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Padre e hija del litoral paulista crean equipo que transforma agua de mar en agua potable, apuestan por la ósmosis inversa y expanden empresa familiar que ya atiende a barcos en diferentes regiones de Brasil con producción nacional y entrega más rápida.

Escrito por Carla Teles
Publicado el 12/05/2026 a las 16:11
Actualizado el 12/05/2026 a las 16:13
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El agua de mar se convierte en un recurso de uso diario en embarcaciones con equipo creado por una familia de la costa de São Paulo, que utiliza ósmosis inversa, producción nacional y piezas locales para transformar el agua salada en potable, reducir las paradas de reabastecimiento y atender a clientes en diferentes regiones costeras de Brasil con rapidez.

El agua dulce siempre ha sido una necesidad básica para quienes viven, trabajan o pasan largos períodos en el mar. En la costa de São Paulo, Wilson Valencio Filho y su hija Bruna Valencio transformaron este problema cotidiano en un negocio al desarrollar un equipo capaz de convertir agua salada en agua potable para uso en embarcaciones.

Según informaciones del portal sonoticiaboa, la solución utiliza ósmosis inversa, tecnología que elimina la sal y las impurezas del agua de mar. Con producción nacional y operación familiar, la empresa creció, comenzó a atender diferentes regiones de Brasil y entró en un mercado que avanza junto con la búsqueda de mayor autonomía en barcos, lanchas y viajes marítimos.

La idea nació de la rutina de quien conoce el mar de cerca

El proyecto comenzó con la experiencia de Wilson Valencio Filho, quien nació en la costa y creció en contacto con barcos, pesca y desplazamientos marítimos. Esta vivencia ayudó a identificar una dificultad frecuente para quienes pasan horas o días embarcados: garantizar suficiente agua dulce para tareas básicas.

En una embarcación, la falta de agua potable afecta el baño, la limpieza, la preparación de alimentos e incluso la duración de los viajes. Cuando el barco depende solo de depósitos, la planificación debe incluir paradas de reabastecimiento y límite de consumo.

Fue a partir de esta necesidad que Wilson decidió crear una solución propia. La primera inversión informada fue de aproximadamente R$ 20 mil, a principios de los años 2000, cuando el proyecto comenzó a salir de la idea y a tomar forma práctica.

El diferencial de la historia radica en transformar una dificultad común en el mar en un producto dirigido precisamente a quienes enfrentan este problema todos los días.

La ósmosis inversa transforma el agua salada en agua potable

El equipo funciona por ósmosis inversa, un proceso utilizado para separar la sal y otras impurezas del agua de mar. En la práctica, el agua salada pasa por filtros y membranas que retienen partículas indeseadas hasta permitir su uso en actividades cotidianas.

Después del proceso, el agua puede ser utilizada para bañarse, lavar platos, limpiar la embarcación e incluso para lavadoras, según la empresa. La propuesta es ampliar la autonomía a bordo y reducir la dependencia del abastecimiento en tierra.

Cada máquina puede producir hasta 130 litros de agua dulce por hora, un número relevante para quienes realizan viajes más largos o necesitan mantener una rutina operativa dentro del barco. Esta capacidad ayuda a transformar el equipo en una especie de apoyo permanente para embarcaciones.

En lugar de cargar grandes volúmenes de agua, el usuario pasa a producir parte de lo que necesita durante el propio viaje.

La empresa familiar creció con padre, hija y producción nacional

El agua de mar se convierte en agua potable en embarcaciones con ósmosis inversa y solución nacional para producir agua a bordo.

Con el avance del negocio, la operación pasó a involucrar a la familia. Bruna Valencio entró como socia y participa en la gestión de la empresa, mientras que otra hija también trabaja en el equipo, encargándose de las áreas financiera y jurídica.

La estructura familiar no impidió la expansión. Por el contrario, la empresa pasó a posicionarse como una solución nacional para un problema recurrente en el sector náutico, con foco en embarcaciones que necesitan agua dulce en diferentes rutinas de uso.

Hoy, Sincro tiene representantes en ciudades como Itajaí, Angra dos Reis y Paraty, además de puntos en la costa de São Paulo. La presencia en estas regiones tiene sentido porque concentran marinas, embarcaciones de recreo, pesca, turismo y servicios relacionados con el mar.

La expansión muestra que la demanda no se limita a una ciudad o a un tipo específico de barco. Donde hay una embarcación y dificultad de abastecimiento, existe espacio para soluciones que produzcan agua potable con mayor autonomía.

Piezas nacionales ayudan a reducir la espera y la dependencia del dólar

Uno de los puntos destacados por la empresa es la producción realizada en Brasil. Las piezas nacionales ayudan a reducir el tiempo de espera y evitan que el cliente dependa de largos plazos de importación para recibir o realizar el mantenimiento del equipo.

En la práctica, esto puede ser decisivo para quienes usan el barco con frecuencia. Cuando un componente necesita ser cambiado, la disponibilidad local reduce las interrupciones y facilita el servicio.

Otro efecto está en el precio. Con fabricación nacional y negociación en reales, la empresa evita parte de las oscilaciones ligadas al dólar, lo que puede hacer que la planificación sea más predecible para el cliente.

Para el sector náutico, la rapidez de entrega y el mantenimiento accesible pueden pesar tanto como la tecnología en sí. Un equipo útil necesita funcionar, pero también necesita tener soporte cuando el usuario depende de él durante los viajes.

El mercado de la desalinización crece con la búsqueda de autonomía hídrica

El agua de mar se convierte en agua potable en embarcaciones con ósmosis inversa y una solución nacional para producir agua a bordo.

La tecnología de desalinización ha ido ganando espacio en el mundo porque la demanda de agua aumenta en regiones costeras, embarcaciones, islas y áreas con dificultad de abastecimiento regular.

Según datos de Fortune Business Insights citados en el reportaje, el mercado global movió cerca de 27,8 mil millones de dólares en 2025 y puede llegar a 59,3 mil millones de dólares hasta 2034. Este crecimiento muestra que transformar agua salada en agua utilizable dejó de ser solo una solución extrema y pasó a integrar diferentes sectores.

En el caso de las embarcaciones, el atractivo es directo. Los barcos que antes dependían de existencias y reabastecimiento pueden ganar más flexibilidad al producir agua durante la navegación o en puntos de parada.

La desalinización no resuelve por sí sola todos los desafíos de acceso al agua, pero se convierte en una herramienta importante donde el mar está cerca y el agua dulce es limitada.

La tecnología facilita los viajes y reduce las paradas obligatorias

Para quien pasa días en una embarcación, tener acceso continuo a agua dulce cambia la rutina. El baño, la limpieza, la cocina y el mantenimiento del barco dejan de depender exclusivamente de la cantidad almacenada antes de la salida.

Esto no significa consumo sin control. Incluso con el equipo, el uso racional del agua sigue siendo importante, principalmente en viajes largos. Sin embargo, la posibilidad de producir agua a bordo ofrece un margen mayor de seguridad y confort.

La solución también puede atender barcos de diferentes perfiles, desde embarcaciones de recreo hasta usos profesionales. En todos los casos, la lógica es similar: reducir la dependencia externa y aumentar la autonomía.

El equipo se convierte en una respuesta práctica a una pregunta antigua de quienes están en el mar: ¿cómo garantizar suficiente agua sin convertir el abastecimiento en una limitación constante?

La innovación brasileña salió del litoral y ganó espacio en varias regiones

La historia de Wilson y Bruna muestra cómo un problema simple puede generar un negocio cuando encuentra tecnología, experiencia práctica y demanda real. El agua de mar, antes vista solo como un recurso no disponible para el consumo directo, pasa a ser tratada como una fuente posible para el uso cotidiano en embarcaciones.

El crecimiento de la empresa familiar también refuerza el potencial de las soluciones nacionales en el sector náutico. Producir en Brasil, atender en diferentes regiones y reducir la dependencia de la importación son factores que ayudan a acercar la tecnología y el mercado.

Aun así, el avance depende del costo, el mantenimiento, la capacidad de producción y la confianza del consumidor. Quien compra un equipo de este tipo necesita creer que funcionará en una rutina exigente, lejos de la estructura urbana común.

Al final, la idea creada por padre e hija en el litoral paulista muestra que el agua salada puede convertirse en solución cuando hay tecnología y necesidad real. ¿Crees que equipos nacionales como este pueden ganar más espacio en barcos y regiones costeras de Brasil? Comenta tu opinión.

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Carla Teles

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