuesta que los conductores de Uber hicieron al dueño fue directa: si él ofrecía descuento, ellos llevarían al menos 20 coches. Cuando la movilización ocurrió y los coches aparecieron, el propietario quedó «maravillado con tantos coches», según el relato del propio grupo al Correio. A partir de ahí, el modelo de negociación por volumen se convirtió en la columna vertebral del colectivo.
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La escalada de miembros fue rápida y no planificada. Los conductores de Uber fueron compartiendo el grupo, las utilidades se multiplicaron, las asociaciones fueron llegando y el número de personas fue creciendo junto. Hoy, con casi 8 mil participantes, el ecosistema tiene capacidad de llenar de coches cualquier establecimiento que cierre asociación con el colectivo. Ninguna empresa de tamaño medio en Salvador ignora fácilmente una clientela potencial de 8 mil conductores de Uber que recorren la ciudad todo el día. Eso es lo que da al colectivo su fuerza de negociación.
Los grupos de socorro: asistencia en las calles de Salvador

La función es práctica: cuando un conductor de Uber tiene un problema en la calle, ya sea avería, accidente o cualquier emergencia, él publica en el grupo y otros miembros que estén en la región se movilizan para ayudar. Grueros socios del colectivo responden a esos llamados con precio diferenciado para los miembros.
La red de socorro funciona porque los conductores de Uber cubren la ciudad de forma continua y capilar. Son profesionales que pasan horas en la calle, conocen los barrios, saben quién está cerca y pueden responder rápido a una solicitud de ayuda. Quien no tiene socio de grúa en el grupo, ya tiene un número de contacto disponible pocas mensajes después de publicar la emergencia. Este tipo de asistencia mutua informal es lo que fideliza a los miembros que entran por el descuento y se quedan por la red de apoyo.
La estructura de los grupos y cómo funcionan los administradores
Con casi 8 mil conductores de Uber en ocho grupos de charla y ocho grupos de socorro, además de los grupos regionales de Feira de Santana y las Jatonas, la gestión de los Ratos da Pista exige una estructura de administradores. El papel no tiene remuneración. Todos los ADMs son voluntarios, elegidos por votación entre los propios administradores con base en quien demuestra más proactividad y disposición para ayudar a los otros miembros.
La principal diferencia práctica entre ser ADM y ser miembro común es el acceso: los administradores pueden acceder a todos los grupos al mismo tiempo, lo cual es fundamental para coordinar situaciones de socorro que atraviesan diferentes grupos. La lógica de selección refleja la cultura del colectivo: «Son los miembros que se destacan y hacen por los demás los que son más proactivos», explica uno de los organizadores en el video del Correio. Ya han pasado varias personas por el cargo de ADM. Quien deja de contribuir activamente puede ser removido de la función por la misma votación que lo colocó allí.
El financiamiento: adhesivos, llaveros y gorras de ratón
Mantener un colectivo de casi 8 mil conductores de Uber organizados en docenas de grupos de WhatsApp, con sede, asociaciones y eventos, tiene un costo operativo. La solución que los Ratos da Pista encontraron es la venta de productos de identificación: adhesivos, llaveros y, próximamente, gorras. El adhesivo cuesta R$ 10 y sirve tanto como fuente de ingresos como símbolo de pertenencia al grupo.
Coches llenos de adhesivos del colectivo se han vuelto escenas comunes en las calles de Salvador. Cada conductor de Uber con el símbolo del ratón en la ventana o en el maletero del coche funciona como publicidad ambulante para el grupo. Nuevos miembros ingresan porque vieron el adhesivo, preguntaron al conductor y fueron invitados. Es un modelo de expansión orgánico que no costó ningún presupuesto de marketing, solo la identidad visual pegada en los coches de quienes ya sienten orgullo de formar parte.
La sede: terreno en la costa cedido por político por un año
El paso más ambicioso de los Ratos da Pista fue la conquista de un terreno a orillas de la costa de Salvador, cerca de la Arena Multiuso y el Centro de Convenciones de la ciudad, cedido por un político local por un período de un año. El proyecto para el espacio es detallado: restaurante o cafetería, dos bahías de lavado para coches, punto de baño para los conductores de Uber, barbería, dos puntos de carga para coches eléctricos y espacio de convivencia.
Uno de los organizadores reconoce abiertamente en el video del Correio que el terreno puede haber sido cedido con intenciones políticas. La posición del colectivo es pragmática: «Ser utilizado no es problema. El problema es ser utilizado sin haber hecho nada.» La sede está siendo tratada como infraestructura real para los conductores de Uber, independientemente de la motivación del donante. Cuando y si las obras avanzan, será el primer espacio físico permanente del colectivo y el mayor salto de una red online a una presencia física en la ciudad.
Quiénes son los ratones: jubilado, microemprendedor, trabajador formal
El perfil de los miembros de los Ratos da Pista revela la composición real de la categoría de conductores de Uber en Salvador. Uno de los entrevistados por el reportaje del Correio es un servidor público jubilado que salió a la pista para complementar sus ingresos. Sale de casa a las 4 de la mañana, conduce hasta las 10, 11 de la noche con intervalos para actividades paralelas, como la venta de perfumes importados que realiza dentro de su propio coche. Otro tiene un empleo formal con horario hasta las 4 de la tarde y usa el tiempo libre en la pista para ganar un ingreso extra.
Lo que une perfiles tan diferentes es la necesidad de monetizar el tiempo disponible y la percepción de que la pista, por sí sola, no es suficiente. Los Ratos da Pista existen porque un conductor de Uber individualmente tiene poco poder de negociación con empresas, poca red de soporte cuando tiene una avería y poca visibilidad cuando quiere organizar algo colectivo. El colectivo entrega las tres cosas: poder de compra colectivo, red de socorro en las calles e identidad compartida que transforma un grupo de extraños que conducen coches iguales en algo que parece una comunidad real.
Cuatro estados y la cuestión política que todos evitan
Con presencia en Bahía, Sergipe, Río de Janeiro y São Paulo, los Ratos da Pista cruzaron la frontera de lo regional y entraron en territorio nacional. La expansión fue orgánica: conductores de Uber de otros estados conocieron el colectivo, pidieron entrar y se crearon grupos específicos para acomodar la demanda. El modelo es replicable porque no depende de infraestructura física, solo de grupos de WhatsApp y de la disposición de miembros locales para organizar las asociaciones comerciales en su propia ciudad.
La pregunta sobre pretensiones políticas aparece dos veces en el video del Correio. La respuesta de los organizadores es consistente en negar cualquier intención de candidatura o actuación partidaria. «Nuestra intención, nosotros administradores de los Ratos da Pista, no pretendemos de ninguna manera salir como políticos», dice uno de los fundadores. La posición es declarada, pero el colectivo ya ha demostrado que moviliza conductores de Uber en escala suficiente para llenar establecimientos comerciales. Una base de 8 mil conductores de Uber organizados, con sede en la costa y presencia en cuatro estados, es un activo político incluso para quien no quiere ser político, y los organizadores parecen estar conscientes de eso.
Un colectivo de conductores de Uber que negocia descuentos por volumen, mantiene una red de socorro en las calles y ganó una sede de político en la costa de Salvador es un ejemplo de organización popular que debería existir en más ciudades, o es un movimiento que inevitablemente se transformará en instrumento político? ¿Conoces algo parecido en tu ciudad? Deja tu opinión en los comentarios.

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