Estudio de Stanford publicado en PNAS explica el fuego fatuo: microrrayos entre burbujas de metano en el agua pueden encender llamas en pantanos y abrir camino a nuevas tecnologías de destrucción de metano.
Durante siglos, quienes atravesaban pantanos y cementerios por la noche reportaban esferas azuladas de luz flotando sobre el lodo. El poeta galés Dafydd ap Gwilym describió el fenómeno en 1340 como “lenguas de fuego retorcidas en cada valle”, Isaac Newton mencionó las llamas en Opticks, en 1704, y Shakespeare usó el fuego fatuo como presagio de muerte. En septiembre de 2025, un equipo liderado por el profesor Richard Zare, del Departamento de Química de la Universidad de Stanford, publicó en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences una explicación para el fenómeno: las llamas de los pantanos serían encendidas por microrrayos, chispas eléctricas espontáneas que saltan entre burbujas microscópicas de metano cargadas eléctricamente en el agua.
El descubrimiento no solo resuelve un antiguo misterio del folclore. El mismo mecanismo puede abrir camino para destruir metano atmosférico, uno de los gases de efecto invernadero más potentes, usando agua, microburbujas y descargas eléctricas espontáneas, sin recurrir a la combustión convencional.
El metano es un gas de efecto invernadero hasta 80 veces más potente que el CO₂ a corto plazo
Antes de entender el papel de los microrrayos, es preciso entender por qué el metano preocupa tanto a la ciencia climática. El dióxido de carbono domina el debate por ser el gas de efecto invernadero más abundante, pero el metano tiene un impacto mucho más intenso a corto plazo.
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En los primeros 20 años después de ser emitido, el metano retiene calor en la atmósfera con una potencia aproximadamente 80 veces mayor que el CO₂ para la misma masa. En un horizonte de 100 años, este potencial cae a cerca de 28 veces, aun así un valor climático muy elevado.
El metano proviene de arrozales, vertederos, cría de ganado, extracción de petróleo y gas, pantanos, tundras y fondos oceánicos. La concentración atmosférica de metano se ha triplicado desde la era preindustrial, y remover este gas de la atmósfera sigue siendo un desafío tecnológico.
Microrrayos en burbujas de metano explican el fuego fatuo de los pantanos
La hipótesis tradicional para el fuego fatuo decía que el metano liberado por materia orgánica en descomposición encontraba alguna fuente de ignición, quizás fosfina u otro gas inflamable. El problema es que ninguna explicación resistía bien las pruebas experimentales.
El equipo de Stanford partió de estudios anteriores sobre gotículas de agua cargadas eléctricamente. En esos experimentos, los investigadores observaron que gotículas con cargas opuestas, al acercarse, podían producir pequeñas chispas.

La pregunta pasó a ser directa: ¿burbujas de metano en agua podrían hacer lo mismo? Para probar esto, los científicos crearon microburbujas de metano en un recipiente con agua y filmaron el proceso con cámaras de alta velocidad, capaces de registrar 24.000 cuadros por segundo.
Cámaras de alta velocidad registraron descargas eléctricas entre microburbujas
El resultado observado en laboratorio fue claro. A medida que las burbujas de metano se acumulaban en el agua, surgían chispas eléctricas saltando entre superficies de burbujas adyacentes.
Cuando dos burbujas con cargas opuestas se aproximaban, los electrones saltaban de una superficie a otra, produciendo una descarga eléctrica visible en los registros de la cámara. Este microrrayo carga energía suficiente para iniciar reacciones químicas en el metano cercano.
El estudio publicado en PNAS presentó la primera evidencia experimental directa del mecanismo. No se trata solo de hipótesis: las descargas entre burbujas de metano fueron filmadas en condiciones reproducibles de laboratorio.
Las burbujas de metano se cargan debido a la interfaz entre gas y agua
La explicación de la carga eléctrica de las burbujas reside en la propia estructura del agua. A escala microscópica, el agua contiene iones positivos y negativos en constante movimiento.
Cuando se forma una burbuja de gas dentro del agua, la interfaz entre el líquido y el gas crea una separación de cargas. Los iones de un signo se concentran en ciertas regiones de la burbuja, mientras que otras áreas quedan con carga opuesta.
En las microburbujas, esta separación se vuelve más relevante porque la relación entre superficie y volumen es muy alta. Cada microburbuja de metano pasa a funcionar como una pequeña estructura cargada eléctricamente, capaz de generar chispas cuando encuentra otra burbuja con carga opuesta.
El agua puede apagar el fuego, pero también puede generar chispas a microescala
Richard Zare resumió la paradoja con una frase directa: cuando hay fuego, se usa agua para apagarlo, pero las gotitas de agua pueden provocar fuego. La afirmación parece contradictoria, pero es técnicamente precisa.
El agua no quema. Lo que sucede es la generación de descargas eléctricas en la interfaz entre el agua y el gas, especialmente cuando las microburbujas de metano se acumulan en ambientes húmedos.
Esto ayuda a explicar por qué el fuego fatuo aparece en pantanos, cementerios inundados y suelos empapados por la descomposición orgánica. No basta con que haya metano: es la presencia de agua y microburbujas cargadas lo que crea la condición eléctrica para la ignición.
Lo que Isaac Newton no podía saber sobre las llamas de los pantanos
El fuego fatuo aparece en la literatura científica desde hace siglos, pero siempre como una curiosidad sin explicación satisfactoria. Newton describió llamas débiles en Opticks, pero no tenía instrumentos capaces de observar el proceso a escala microscópica.
Durante mucho tiempo, la fosfina fue una de las explicaciones más repetidas. La idea era que este gas, producido por la descomposición de materia orgánica con fósforo, podría inflamarse espontáneamente y encender el metano.
Experimentos posteriores, sin embargo, mostraron que esta explicación era insuficiente. El estudio de Stanford avanzó porque cambió la especulación química por el registro visual: la cámara de 24.000 fotogramas por segundo hizo visible una descarga eléctrica que antes era invisible.
El descubrimiento de Stanford puede abrir el camino para destruir el metano sin combustión
El descubrimiento sería relevante incluso si solo explicara el fuego fatuo. Pero la implicación climática hizo el estudio aún más importante: si las microburbujas de metano en agua producen chispas que oxidan el gas, quizás sea posible reproducir este proceso a escala industrial.
La idea sería crear sistemas capaces de generar microburbujas de metano en agua con alta densidad, replicando artificialmente lo que sucede en los pantanos. Así, las descargas espontáneas podrían destruir parte del metano antes de que llegara a la atmósfera.
Zare formuló la cuestión central: ¿será posible escalar el proceso y hacerlo comercial e industrial? Si la respuesta es positiva, fuentes como vertederos, lagunas de desechos, minas de carbón y fugas de gas podrían obtener una nueva ruta de mitigación.
Los microrrayos pueden ser una alternativa a las antorchas utilizadas para quemar metano
Hoy, una de las formas más utilizadas para eliminar metano concentrado es la quema por antorcha (flare). Este proceso convierte el metano en CO₂ y agua, reduciendo el impacto climático inmediato, ya que el metano es mucho más potente que el dióxido de carbono.
El problema es que la quema aún genera emisión de carbono y exige equipos de combustión. Además, no todas las fuentes difusas de metano son fáciles de capturar y quemar con eficiencia.
Un sistema basado en microburbujas y agua podría ofrecer una ruta diferente. La promesa sería destruir el metano sin llama, sin combustión directa y posiblemente con menor generación de subproductos climáticos, pero esto aún necesita ser comprobado fuera del laboratorio.
Los microrrayos también pueden ayudar a explicar reacciones ligadas al origen de la vida
Richard Zare ya venía estudiando reacciones químicas espontáneas en gotículas microscópicas de agua. En marzo de 2025, su equipo publicó otro trabajo mostrando que las gotículas en contacto con gases de la atmósfera primitiva podían producir moléculas orgánicas complejas.
Al rociar agua en una mezcla de metano, amoníaco, nitrógeno y CO₂, los investigadores observaron la formación de compuestos como glicina, un aminoácido, y uracilo, componente del ARN. El proceso ocurrió sin calor extremo y sin rayos convencionales.
Esta línea de investigación desafía parte de la lectura clásica de la hipótesis de Miller-Urey, de 1953. En lugar de depender solo de rayos raros en océanos primordiales, los microrrayos entre gotículas y burbujas podrían ocurrir constantemente donde el agua y el gas se encuentran.
Los pantanos pueden destruir parte del metano antes de que llegue a la atmósfera
El descubrimiento también puede ayudar a explicar un dato observado por climatólogos: las emisiones de metano de pantanos naturales parecen menores de lo que algunos modelos preveían a partir de la producción de gas en los sedimentos.
Parte de esta diferencia se atribuye a bacterias metanotróficas, microorganismos que consumen metano en el suelo y en el agua. Pero otra parte aún no estaba totalmente explicada.
La hipótesis sugerida por el trabajo de Zare es que los microrrayos pueden destruir parte del metano dentro del agua, antes de que las burbujas alcancen la superficie. Si esto se confirma en campo, los modelos climáticos tendrán que considerar un mecanismo natural de autolimpieza de metano.
Los modelos climáticos pueden no capturar la destrucción localizada de metano
Los modelos utilizados por organismos climáticos calculan cuánto metano es emitido por diferentes fuentes y cuánto es destruido por mecanismos naturales. El principal proceso atmosférico conocido es la reacción con radicales hidroxilo en la troposfera, que ocurre lentamente.
Lo que estos modelos no capturaban era la posibilidad de destrucción localizada del metano antes de la emisión atmosférica, dentro de columnas de agua, por microrrayos entre burbujas.
Esto no elimina el problema climático, pero puede refinar inventarios y estrategias. Si ciertas fuentes naturales tienen una autolimpieza mayor de lo que se pensaba, los esfuerzos de mitigación pueden ser dirigidos con más precisión hacia fuentes humanas, como la ganadería, los vertederos y el petróleo.
Brasil podría aplicar tecnología de microrrayos en metano de vertederos y agropecuaria
Brasil se encuentra entre los grandes emisores globales de metano, principalmente debido a la ganadería bovina, los vertederos sanitarios urbanos y las quemas en el Cerrado y la Amazonía. El país tiene más de 200 millones de cabezas de ganado y una gran generación de residuos orgánicos.
La ganadería responde por una parte relevante de las emisiones brasileñas de gases de efecto invernadero, con énfasis en el metano entérico producido en la digestión de los bovinos. Las lagunas de desechos de la porcicultura y avicultura también liberan metano en concentraciones importantes.
Si la tecnología de microrrayos fuera escalable, las lagunas de desechos y los vertederos sanitarios serían candidatos naturales. Ambos combinan materia orgánica, agua y producción de biogás rico en metano, creando condiciones cercanas a las que la investigación busca reproducir artificialmente.
Lo que aún necesita ser probado sobre microrrayos y destrucción de metano
El estudio publicado en la PNAS demostró el mecanismo en laboratorio, pero hay una gran distancia entre el recipiente experimental y una tecnología de campo. La eficiencia real de conversión aún necesita ser medida con precisión.
También es necesario comprobar cuánto metano es destruido por ciclo de microrrayos, qué subproductos se forman y cómo mantener una densidad suficiente de microburbujas a gran escala. Estos puntos son decisivos para cualquier aplicación industrial.
El propio brillo de las microllamas no fue reproducido de forma visible a simple vista en el laboratorio. Lo que ya existe es la prueba de principio: las descargas ocurren, fueron filmadas y pueden iniciar reacciones químicas con metano.

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