La NASA planea la operación «Big Bang» para ahorrar energía y prolongar la misión de las Sondas Voyager, que operan desde hace casi 50 años en el espacio interestelar.
Vagando por el espacio durante casi medio siglo, las Sondas Voyager enfrentan hoy su batalla más silenciosa —y quizás la más decisiva. Con reservas de energía cerca del límite mínimo e instrumentos siendo apagados uno a uno, la NASA prepara una arriesgada maniobra técnica, apodada «Big Bang», para intentar garantizar al menos un año más de ciencia en las fronteras del sistema solar. Las pruebas comienzan entre mayo y junio de 2026, según información de Olhar Digital.
Casi 50 años después, ¿por qué las misiones están al límite?
Cuando la Voyager 1 y la Voyager 2 dejaron la Tierra en 1977, nadie imaginaba que seguirían activas en 2025. La misión original preveía el estudio de los planetas gigantes del sistema solar. Lo que vino después superó cualquier expectativa.
El problema central hoy es energético. Las sondas son impulsadas por generadores nucleares que, con el tiempo, pierden capacidad de forma inevitable. Según el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, la caída alcanza los cuatro vatios por año —y este ritmo no se detiene.
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De los 470 vatios que las naves espaciales producían poco después del lanzamiento, hoy solo quedan unos 230 vatios en cada una. El dato fue presentado por el científico Alan Cummings, co-investigador de la misión, en un evento realizado en octubre de 2024. Para dimensionar el desafío: solo el transmisor que envía señales a la Tierra consume aproximadamente 200 vatios. Queda muy poco para todo lo demás.

Instrumentos apagados a toda prisa para mantener la señal activa
Ante este escenario, la NASA ha estado tomando decisiones difíciles. En febrero de 2025, el subsistema responsable de la observación de rayos cósmicos de la Voyager 1 fue desactivado. Dos meses después, en abril, otro equipo —el instrumento Low-Energy Charged Particles (LECP) — también fue deshabilitado.
Hoy, cada sonda opera con lo mínimo posible:
Voyager 1 — 2 instrumentos activos:
- Magnetómetro
- Analizador de plasma
Voyager 2 — 3 instrumentos activos:
- Subsistema de rayos cósmicos
- Magnetómetro
- Sistema de ondas de plasma
Mientras tanto, ingenieros del JPL buscan alternativas para evitar que se sacrifiquen más equipos.
La operación «Big Bang»: ahorrar 10 vatios para ganar un año
La apuesta más audaz de la NASA tiene nombre: «Big Bang». La idea surgió de la necesidad de recortar gastos energéticos sin comprometer el funcionamiento básico de las naves espaciales.
Actualmente, tres dispositivos son responsables de evitar que las líneas de combustible de las sondas se congelen en el frío extremo del espacio interestelar. El plan es sustituirlos por sistemas alternativos que realicen la misma función consumiendo unos 10 vatios menos.
Parece poco — pero, en este contexto, puede significarlo todo. La NASA estima que, si la operación funciona, será posible posponer en al menos un año el apagado de más instrumentos científicos.
Las pruebas se realizarán primero en la Voyager 2, entre mayo y junio de 2026. Si el resultado es satisfactorio, la Voyager 1 pasará por el mismo procedimiento a continuación.

La distancia récord hace que cada decisión sea aún más delicada
Otro factor que complica cualquier intervención técnica es la distancia absurda entre las sondas y la Tierra. Hoy, la Voyager 1 se encuentra a aproximadamente 169,8 unidades astronómicas de nuestro planeta — cada unidad astronómica equivale a la distancia entre la Tierra y el Sol, cerca de 150 millones de kilómetros.
La Voyager 2, por su parte, se encuentra a cerca de 143,1 unidades astronómicas.
A esta escala, un simple comando enviado desde la Tierra tarda casi 24 horas en llegar a las naves espaciales. Cualquier error en la ejecución de la operación «Big Bang» no puede corregirse rápidamente — lo que eleva considerablemente el riesgo de la maniobra.
Qué esperan los responsables de las Sondas Voyager
La gerente del proyecto en el JPL, Suzanne Dodd, admitió en 2022 que las sondas operaban con un margen de solo cinco a seis vatios de energía disponible. En una entrevista con el portal Space.com ese mismo año, reconoció la incertidumbre sobre el futuro de la misión, pero afirmó que, «con mucha suerte», las Voyagers podrían llegar a la década de 2030 aún en operación.
Dodd también reveló una meta personal: ver las naves espaciales alcanzar las 200 unidades astronómicas de distancia de la Tierra alrededor de 2035.
Por su parte, el científico Alan Cummings, en el evento de octubre de 2024, enumeró directamente los riesgos técnicos: líneas de combustible al borde de la congelación, telescopios degradados por la radiación acumulada a lo largo de décadas y computadoras de a bordo que envejecen sin posibilidad de sustitución.
A pesar de todo, la NASA mantiene la expectativa de que ambas sondas lleguen al 50º aniversario de las misiones, en 2027 — un hito que, hace algunas décadas, parecía completamente fuera de alcance.

Más allá de las fronteras del sistema solar
Cabe recordar que las Voyagers ya han superado una barrera que ninguna otra nave espacial ha alcanzado. La Voyager 1 cruzó la heliopausa — límite entre la influencia solar y el espacio interestelar — en 2012. La Voyager 2 hizo lo mismo en 2018.
Desde entonces, los datos transmitidos por ellas son únicos: no existe otra fuente capaz de proporcionar información directa sobre esta región del cosmos. Por lo tanto, cada instrumento que permanece activo representa ciencia que simplemente no puede obtenerse de ninguna otra forma.
Con información de Olhar Digital

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