En Santa Catarina, las figuritas del Mundial inspiraron el emprendimiento infantil después de que Heitor viera cromos arrugados en la escuela y comenzara a vender cajitas para figuritas hechas en impresión 3D, con nombre y color, mostrando cómo una necesidad simple se convirtió en negocio entre compañeros en Criciúma, también antes y después de las clases.
Las figuritas del Mundial estaban en el centro de la rutina de los compañeros cuando Heitor Soratto Nandi, de 11 años, percibió un problema simple: muchos cromos circulaban arrugados, sujetos con elástico o guardados de cualquier manera en el bolsillo. A partir de esa escena común dentro de la escuela, él vislumbró una oportunidad.
Según el portal nd+, el alumno de quinto grado en Criciúma, en el Sur de Santa Catarina, el estudiante comenzó a fabricar cajitas personalizadas en impresión 3D para proteger las colecciones. La idea nació de una necesidad real entre niños que ya estaban involucrados en la fiebre de las figuritas, pero tomó forma de pequeño negocio.
La idea surgió al observar figuritas arrugadas en la escuela

La inspiración de Heitor provino de una situación cotidiana. Los compañeros llevaban las figuritas del Mundial a la escuela, intercambiaban cromos y llevaban parte de la colección en el bolsillo. El problema es que muchas terminaban dobladas, arrugadas o sujetas con elásticos, lo que comprometía su conservación.
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Fue en ese escenario que el niño percibió que podría crear algo útil. En lugar de solo participar en los intercambios, pensó en una solución para guardar los cromos con más cuidado. Lo que parecía solo un juego de recreo terminó convirtiéndose en una pequeña operación de venta entre estudiantes.
Las cajitas comenzaron a producirse en impresión 3D, con espacio para personalización. El estudiante ofrece modelos con nombre y color elegidos por los clientes, manteniendo el tema ligado al universo del Mundial y al hábito de coleccionar cromos.
La impresión 3D se convirtió en herramienta para proteger los cromos

La impresión 3D es el elemento que diferencia el pequeño negocio de Heitor. Con ella, las cajitas adquieren un formato propio y pueden adaptarse según el pedido de los compañeros. La propuesta es simple: guardar las figuritas del Mundial de manera más organizada y reducir el riesgo de daños.
Este tipo de producción permite crear piezas bajo demanda, sin depender de grandes existencias listas. Para un estudiante de 11 años, esto también hace que el proceso sea más flexible, ya que cada pedido puede recibir una combinación diferente de color e identificación.
Las versiones personalizadas se convirtieron en el punto más llamativo. Al poner el nombre del dueño en la cajita, el producto deja de ser solo un recipiente y pasa a funcionar como parte de la propia colección. Es una solución pequeña, pero conectada al comportamiento de los estudiantes.
Las ventas comenzaron entre compañeros y crecieron dentro de la escuela
El negocio comenzó de forma despreocupada, pero se extendió entre los alumnos. Las ventas ocurren principalmente antes y después de las clases, cuando los compañeros buscan a Heitor para encargar o recoger las cajitas. Poco a poco, la idea superó el círculo más cercano de amigos.
Según el relato del propio estudiante, la demanda dejó de provenir solo de los compañeros más cercanos y comenzó a involucrar a otros alumnos de la escuela. La fuerza de la idea reside precisamente en la proximidad con el público: Heitor creó algo para un problema que él veía todos los días.
Los cromos del Mundial funcionaron como punto de partida, pero el movimiento también muestra cómo pequeñas demandas pueden abrir espacio para iniciativas creativas. En lugar de una gran estructura, el negocio depende de la observación, la conversación con los compañeros y la capacidad de entregar algo útil.
La familia ve creatividad y emprendimiento desde temprano

La familia de Heitor sigue de cerca el interés del niño por la creación, negociación y organización de ventas. La madre, Sheila Soratto, relata que su hijo siempre ha demostrado una mirada creativa e inclinada a transformar ideas en proyectos concretos.
El ambiente familiar también contribuye a este contacto con el mundo de los negocios. La madre trabaja en el área de odontología, mientras que el padre, Italo Nandi, trabaja en los sectores metalúrgico y maderero. Esta convivencia con diferentes rutinas profesionales ayuda al estudiante a observar decisiones, conversaciones y formas de planificación.
Aun así, el caso llama la atención por partir de una iniciativa infantil ligada al día a día escolar. Heitor no creó una solución distante de su propia realidad. Observó el comportamiento de sus compañeros, identificó una dificultad y utilizó la tecnología disponible para responder a ella.
El dinero recaudado ya tiene un destino planeado
A pesar de su corta edad, Heitor ya demuestra cuidado con el destino del dinero que recibe. Parte del valor recaudado con las cajas para los cromos del Mundial se reinvierte en la compra de materiales para continuar la producción.
El resto, según el estudiante, se guarda para nuevos proyectos. Este detalle muestra que la iniciativa no se limita a vender algo de moda, sino también a aprender sobre reinversión, organización y continuidad.
La historia también muestra cómo temas populares entre niños pueden generar aprendizaje fuera del contenido tradicional del aula. Los cromos motivaron intercambios, conversaciones, pedidos y cálculos, mientras que la impresión 3D aportó una capa práctica de tecnología y producción.
Pequeño negocio muestra cómo una idea simple puede escalar
El caso de Heitor llama la atención porque no depende de una invención compleja. La idea nació de una necesidad directa: proteger cromos que estaban siendo dañados en el uso diario. La diferencia fue transformar esa percepción en producto y probar la aceptación entre sus propios compañeros.
En Criciúma, los cromos del Mundial ayudaron a crear un ambiente favorable para la iniciativa. Como muchos estudiantes estaban involucrados en la colección, la demanda apareció naturalmente. Cuando el público ya entiende el problema, la solución debe ser clara, útil y fácil de adoptar.
La trayectoria aún es inicial, pero revela una combinación cada vez más común: creatividad infantil, tecnología accesible y pequeños negocios que surgen en contextos simples. En el caso de Heitor, la escuela se convirtió en el primer mercado, y los compañeros, los primeros clientes.
Al final, la historia de las cajitas muestra que el emprendimiento puede comenzar con una observación muy pequeña: cromos arrugados en el bolsillo. Y tú, ¿crees que es positivo fomentar este tipo de iniciativas entre niños, o crees que la escuela debería tratar estos proyectos con más cuidado? Deja tu opinión en los comentarios.

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